24 marzo 2010

ezequiel 1:28

Ya Abrán (Gen 17:3), justo antes de pasar a llamarse Abraham, había caído de bruces ante la presencia de Shaddai. Ezequiel, en presencia de la gloria del Señor, se lanzará cuatro veces al suelo, con su rostro contra la tierra (1:28, 3:23, 43:3 y 44:4). El poder de la Presencia es irresistible. El hombre podría ser aniquilado si mantiene la mirada fija en ella. Esto se sabe, pero quizá haya más: una imagen espacial, una figura o una metáfora que no se debe leer ni figurada ni metafóricamente. El rostro de Ezequiel contra el suelo mientras escucha la exhortación del Todopoderoso nos habla también de la misión del profeta. Escucha (necesariamente) de espaldas para, luego, hablar de frente a los hijos de los hombres, que, como él, vienen del barro y serán, tarde o temprano, ceniza, polvo, nada. Les habla no sólo con los pies en la tierra (es decir, sin misticismos), sino, literalmente, después de besar el polvo.

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22 marzo 2010

caja 5

El catálogo de Los tiempos fabulados. Arqueología y Vanguardia en el Arte Español. 1900-2000, con textos de Enrique Andrés Ruiz y Juan Manuel Bonet. Luego, poesía. Antología poética, de Bartolomé Lloréns. Últimos días en Sabinia y Cristal ahumado, de Gabriel Insausti. Plaquettes. Revistas. Antología poética, de Rafael de Penagos. Praha, de José Ángel Cilleruelo. A una actriz porno y Vida de un vendedor de fotocopiadoras, de Gonzalo Santelices: “Y lo mejor está en otra parte, / y una vez alcanzada la otra parte / ya no está allí”. Marta y María y El mundo de M. V., de María Victoria Atencia. Lo que ha llovido, de Enrique García-Máiquez. El botín del mundo, de José María Álvarez. La ciudad dormida, de Jesús Beades. Días de tormenta, de Vicente García. La asamblea de las sombras, de Antonio Azuaga: “Dante eligió a Virgilio para el viaje / de la desolación; Dante sabía / que un poeta conduce a los infiernos, / al llanto y al dolor, y a la locura”. Esplendor y Flor de cananas, de Vicente Tortajada. Antologías. Años de prórroga, de Carlos Javier Morales. Estación de tránsito, de Javier de Navascués. Maneras de vivir, de Francisco José Cruz. Fuera de mí, de Carlos Marzal. La luz, de otra manera, Los ojos del extraño y La plata de los días, de Vicente Gallego. Kilómetro 43, de Abel Murcia. Un intruso nos somete, de Juan Carlos Abril. Luego, más y más poesía. Luego, otros géneros. Los pastores sin ovejas, de Fabio Morábito. Letra y música, de Javier Almuzara. La visión memorable, de Enrique Andrés Ruiz. Cristianos y emperadores en el siglo IV. De Constantino a Teodosio, de Antonio Fontán.

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19 marzo 2010

caja 26

Poemas de Emily Dickinson. El Empédocles de Hölderlin. Las actas del homenaje a Ezra Pound que organizó José María Álvarez en Venecia en noviembre de 1985, con varios de los Cantos en versión bilingüe. El cantar de Roldán. Landscapes, de T.S. Eliot. Poemas de Trakl. Poemas de Keats. Los Canti de Leopardi. Los dramas de Schiller. Una traducción catalana de la Commedia. Las Esposizioni sopra la Comedia, de Giovanni Boccaccio. La antología de poetas bizantinos de Raffaele Cantarella. Los trovadores, de Martín de Riquer. Orlando furioso, de Ariosto. Una Divina Commedia que me regaló Isabel Brackelmanns. Life of Petrarch, de Ernest Hatch Wilkins. Los Cuentos jeroglíficos, de Walpole. Devotions, de John Donne. Mi traducción de la Arcadia de Sannazaro. Una edición de 1881 de The poetical works de Lord Byron, que me regaló Fuensanta Salvador. Las traducciones de Adolfo García Ortega de poemas de Octave Léaud, Blaise Cendrars y Valéry Larbaud.

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18 marzo 2010

caja 36

Ensayos sobre poesía de Osip Mandelstam. Fascisme el communisme, de François Furet y Ernst Nolte. Reflexiones sobre la Revolución en Francia y De lo sublime y de lo bello, de Edmund Burke. La sabiduría griega, Zenón de Elea y Platón político, de Giorgio Colli. Orígenes y desarrollo de la ciencia griega, de G.E.R. Lloyd. El pensamiento antiguo, de Rodolfo Mondolfo. Lo santo, de Rudolf Otto. Ouest contre Ouest, de André Glucksmann. La gran mascarada, de Jean-François Revel. Las traducciones francesas de La noción de política y Teoría del partisano, de Carl Schmitt. Tratados filosóficos y lógicos de Galieno. La cuestión de los animales, de Peter Carruthers. Los orígenes del totalitarismo, Sobre la Revolución, Sobre la violencia y Sobre la filosofía política de Kant, de Hannah Arendt. Un compendio de teología de Santo Tomás de Aquino. Me parece que esta caja no tiene desperdicio. El Espíritu Santo, de Basilio de Cesarea. Cartas y diarios, de John Henry Newman. Réalisme de la Terre, de Gustave Thibon (que le tengo que devolver a Crista Brackelmanns). El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, de René Guénon. La perspectiva invertida, de Pável Florenski. La condición humana y La vida del espíritu, de Hannah Arendt. Interpretación y sobreinterpretación, de Umberto Eco. Danubio y Microcosmi, de Claudio Magris. Los cuatro amores, de C.S. Lewis. La pesanteur et la grâce, de Simone Weil. Cosas de Voltaire. Cosas de Popper. Santa Lucía y los bueyes, de Enrique Andrés Ruiz. Lecciones sobre la historia de la filosofía, de Hegel. Lessons of the Masters, de George Steiner. La traducción francesa de El derecho a morir, de Hans Jonas. El ensayo sobre Bergson de Vladimir Jankélévitch. Natán el sabio, de Lessing. La aventura caballeresca, de Erich Köhler. La natura ama nascondersi, de Giorgio Colli. Los griegos y lo irracional, de E. R. Dodds. La mémoire vaine y La sagesse de l’amour, de Alain Finkielkraut. Altérité et transcendance y Liberté et commandement, de Levinas. Y, al fondo, Penser la Révolution française, La gauche et la Révolution au XIX siècle, La Révolution française y Le passé d’une illusion, de François Furet.

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16 marzo 2010

caja 2

Poesía española de ahora. Sombras, de Abelardo Linares: “El amor y su radiante rosa hiriente”. De amor y de amargura, de Luis Alberto de Cuenca. Confidencias, de Eloy Sánchez Rosillo. Antologías varias. Aprendiendo a querer y La vida es lo secreto, de Carmelo Guillén Acosta. A una signora con un passato, de José María Álvarez. Oír la luz, de Eloy Sánchez Rosillo. Más y más libros de esos que no ocupan demasiado y más y más antologías. Si resistimos, de Alfredo Félix-Díaz: “Pongo todo a tus pies, Dios, aunque tarde. / Mi vida entera –he aprendido a odiarla-- / es tuya, arrástrala con tu grotesco / amor, con tu misterio, con la gracia / de la carne...”. Las sombras, de José Antonio Muñoz Rojas. Mitos, de Abelardo Linares. Con los vencejos, de Enrique Andrés Ruiz: “A qué quieres jugar, / a que yo te digo que lo veo / y tú lo ves, o al otro juego, / el de contar mentiras, los / corazones solos, / cada cual en su pozo. / Yo también, / así que abre los ojos, que / quiero ver lo que te quiero”. La niebla y Canciones, de José Mateos: “Lo que importa es esto, / lo que está más cerca, / las nubes errantes, / la hojita que tiembla, / el charco que dice / calando en la tierra: / ‘Nada queda atrás, / adentro se queda’ ”. La música extremada, de Miguel d’Ors. Por fuertes y fronteras, de Luis Alberto de Cuenca. Plaquettes. Cuadernitos mímimos. Cosas sobre poesía de ahora. Itinerario para náufragos, de Diego Jesús Jiménez: “‘Prefiero / la injusticia al desorden’, aseveraba Goethe, ignorando que el orden / no puede ser injusto”. Mitologías, de Ángel García López. El tiempo de la vida, de José Luis Martínez. Panorama, de Abelardo Linares. Roto Madrid, con poemas de Amalia Bautista y fotografías de José del Río Mons. Más valer, El reino y Cantar de los azules, de Enrique Andrés Ruiz. La imagen de su cara y 2001. Poesías escogidas, de Miguel d’Ors. Cosas mías; por ejemplo, Soy en mayo: ¿quién escribió esos poemas? ¿cuándo? ¿dónde? ¿por qué? ¿para qué? La línea española (¡qué maravilloso título!) y San Juan, de Enrique Andrés Ruiz. La poesía figurativa, de José Luis García Martín, y El héroe y sus máscaras, de Luis Alberto de Cuenca. En esta caja, se repiten y se repiten los nombres. La vida de la pintura, de Enrique Andrés Ruiz. Un ángulo me basta, de Juan Antonio González Iglesias: “Durante veinte años he tratado / con muy pocas personas. Desatento / a todo lo que no fuera solsticio / o equinoccio, / en la soberanía del invierno / y el verano / celebraba mis fiestas / esperándote. / Adonde me invitaban no acudí. / ¿El motivo? Uno solo: / me concentro mejor en un ciprés / que en las conversaciones. / Así he concluido / que cada árbol es un incontable / como el agua. / Así son cada vez más las personas / a las que quiero mucho y veo poco. / Un ángulo me basta, / un libro y un amigo, un sueño breve. / Tiempo para el amor es lo que pido. / En los actos sociales pienso en ti. / Casi siempre / entre el ruido de copas, de palabras, / llega cierto momento en el que pienso: / Necesito urgentemente ver a un limpio de corazón. / Hablar con él. Guardarme entre sus brazos. / Descansar mi cabeza / encima de la roja frecuencia de su vida. / Únicamente esto: / que en los actos sociales pienso en ti”. La vida en llamas, de Luis Alberto de Cuenca. Dos Mil Madrid Cincuenta y Cuatro, de Santiago Miralles. Imitación y experiencia, de Javier Gomá Lanzón. Entre levante y poniente, de Mohamed Doggui. El enemigo oculto, con poemas de Luis Alberto de Cuenca y fotografías de José del Río Mons.

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15 marzo 2010

caja 17

Pretérito perfecto, de José Luis García Martín. Ardua mediocritas y Haz de luz, de Enrique García-Máiquez. En el primero de ellos, dice Enrique de Judit: “Sólo un Dios que es Amor pudo crearte así, deseable y terrible”. La pluma y la tierra, de Jon Kortazar. Echado a perder, de Carlos Pardo. Luego, más y más poesía. Un azulejo de un palacio beilical del XVIII. Y, luego, bastantes cedés de música. Sobre todo, barroco y, sobre todo, Bach y Haendel.

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11 marzo 2010

caja 25

Estudios de historia del pensamiento español, de José Antonio Maravall. La défaite de la pensée, de Alain Finkielkraut: “Naguère, l’esprit défendait ses droits contre l’apologie fasciste de la force brute; aujourd’hui il est empêché de le faire, au nom de l’antifascisme”. Historia y pensamiento. Varios australes: Fundamentación de la metafísica de las costumbres, de Kant. Relecciones sobre los indios y el derecho de guerra, de Francisco de Vitoria. Vida de Don Quijote y Sancho, de Unamuno. Introducción a la Metafísica (Primera de las Disputationes Metaphysicae), de Francisco Suárez. El discurso del método, de Descartes. El cristianismo y el problema del comunismo y El cristianismo y la lucha de clases, de Berdiaev. Varios de Ortega. El tema del hombre, de Julián Marías. Breviario de estética, de Croce. Guerra, intervención, paz internacional, de Francisco Suárez. El hombre y la técnica y Años decisivos, de Spengler. La Estética, de Hegel, y Filosofía del hombre, de Agustín Basave. Todo, desgraciadamente, muy mezclado. La guerra en la Edad Media, de Philippe Contamine. Unos escritos de Bentham. Libros de viajes: Alí Bey, Marco Polo. Los vascos, de Caro Baroja. Las grandes herejías de la Europa cristiana y Juadaísmo y cristianismo, de Emilio Mitre. Un atlas histórico. Una historia del imperio chino. Unas Reflexiones sobre el buen gusto, de Muratori. Una historia de la sátira. Una Historia de España. The Road to Serfdom, de Friedrich A. Hayek. Two Concepts of Liberty e Impresiones personales, de Isaiah Berlin. La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de Max Weber. La Atenas de Pericles, de Bowra. On Liberty, de John Stuart Mill. La miseria del historicismo y Búsqueda sin término, de Popper. El mito del eterno retorno, de Mircea Eliade. Varios de George Steiner: Presencias reales, Nostalgia del absoluto, Sobre la dificultad y un diálogo con Antoine Spire titulado La barbarie de la ignorancia. Las traducciones italianas de Sexo y carácter y De las cosas últimas, de Otto Weininger. El conocimiento inútil, de Jean-Fraçois Revel. Catolicismo y forma política, de Carl Schmitt. Y, finalmente, El Antiguo Régimen y la Revolución y La democracia en América, de Tocqueville.

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09 marzo 2010

de repente, tel aviv

Hoy, que el cielo no era azul. Hoy, que el mar era aún más gris que el cielo. El mar, que pude ver a mi derecha, al fondo y por un instante, entre dos filas de casas. Hoy, que no sé qué entusiasmo me hacía caminar más rápido aún que de costumbre. Hoy, que me llevaban vete a saber qué alas. Hoy me he dicho: te has enamorado de esta ciudad.

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08 marzo 2010

medias verdades

Seguramente, no hay mucha relación entre la capacidad de no mentirse a sí mismo y la virtud de no mentir a los demás. Para decir una mentira a sabiendas se necesita, en el fondo, haberse dicho antes una verdad. Seguramente, habrá personas que se mienten a sí mismas y que mienten a los demás. Otras, que sólo a los demás. Y otras, que sólo a sí mismas. Para Sócrates (Crátilo 428d), esto es lo más odioso, dejarse engañar por uno mismo. “Cuando el que quiere engañarte no se aleja un poco, sino que está siempre contigo, ¿cómo no va a ser temible?” Los engaños peores van dirigidos, pues, de nosotros a nosotros mismos. Además, podrían parecer los más estúpidos, porque aquí quien dice la mentira sabe que quien la escucha conoce la verdad. ¿Cómo se puede engañar entonces? Por medio de la persuasión, es decir, de las medias verdades, porque quien escucha la mentira y conoce la verdad, aunque esté dispuesto a abandonar su posición de antemano, no puede hacerlo si el camino de retirada no le ofrece cierta seguridad, y en la mentira, sin más, nadie encuentra esa seguridad. Todas las mentiras, sin más, y las verdades a medias que nos decimos buscan la exaltación, el consuelo o la justificación; también la justificación por haber mentido a los demás.

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04 marzo 2010

caja 41

Un facsímil de la edición de 1923 de Hampa, de José del Río Sáinz. Allí puedo leer ecos muy recientes de un desastre: “Si es que algún día, lector, visitas / estos hostales que aquí te pinto / y necesitas / que algo muy fuerte hiera tu instinto, / a una ramera di que te muestre / la sala donde se celebraba / la bacanal, / el mismo día en que Silvestre / se suicidaba / al ver su ejército roto en Annual.” También de José del Río Sáinz, Siete sonetos. Una antología de Antonio Hurtado de Mendoza. Novelas de caballerías. Y, de improviso, van apareciendo clásicos grecolatinos. Las obras morales de Plutarco. La Germania, de Tácito: “Germania omnis a Gallis Raetisque et Pannoniis Rheno et Danuvio fluminibus, a Sarmatis Dacisque mutuo metu aut montibus separatur...” Algo propio de las almas, ese miedo mutuo, en medio de una enumeración de accidentes geográficos, como un motivo más de separación: ¿puede empezar mejor un libro? El Apologeticum, de Tertuliano. Una Eneida. Los pensamientos de Marco Aurelio. Las Istmícas, de Píndaro. ¿Por qué la gente no lee estas cosas? La Metamorfosis, de Apuleyo. Una antología de poetas líricos griegos (Safo, Alceo, Anacreonte, Íbico). Pero el grueso de estos clásicos debe de venir en otras cajas, porque, ahora, lo que aparece es literatura de nuestros siglos de oro: La humildad coronada, de Calderón. Dichos de luz y amor, de san Juan de la Cruz. El Cántico Espiritual, también de san Juan de la Cruz. Poemas de Antonio Enríquez Gómez. Poesía satírica y burlesca. La batalla de Pavía y prisión del rey Francisco, de Cristóbal de Monroy y Silva. Cosas de Juan de Valdés. Literatura erudita. Cervantes, entre vida y creación, de Jean Canavaggio. Y, de otras épocas, la edición de Julia Castillo del Cancionero de Garci Sánchez de Badajoz: “Mas penado y mas perdido / y menos arrepentido”; los romances del Duque de Rivas; Libro de la orden de caballería, de Ramon Llull; cosas de y sobre el Marqués de Santillana; la estupenda edición de Alberto Montaner del Cantar de Mio Cid, con el imprescindible estudio preliminar de Francisco Rico, y el Corominas.

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02 marzo 2010

the holy life of music and of verse

En la versión de 1805 de The Prelude, dice Wordsworth: “… ‘Tis a power / That does not come unrecognized, a storm / Which, breaking up a long-continued frost, / Brings with it vernal promises, the hope / Of active days, of dignity and thought, / Of prowess in an honourable field, / Pure passions, virtue, knowledge, and delight, / The holy life of music and of verse” (I, 47-54). En la de 1850: “… the hope / Of active days urged on by flying hours,-- / Days of sweet leisure, taxed with patient thought / Abstruse, nor wanting punctual service high, / Matins and vespers of harmonious verse!” ( I, 41-45). Lo que en la primera versión son días de dignidad y de pensamiento, de pasiones puras, de virtud, conocimiento y placer, en la segunda, de ocio y cargados de perseverante, de paciente pensamiento abstruso. Finalmente, lo que en la primera versión es la santa vida de (la) música y (del) verso, en la segunda se convierte en maitines y vísperas de verso armonioso. Prefiero, sobre todo en lo que se refiere a este último verso, la primera versión. Maitines y vísperas, aunque ayuden a la santificación, no tienen la fuerza de esa “santa vida”. Y “verso”, así, sin adjetivos, y con esa “música” que le precede, es más evocador que “armonioso verso” y habla más de una actividad que del producto conjeturado de esa actividad. Quizá la primera versión sea más abstracta, pero, pese a todo, también es más poética, por la sencilla razón de que no tiene elementos manifiestamente poéticos. Centrémonos en ella. ¿Hay una vida de (la) música y (del) verso? Si la hay, ¿es o puede ser santa esa vida y en qué sentido lo es, si lo es? ¿Es santa porque es buena y hace el bien? Si hace el bien, ¿se lo hace sólo a sí misma o también a los demás? ¿Procede sólo del orden esa vida? ¿Sólo es posible como consecuencia de esos días activos? ¿Hay una relación necesaria entre la santa vida de música y verso y los días de dignidad y pensamiento? ¿Son, sin más, esos días activos de dignidad y pensamiento la santa vida de la música y el verso? ¿A qué se oponen esos días de dignidad y pensamiento? ¿A qué, la santa vida de la música y el verso? ¿A las pasiones impuras y al desconocimiento? En la vida dedicada al pensamiento hay dignidad. ¿Hay una dignidad especial en dedicarse a hacer versos? ¿Hay algo que realmente pueda llamarse, en un sentido restringido, pensamiento en esa vida? ¿Hay dignidad fuera de esos días? ¿Puede existir el verso fuera de esos días y de esa vida?

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01 marzo 2010

caja 40

De todo un poco. Para empezar, Frei Luís de Sousa e Um auto de Gil Vicente, de Almeida Garrett, que me trajo Luis Alberto de Cuenca de un viaje a Lisboa allá por el 74 ó el 75. Una antología de W. B. Yeats. Las cartas de Tolstoi. Los Emblemas de Alciato. El volumen dedicado a Swift en la BLU. Utopía, de Tomás Moro. Digenís Akritas. Poemas de Poe. Sonetos de Shakespeare. Cosas de Wilde. Vita nuova y Rime, de Dante. I promessi sposi, de Manzoni. El Decameron, de Boccaccio. Nord, de Céline. El Rey Arturo y su mundo, de Carlos Alvar. Gog, de Papini. Dialoghi con Leucò, de Pavese. Una Divina Commedia que me regaló José del Río Mons. La edición de Carlos García Gual y de Luis Alberto de Cuenca de Lanzarote del Lago o El caballero de la carreta. Los Lais de María de Francia. El dolce stil nuovo, de Carlos Alvar. Una edición de bolsillo de la Commedia de Dante. Me ha acompañado durante más de treinta años. Destartalada, usadísima. Quizá sea el libro que más veces he leído, y el que más veces he abierto y ojeado. Entre sus páginas, una ficha con citas del primer canto del Infierno (por ejemplo: “… là dove ‘l sol tace”) y unas notas sobre Lucano. También entre sus páginas, un billete de metro del 28-X-79, otro del 27-III-84, una tarjeta de embarque Madrid-Lisboa de 29 de mayo (de 2002), una postalita con corazones que debió acompañar algún regalo y dice “This is special for you”; y este endecasílabo, quizá mío, escrito en un papel de Mundiespaña 82: “la confianza también es la caída”. Baudelaire. Las poesías de Villon. Los Triunfos de Petrarca. Las cartas desde España de Rilke. Una antología de Camoens. El Chiquillo, de Pascoli. Tesoros y otras magias, de Cunqueiro. Varias cosas de Álvaro Mutis. Varias sobre José Jiménez Lozano. Las elegías de Duino, de Rilke. Mi primer contacto con Rilke se lo debo a Crista Brackelmanns. Fue en el 74. Me recomendó leer, y nunca se lo agradeceré bastante, la traducción de Torrente Ballester de las Elegías y de Réquiem. Del texto alemán, me contentaba con el poder evocador de las rimas (p.e., “Zeit” / “Krankheit”, “tiempo” / “enfermedad”). El Cantar de la Gesta de Igor. Las Cartas Marruecas, de Cadalso. Héroes del sur, de Pedro Garfias. Cosas de Gerardo Diego. Una edición italiana de El sueño del humanismo (de Petrarca a Erasmo), de Francisco Rico. Ámbito, de Vicente Aleixandre. Jorge Manrique en italiano. Más cosas de Álvaro Mutis. Geografía, de Max Aub. Versión celeste, de Juan Larrea. Fin de un amor, de Manuel Altolaguirre. La edición de José Luis García Martín de Siglo pasado, de Clarín. El capitancito, de José del Río Sáinz. El mal poema, de Manuel Machado. Cosas de Marquina. Un libro sobre Gabriel Aresti. El otoño de las rosas, de Francisco Brines.

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