29 junio 2006

pietà rondanini

Todo el peso del mundo y de la muerte en el cuerpo del Hijo. Toda la fuerza de la vida en los brazos de la Madre. El Hijo escapa del dolor de la Madre, que es la vida. Escapa de su abrazo, porque ni siquiera el amor puede retenerlo, porque ni la vida ni el amor son más fuertes.

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22 junio 2006

contra utopia

No es la ingenuidad, como se suele decir, sino la estupidez, lo que caracteriza a una utopía y a todo el pensamiento utópico. Y no una estupidez cualquiera, sino la estupidez criminal. El utopista está convencido de que usted y yo no somos libres; o peor aún, de que lo somos y tenemos que dejar de serlo. Y eso, por si sólo, ya es criminal. Poner en circulación una utopía es criminal; adherirse a ella y hacer proselitismo es asociarse en el crimen y para el crimen, como se ha visto sobradamente a lo largo del siglo pasado. Un partido utopista dispuesto a llevar a cabo sus planes se diferencia de una organización mafiosa en que la segunda vive de espaldas a la ley, mientras que el primero quiere ser la única ley. En una sociedad normal, sólo los delincuentes están fuera de la ley; en una sociedad utópica, hay que eliminar a todas las personas normales, a todos los hombres libres, para que se cumpla la ley, la ley de los delincuentes, la ley de los paranoicos y sus esclavos.

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19 junio 2006

de útica

Han pasado ya más de trescientos años desde que Catón pusiera fin aquí a sus días. Ese Catón que se consolaba leyendo el tratado platónico sobre la inmortalidad del alma. ¿Qué alma era aquella que no conocía a su dueño? El río va llenando de arena el puerto y la ciudad se aleja poco a poco del mar…

Una ciudad celeste
para la massa candida.
Una ciudad celeste
para sus almas.

Una ciudad de fuego,
un cielo de cal viva,
una ciudad ardiente
que da la Vida.

Tus trescientas hermanas
que conocen su dueño.
Tus trescientas hermanas
que están ardiendo.

Alma, ¿no las recuerdas?
Tus trescientas hermanas,
la cal viva en el horno,
la massa candida.

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16 junio 2006

trattando l'ombre come cosa salda

El amor trata las sombras como si fuesen algo sólido, pero también las cosas sólidas como si fuesen sombras. Entre estos dos extremos oscila la vida del alma. Nunca hace lo que debe: tratar lo sólido como sólido y las sombras como sombras.

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14 junio 2006

indigente y oscuro

“Auprès de notre camp indigent et obscur en existait un autre brillant et riche. À l'état-major on ne voyait que fourgons remplis de comestibles; on n'apercevait que cuisiniers, valets, aides de camp”. Verano de 1792. El ejército de los monárquicos marcha contra la Revolución. Un campamento indigente y oscuro, y otro brillante y rico, con un estado mayor que nada en la abundancia y tiene a su servicio una legión de criados, cocineros y ayudas de campo. Ese ejército no es sólo un ejército, sino el mismísimo Antiguo Régimen marchando contra la Revolución; no es la imagen de ese Régimen, sino su propio ser. Cuatro adjetivos le bastan a Chateaubriand para mostrarnos el abismo que separa el campamento de los emigrados pobres y el de los ricos cortesanos, compañeros de viaje en una aventura condenada al fracaso. Y dos de esos adjetivos, indigente y oscuro, quieren decirnos aún más. Hay en ellos una resonancia moral o metafísica, algo que no consigo explicarme, algo que conmueve.

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12 junio 2006

la cristiandad o europa

Novalis redactó Die Christenheit oder Europa diez años antes, por lo menos, de que Joseph de Maistre escribiera Les Soirées de Saint-Pétersbourg ou Entretiens sur le gouvernement temporel de la Providence. Ambas obras reivindican el Catolicismo en una época de zozobra y ambas polemizan con la Ilustración. La de Novalis es poderosamente poética; la de De Maistre, poderosamente argumentativa. La primera es una pequeña epopeya en prosa; la segunda, un ensayo dialógico y dialéctico. Die Christenheit nace a pesar de Voltaire. Les Soirées necesitan de Voltaire. Novalis es un poeta católico, y no puede evitarlo. De Maistre, un pensador político, y tampoco puede evitarlo. A Novalis le interesa el alma, y se eleva. A De Maistre, el gobierno del mundo, y no puede escapar de la tierra. Estas líneas son de Novalis. En vano buscaríais algo siquiera parecido en Les Soirées: “… el odio a la religión se hizo extensivo, de forma natural y consecuente, a cualquier cosa que fuese objeto del entusiasmo; declaró herejía la moralidad y el amor por el arte, la fantasía, el sentimiento, el futuro y el pasado… y convirtió la infinita música creadora del universo en el crujido monótono de un enorme molino, accionado por la corriente del azar y a su merced, un molino en sí, sin constructor y sin molinero, un auténtico perpetuum mobile, un molino que se muele a sí mismo…”

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11 junio 2006

piero

El alma, que no sabe lo que quiere, a veces encuentra espacios en los que demorarse. Espacios en los que ni la luz se refiere al tiempo. Todo allí se ha detenido para ella, para el alma, que no sabe lo que quiere. Allí se siente acogida porque allí nada la distrae. Su único foco es la eternidad. El alma allí sólo puede hacer abstracción, verse naturalmente abstracta, reconocerse.

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08 junio 2006

mateo, 25, 14-30

“… and seek repose
In indolence from vain perplexity,
Unprofitably travelling towards the grave,
Like a false steward who hath much received
And renders nothing back…”
(William Wordsworth, The Prelude, I, 267-271)

Cuando la indolencia le acomete, así se ve Wordsworth, viajando sin provecho hacia la tumba, como un falso administrador que ha recibido mucho y no devuelve nada. No hay una manera mejor de decirlo. Incluso me atrevería a afirmar que no hay otra manera.

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la inhóspita y abstracta

Mi alma quiere tener las claras rectas
de los desconcertantes arsenales
y en su interior la música compleja
y los sonidos limpios del dieciocho,
la ansiosa melodía inacabable
que vuelve y cambia siempre y cambia y vuelve.
Mis ojos vieron para mi alma el Neva,
la plaza del comercio y conde duque,
y para mi alma oyeron mis oídos
total eclipse y una cosa rara,
para mi alma, la inhóspita y abstracta.

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06 junio 2006

anunciación

Entre la Anunciación (1428c) del Beato Angelico, que puede verse en el Museo del Prado, y la Anunciación (1527c) de Lorenzo Lotto, de la Pinacoteca Comunale de Recanati, no sólo media un siglo. La evidente presencia de la divinidad, que deja traslucir la primera, necesita subrayarse de una manera violenta para ser percibida en la segunda. El ángel es una figura totalmente física. María parece asustada ante su irrupción. Un gato huye despavorido. Ya no basta la fe. Incluso falta la fe. En un mundo sometido poco a poco a la razón, en un mundo cada vez más mecánico, el artista tiene que recurrir a un efecto sensible para decirnos que la verdad es verdad, para demostrar lo que no necesita demostración.

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05 junio 2006

cappella y camera

¿Por qué los frescos de la Cappella degli Ovetari, en Padua, me conmueven y los de la Camera degli Sposi, de Mantua, sólo me proporcionan un placer intelectual? Mantegna pintó los primeros casi de adolescente; los segundos, cuando era un artista consagrado, que había adquirido ya experiencia de vida y plena sabiduría técnica. Los primeros han llegado hasta nosotros notablemente mutilados después de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial; los segundos, prácticamente intactos. ¿Será, entonces, por ese misterio añadido de lo fragmentario? No niego que, en muchos casos, y como les ocurre a tantas personas, me fascinen los fragmentos, por esa tensión entre el ser que se manifiesta y el ser que se esconde. Pero mi predilección no viene de ahí. ¿Será porque los primeros están en una iglesia, en un espacio sagrado, y los segundos en un palacio, en un espacio civil, y siempre nos conmueven más las iglesias que los palacios? Si no nos hubiésemos acostumbrado a ver en los museos todo tipo de obras que están fuera de lugar y si no nos emocionase su contemplación, ése podría ser un buen motivo. Pero no es el caso. Los frescos de la Cappella narran historias de la vida de Santiago y de San Cristóbal. Mantegna, además, pintó allí una Asunción de la Virgen. En la Camera, se representan escenas de la vida familiar de los Gonzaga. Las figuras de la Cappella tienden a la rigidez majestuosa; mientras que las de la Camera se permiten, a veces, gestos de ternura. Eso, en cuanto a emociones, puede dar cierta ventaja a las segundas, lo que haría aún más incomprensible mi predilección. ¿Por qué, entonces? No por el tema sagrado de los unos ni por el tema profano de los otros, sino porque, en la Cappella, lo sagrado es aún sagrado, es decir, no sólo lo representa, sino que, milagrosamente, aún participa de lo sagrado; mientras que, en la Camera, lo profano es ya demasiado profano. Un paso más, y la Cappella sería profana. Un paso más, y la Camera sería decorado.

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04 junio 2006

un paréntesis

“L’eternel seul est invulnérable au temps. Pour qu’une oeuvre d’art puisse être admirée toujours, pour qu’un amour, une amitié puissent durer toute une vie (même durer purs toute une journée peut-être), pour qu’une conception de la condition humaine puisse demeurer la même à travers les multiples expériences et les vicissitudes de la fortune – il faut une inspiration qui descende de l’autre côté du ciel.” (Simone Weil, La pesanteur et la grâce)

Que una obra de arte no pueda ser admirada siempre sin la ayuda de la gracia y que, sin esa ayuda, un amor o una amistad no puedan durar toda la vida, es algo que puede constatar el sentido común del alma. La fuerza de este texto está en el paréntesis (“incluso permanecer puros durante un solo día...”). “Siempre” y “toda una vida” se reducen a la humilde duración de una sola jornada, poniendo de manifiesto la vulnerabilidad de nuestros más modestos propósitos, nuestra fragilidad. La larga duración parece disculparnos; la corta nos acusa.

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el muro

“Ce monde est la porte fermée. C’est une barrière. Et, en même temps, c’est le passage. Deux prisonniers, dans des cachots voisins, qui communiquent par des coups frappés contre le mur. Le mur est ce qui les sépare, mais aussi ce qui leur permet de communiquer. Ainsi nous et Dieu. Toute séparation est un lien.” (Simone Weil)

Gustave Thibon reunió, bajo el título de La pesanteur et la grâce, numerosas notas del diario de Simone Weil escritas entre 1940 y 1942. La que reproduzco aquí es, a mi juicio, una de las más hermosas. “Toda separación es un vínculo”. No es una de esas paradojas de aspecto verosímil y sin vida fuera del lenguaje, sino una verdad.

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02 junio 2006

de citas

“Celui qui est enclin à la luxure est compatissant et miséricordieux; ceux qui sont enclins à la pureté ne le sont pas.” (Saint Jean Climaque.)
Pour dénoncer avec une telle netteté et une telle vigueur, non pas les mensonges, mais l’essence même de la morale chrétienne, et de toute morale, il y fallait un saint, ni plus ni moins.
(Cioran, De l’inconvénient d’être né)

No he encontrado en La escala espiritual de San Juan Clímaco, llena de referencias a la lujuria, esa frase que cita Cioran. No dudo de su existencia, pero parece un poco traída por los pelos. Resulta extravagante, en cualquier caso, utilizar el nombre y la palabra del santo del Sinaí para “denunciar la esencia misma de la moral cristiana”. Puestos a citar, el escritor rumano podría haber elegido este otro fragmento:

“No quieras vencer el espíritu de la fornicación disputando con él: porque él sabe muy bien disputar; pues ayudado de la misma naturaleza pelea contra nosotros. El que ayudándose de su propia industria presume por sí de vencer su carne, y edificar la del espíritu, en vano trabaja. Porque si el Señor no destruyere la casa de la carne, y edificare la del espíritu, en vano trabaja el que con solo ayunar y velar sin presidio la quiere edificar. Presenta ante los ojos del Señor la natural enfermedad y flaqueza de su carne, reconociendo humildemente tu miseria; y así recibirás en tus entrañas el don de la castidad.” (San Juan Clímaco, La escala espiritual, trad. de Fray Luis de Granada).
Pero la verdad, ay, también tiene que ver con la moral.

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01 junio 2006

constante en la inconstancia

Benjamin Constant fue, como es sabido, uno de los primeros pensadores, si no el primero, que vio con claridad que, detrás del concepto de soberanía de Rousseau, se esconde el germen del totalitarismo. Esta sencilla y profunda observación le otorga un lugar destacadísimo en la historia del pensamiento político europeo y en la del combate por la libertad.
Benjamin Constant tiene toda mi simpatía, y no sólo desde un punto de vista intelectual. Pocos hombres de letras han llevado una vida tan disparatada y ninguno, desde San Agustín, ha sido capaz de analizarse y juzgarse como él lo hizo, con esa increíble lucidez. No deja de maravillarme que el joven del Cahier rouge haya escrito, en su madurez, De la liberté des anciens comparée à celle des modernes y que el protagonista de Adolphe, que es el propio Constant con ligeros cambios, tenga que ver con el autor de los Principes de politique. Él, jugando con el significado de su apellido, se definía inconstante. Y lo era, y mucho. Abandonaba proyectos sentimentales, literarios o políticos a poco de embarcarse en ellos con todo el entusiasmo del mundo. Casi nunca sabía muy bien lo que quería o incluso si quería algo. Que una personalidad así se encuentre detrás de unas cuantas obras maestras, no deja tampoco de sorprender. Está claro que el espíritu sopla donde quiere y que un verdadero genio puede sobrevivir a la más radical dispersión. Émile Faguet, dueño de una prosa extraordinaria, ha trazado uno de los retratos intelectuales más convincentes de Benjamin Constant. Suyas son estas líneas: “Il y avait en lui une intelligence claire, droite et vigoureuse, et rigoureuse, en face de passions désordonnées, une pensée froide témoin d'une âme trouble, et un homme qui regardait un enfant”.

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