18 junio 2008

los anillos de oro

Esos tres modios de anillos de oro arrancados por Aníbal a los patricios y caballeros que yacían muertos en el campo de batalla de Cannas: “anulos aureos corporibus occisorum detractos” (Livio, 23,12); “anulos aureos trium modiorum” (Valerio Máximo, 7,12,16). Esos tres modios que, presentados por Magón ante el senado de Cartago, daban a entender la magnitud de la carnicería, la enormidad de la victoria. Si la nobleza romana había sufrido tantas bajas, ¡cuál no sería el número de muertos entre las filas de los sin nombre! Ese oro que reaparece también en un verso de Silio Itálico (8,675), en Floro (1,22), en un fragmento de Dión Casio (92), en Eutropio (3,6), y cuyo trágico resplandor iluminará todavía el Infierno de Dante: “la lunga guerra / che de l’anella fé sì alta spoglie, / come Livio scrive, che non erra” (28, 10-12) y su Convivio: “E non puose Iddio le mani, quando per la guerra d'Annibale avendo perduti tanti cittadini che tre moggia d'anella in Africa erano portate...?” (4,5,19). Tantos y tantos textos y sólo una referencia piadosa a esos innumerables desconocidos. Se lee en San Agustín (De Civ. Dei, 3,19): “el resto del ejército, tanto más numeroso cuanto más pobre, que sin anillos yacía (sine anulis iacebat)”.

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