27 febrero 2008

baptisterio en sbeitla

Los ríos del paraíso.
Se han secado
los ríos del paraíso.

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19 febrero 2008

europa 1983

El otro día caí en la cuenta de que publiqué mi primer libro hace un cuarto de siglo, en enero de 1983. No creo que tengan un significado especial los aniversarios habituales, los veinticinco, los cincuenta, los cien años de cualquier cosa, pero éste puede darme pie para hacer una retractación, ¿y qué mejor retractación que la confesión completa de la culpa? Aquí está la escasa e inencontrable primera edición de Europa, de la que sólo he corregido algunas erratas, con los poemas que han llegado vivos a las posteriores ediciones y con los que no volvieron a ver la luz. No falta nada, ni la entusiasta “Poética” ni el colofón, que no es mío.

Julio Martínez Mesanza
EUROPA
El Crotalón
Madrid
1983

La tempestad, Cuadernos de poesía, 2
Una colección de Luis Alberto de Cuenca y Víctor Infantes


POÉTICA

Mi corazón siempre estará con Hernán Cortés y con Francisco Pizarro, y nunca con la Compañía de las Indias Orientales. Me gustaría haber participado en la carga de Cajamarca junto a aquellos jinetes que firmaban con una cruz. Por lo demás, quiero recordar aquí que las obras de Ennio y de otros muchos no se han perdido por culpa de los soldados, sino por el arbitrario gusto de los filólogos.

J.M.M.
Septiembre de 1982


 
ISABEL

El más bello camino hacia occidente.
La vereda más alta sobre un valle.
El valle más abierto y más hermoso.
El triunfo que somete un territorio.

El tiempo que madura y el que falta.
El próximo latido y su alegría.
Los frutales del tiempo y del latido.
Las palabras no dichas, las ociosas.

La pupila del mar, la del origen.
La tristeza de un mapa sin riberas.
La aparición de un astro en la deriva.
El tiempo de marea, el de vacío.

El más bello camino hacia occidente.
El finisterre más hermoso y triste.
La luz del esplendor, la luz incierta.
La evocación de luz, la de negrura.

El temor de cristal ante una vena.
La voluntad del tiempo en el diamante.
Un saludo que junta dos saludos.
Las palabras de Dido, las de Eneas.


AVRELIANI LEGIONES

Amo vuestro desprecio del desorden,
del estéril desorden. Amo vuestra
serena complacencia en la victoria.
Un pensamiento femenino tuve
al veros desfilar junto a las ruinas.
Sea vuestra Palmira, sean vuestros
los tesoros quitados a la usura,
a la voraz usura, y por las armas.


NUNCA HE VISTO GOZOSA A LA DISCORDIA

Nunca he visto gozosa a la discordia.
No conozco el olor que tiene el campo
después de la batalla. Nunca he visto
caballos sin jinete entre las picas
vagar y entre los muertos. No conozco
la voluntad de ser invulnerable
ni el estupor que nace con la herida.


LEGIO PHALANGEM DISSIPAVIT

En Pidna algo cambió y fue para siempre.
No lo sabrán los jóvenes vencidos
cuyos huesos blanquean la llanura.
Tampoco lo sabrán los vencedores
que la inmóvil falange destrozaron.


EVÉMERO DE MESENE

Yo he visto el túmulo de un dios en Creta:
creedme: su tamaño era el de un hombre.


TAMBIÉN MUEREN CABALLOS EN COMBATE

También mueren caballos en combate
y lo hacen lentamente, pues reciben
flechazos imprecisos. Se desangran
con un noble y callado sufrimiento.
De sus ojos inmóviles se adueña
una distante y superior mirada,
y sus oídos sufren la agonía
furiosa y desmedida de los hombres.


EL CAMINO DE ÚTICA

Catón, en el desierto de la Libia,
guiando al vencido ejército romano,
el último en las fuentes claras bebe
y en las dudosas se anticipa a todos.
Catón dilata cada gesto y sabe
que la virtud gobierna en pocos hombres.
Le persigue terrible un dios y avaro.
Contra Catón se alían las deidades,
las deidades impuras y los monstruos.
Bajo el aliento cruel de la Medusa,
una raza conduce hacia occidente.
Y no hace nada que no sea ejemplo.


254 A.D.

Me preguntas qué espero del oriente.
Noticias de mis naves, no. Tampoco
la solución feliz de una contienda.
Nada aguardo aunque envíe mensajeros.
Ni un milagro ni el brillo de un diamante.
Me engaño solamente, y eso basta.


ASEDIO

Sus torres arderán como si fueran
secas espigas. Caerán sus muros.
Es mucha su jactancia y excesivo
su orgullo. No conoce el latigazo
de la enorme ballesta ni conoce
el hambre que no acepta ley alguna.
Polvo será en el polvo del desierto
y de su honor no escribiremos nada.


ANNALES VII

Ennio lo dijo, y Roma aún era joven.
Quizá lo repitió Mario en Vercelli.
Fue el origen de un verso de Virgilio,
y un soldado del limes de Germania,
como si de un conjuro se tratase,
lo recitó durante una vigía.
Otro quiso escribirlo en las arenas
del desierto de Arabia, con orgullo.
Y un general lo tuvo por divisa
en el siglo sombrío y postrimero:
fortibus est fortuna viris data.


CONTRA UTOPIA

Si esa ciudad existe, mis jinetes
la harán ceniza. Nada enseña a un hombre.


CAJAMARCA

Aquí la reflexión no tiene peso,
castra el valor y ensucia los designios.
Es oro el grito que atacar ordena
y luz la orden segura que no vuelve.


AL OESTE DE VINLANDIA

Por una pista helada en las lagunas
hemos perdido el sol, su profecía.
En la llanura inmensa, sin refugio,
hemos sido atacados por un pueblo
que lanza sus venablos con sigilo
y corona con hachas sus hazañas.
Ahora hacia levante caminamos
en busca de una playa y de una nave.
Si no vemos la tierra de las vides,
recuerda que este punto nos vio vivos.


DIE GOLDENE HORDE

Cuando el invierno había terminado
y Subotai mandó cruzar el Oder,
un hombre envilecido tuvo un sueño
y en su sueño la Cruz era ultrajada.
Días antes del día de las armas,
cuando la Horda Dorada cruzó el Oder,
un hombre codicioso y sin dominios
soñó que la Corona sucumbía.
Cuando a tiro de flecha estuvo Kaidu,
un hombre sin castillos y sin tierras
pensó en abrir las puertas del Imperio
y quiso que el terror pisara Europa.
Horas antes del día de la infamia,
en Wahlstatt de Silesia, junto a Liegnitz,
un indigno poeta tuvo un sueño
y deseó que el sueño se cumpliera.


ES PODER UNA TORRE SOBRE ROCAS
a Luis Alberto de Cuenca

Es poder una torre sobre rocas
cuyo interior adornan ricas telas
e inscripciones de anales y de leyes.
Una torre que guarda los despojos
de solares y eternas dinastías.
Tiene el poder severos escenarios
e implacables sirvientes silenciosos.
Poder arroja infamia sobre el tibio
y no acepta en su guardia a los neutrales.
Tiene la torre normas que el profano
no comprende y desprecia torpemente.
Poder cierra la boca al arbitrista
y hace que el cuerdo abrevie su discurso.
Es poder una torre sobre un yermo
cuyo exterior el tiempo hizo terrible.


LAVS DEO


EUROPA, de Julio Martínez Mesanza, segundo cuaderno de La tempestad, se terminó de imprimir el 2 de enero de 1983, festividad de san Basilio, llamado el Grande, Obispo y Doctor de la Iglesia. Se tiraron 124 ejemplares en papel Ingres de Guarro, con cartulina Aquarela de la misma casa, 100 para suscriptores, numerados y nominados a mano, y 24 para trámites legales, editores y prologuistas con las letras A-Z. Los editores maquetaron y prepararon la edición, Antonio Rubiales la compuso enteramente a mano en Bodoni, A. González Sancha realizó el estuche, y José Rubiales imprimió y cuidó la tirada en su imprenta de Ocaña.

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16 febrero 2008

morir en cualquier caso

En su prisión de Toledo, San Juan de la Cruz oyó que un niño cantaba en la calle:

--Muero de amores, carilla,
¿qué haré?
--Que te mueras, a la fe.

El amante está exagerando. ¿Qué otra cosa puede responderle la amada que no le ama? “Muérete y déjame en paz”. Pero ¿y si el amante está diciendo la verdad? Entonces, “muérete, porque ¿qué otra le queda a quien ama y no es amado? Morir o estar muerto en vida.” Cabe una tercera posibilidad, menos extraña de lo que parece. Ella le ama también y le está diciendo : “amáme, es decir, muérete, porque amar es morir y voy a morir contigo”.

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12 febrero 2008

felicidad o no

Parafraseando a San Agustín, Hannah Arendt dice que “la felicidad se alcanza cuando lo amado se torna elemento del propio ser” (El concepto de amor en san Agustín). ¿Sólo la felicidad? La fuente de la desdicha, gozosa o no, puede ser la misma.

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07 febrero 2008

libros

Dice el Gozo a la Razón: “Guardo muchos libros excelentes.” La Razón responde: “Tienes muchos prisioneros. Si pudiesen liberarse y hablar, te llevarían a juicio por haber construido una cárcel privada. Pero, así, callados, lloran por muchas cosas, y especialmente por el hecho de que un avariento indolente posea en tanta abundancia aquello de lo que carecen muchos esforzados estudiosos.” (Petrarca, De remediis utriusque fortune. Trad. de José María Micó).

A Petrarca se le conoce un gesto de generosidad que subraya la sinceridad de estas líneas. En 1333, el agustino Dionigi da Borgo San Sepolcro le regaló en Aviñón una copia de las Confesiones de San Agustín. Ernest Hatch Wilkins, en su admirable Life of Petrarch (1961), señala de manera expresiva que ese libro, difícil de leer por sus caracteres minúsculos, llegó a convertirse en “una parte de su mano”. Siempre lo llevaba consigo y, al descender del Mont Ventoux, lo abrió al azar, justo por donde San Agustín dice que los hombres se dedican a admirar las cimas de los montes y las enormes olas del mar, las grandes corrientes de los ríos, la inmensidad del océano y la rotación de los astros, mientras se olvidan de sí mismos. Cuarenta años después, Petrarca se lo regalará a Luigi Marsili, otro agustino, que se lo había pedido prestado. Esas Confesiones habían sido determinantes en su vida y, ahora, se separaba voluntariamente de ellas. Hermosa manera de pagar una deuda y de dejar que los libros, incluso los más queridos, no cumplan cadena perpetua.

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05 febrero 2008

excesivo

Algunos dramas de Shakespeare son una espiral de juramentos, provocaciones y jactancias. Creo que, a veces, es muy consciente de esa verborrea y, cuando uno de sus personajes manda callar a otro, es como si el propio Shakespeare se mandase callar a sí mismo. A veces, sólo a veces, le mandaríamos callar de la misma manera:

There end thy brave, and turn thy face in peace;
We grant thou canst outscold us: fare thee well;
We hold our time too precious to be spent
With such a brabbler.

(The Life and Death of King John, V, II)

(Pon fin a tus bravatas y date la vuelta en paz. Admitimos que puedes excedernos en injurias: que te vaya bien. Nuestro tiempo es demasiado precioso para malgastarlo con un pendenciero como tú)

(La vida y la muerte del rey Juan, V, II)

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03 febrero 2008

terrestria sidera

Quienes, con amor y paciencia, cultivan, verán el fruto de su trabajo: “pingite tunc varios, terrestria sidera, flores” (Res rustica, X, 96). Esas flores son como los astros, como las estrellas de la tierra. ¿Lo había pensado ya Columela antes de escribir ese verso, mientras admiraba las flores de su finca, o fue el poema, su necesidad poética o simplemente rítmica, lo que le llevó a esas flores como estrellas?

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01 febrero 2008

mio cid

De los sos ojos tan fuertemientre llorando,
tornava la cabeça e estávalos catando.
Vio puertas abiertas e uços sin cañados,
alcándaras vazías, sin pielles e sin mantos,
e sin falcones e sin adtores mudados.
Sospiró mio Cid, ca mucho avié grandes cuidados,
fabló mio Cid bien e tan mesurado:
--¡Grado a ti, Señor, Padre que estás en alto!
¡Esto me an buelto mios enemigos malos!—
Allí piensan de aguijar, allí sueltan las riendas.
A la exida de Bivar ovieron la corneja diestra
e entrando a Burgos oviéronla siniestra.
Meció mio Cid los ombros e engrameó la tiesta:
--¡Albricia, Álbar Fáñez, ca echados somos de tierra!—


No hay mirada que sepa deternerse así en las cosas. Ni que, de improviso, nos ofrezca la totalidad del espacio y el movimiento que lo cruza, ese vacío y esos hombres de cuyo contraste nace la pura desolación. No hay mirada que sepa situarnos así en la vida, en el tiempo en marcha. Se buscaría inútilmente en el cine o en la novela moderna. ¿Qué nos piden estos versos? Fidelidad. Fidelidad a las palabras, porque las palabras, digan lo que digan quienes hablan de su fracaso, saben cumplir con su deber y llevarnos a las cosas. Fidelidad, por tanto, a la poesía y fidelidad a la lengua que daba sus primeros pasos emocionándonos, enamorándonos de esta manera.

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