23 mayo 2012

maría

Jan Sobieski y los húsares alados.

19 mayo 2012

sin viernes

Yo le decía te quiero
como en el setentaisiete,
y ella que ha pasado el tiempo
con sus olas y sus nieves;
con las horas que se llevan
al decente y a quien miente
y los hielos que resfrían
los claveles de diciembre.
Yo repetía te quiero
y ella sólo que la espere
el día de san Ciruelo
o la semana sin viernes
.

(2012)

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17 mayo 2012

el deber

¿Cómo se presenta Francisco de Aldana a su amigo Arias Montano? ¿Qué es lo primero que dice de sí mismo? “Yo soy un hombre desvalido y solo”. Lo es porque profesa el oficio militar. Más que un hombre sin el amparo de otro, es un hombre expuesto al peligro, pues ha dado a la locura la sangre y los huesos que la naturaleza le dio para vivir. La paradoja resulta dramática: es un hombre desvalido a causa de su valor y del valimiento que ha ganado con ese valor (habría que pararse a pensar por qué los significados de estas y otras palabras que se cruzan con ellas, p.e., “valía” y “valer”, sirven en muchos casos para quien obliga, para quien se obliga y para quien es obligado, y en cómo se estrechan más así los vínculos, llegando casi a hacer de dos uno, y en su naturaleza de do ut das). Todo conduce al sentido del deber (otra palabra con dos direcciones), a sus luces, que proceden de lo mejor de la voluntad de cada cual, y a sus sombras, que se derivan del uso que el sentido del deber de uno puede hacer del sentido del deber de otro que no puede decir no, porque, si lo hiciera, éste dejaría de valer para sí mismo. Ése es el desvalimiento de Aldana, quedar atrapado en su propio mérito y en la angustia de no poder decir nunca no, porque, si consiguiera decir no, no tendría ningún mérito.

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16 mayo 2012

horacio

y la forma del tiempo.

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12 mayo 2012

el talento

Detrás de muchas de las grandes obras de la literatura, hay, seguramente, una pereza vencida. La pereza es el pecado capital que se interpone permanentemente entre el deber y el hacer. Los demás se interponen mientras son cometidos o experimentados o mientras duran sus efectos, y se presentan más como temas que como insalvables muros. Sólo la pereza tiene que ser vencida del todo si queremos hacer algo. Es decir, si alguien tiene todos los vicios, incluido el de escribir frenéticamente, escribirá lo que sea, bien o mal, pero escribirá. El perezoso, si no se vence a sí mismo, tenga las virtudes que tenga, desperdiciará los dones. Puede ocurrir también que, si logra sobreponerse a sus hábitos, obtenga, a través de la tensión y la dificultad, una recompensa mayor. En cualquier caso, los indolentes no suelen ocultar su falta y recuerdan siempre Mt 25, 14-30. Samuel Johnson solía levantarse bien pasado el mediodía. Sus diarios está repletos de buenas intenciones: “levantarse a las ocho”; “levantarse a las ocho y, si es posible, antes”; “levantarse a las ocho y, luego, cada día más pronto”, etc, etc. Rara vez lo consiguió. Y estas líneas de 3 de abril de 1753, citadas por Boswell, son una oración sincera: “Señor, que hasta ahora me has ayudado, permitiéndome avanzar en esta tarea (se refiere a su Dicccionario, que le ocupaba y preocupaba mucho por entonces), que, cuando el último día tenga que dar cuenta del talento que se me entregó, pueda ser perdonado. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén”.

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07 mayo 2012

escritura

La palabra escritura, referida a cosas como el contenido y el estilo (o al resultado de relatar, poetizar o filosofar), resulta antipática e incierta. La literatura (como la lengua) es siempre oral, aunque se nos presente escrita. Es siempre algo que se dice y se oye, aunque sea a través de la lectura. Es probable que el abaratamiento del papel y la mejora de los instrumentos de escritura (de la estilográfica a la pantalla táctil) hayan modificado la manera de decir, y más que probable que hayan multiplicado el número de borradores; pero todo ello no justifica que la actividad secundaria acabe avasallando y nombrando por segunda vez a la primaria (por si literatura no fuera suficiente). Aceptamos escritor (porque, pese a su inexactitud, parece libre de carga ideológica y está tan asentada, que ya no hay opción) y letras (en el sentido de Filosofía y Letras o de Letras y Ciencias, por lo mismo) y aceptamos Sagradas Escrituras (porque no sólo se refiere a lo dicho, sino también a lo físico, a la letras y a los volúmenes); pero la palabra escritura, tal como la maneja cierta crítica, tiene una profunda carga ideológica (de la que hablaremos en otro momento). En cualquier caso, y ya en un plano distinto, sería interesante estudiar la otra cara de la moneda de la escritura (en sentido estricto esta vez): la página en blanco, que, ya que tiene que ser llenada, lo será con cualquier cosa; el verso libre, que no habría existido jamás sin la complicidad criminal de la escritura; la ridícula disposición de las líneas en ciertos poemas (carente de significado, por mucho que digan); la poesía visual, ese oxímoron. Y la posibilidad de escribir textos tan desaforados como éste.

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06 mayo 2012

tentaciones

Su manera de pronunciar, el énfasis equivocado en las sentencias, la acentuación errónea de los versos: Samuel Johnson no tenía una opinión muy favorable sobre las cualidades artísticas de los actores; tampoco sobre sus cualidades morales. Sin embargo, hubo una época en la que el exigente crítico y moralista pasaba mucho tiempo “entre bastidores para aliviar su melancolía, participando con deleite en la alegre cháchara de los variopintos personajes que se encontraban allí. Mr. David Hume me refirió que Johnson, finalmente, renunció a este pasatiempo por consideraciones de rígida virtud y que le dijo a Mr. Garrick: No volveré nunca más a los bastidores de tu teatro, David, porque las medias de seda de tus actrices y sus blancos senos excitan mi pasión” (James Boswell, The Life). Johnson conocía muy bien sus inclinaciones y adoptaba medidas drásticas para poner un muro entre la tentación y su flaqueza. Así con el alcohol y así, antes de casado y mientras lo estuvo, con las mujeres, que le gustaban demasiado y a las que también gustaba bastante, pese a su aspecto mastodóntico y poco agraciado, las cicatrices de las escrófulas y de la viruela y su imprevisible baile de San Vito. La amenidad de su charla y la ternura que desplegaba con ellas le bastaban para vencer esa serie de desventajas físicas, a las que habría que sumar una ligera sordera y una miopía aguda.

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03 mayo 2012

e·l fuocs fos clars com de fau

y un alegato a favor del decapitado.

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01 mayo 2012

límites

Con muchos más matices, naturalmente, el contexto en que se inscribe el siguiente párrafo de Samuel Johnson se podría resumir así: a la hora de emprender un proyecto artístico, científico o literario, tenemos que ser conscientes, por un lado, de que la vida tiene un límite y, por otro, de nuestras propias limitaciones: “¿Quién no ha tenido ocasión de arrepentirse por haber disipado sus capacidades en una infinita multiplicidad de objetivos, o de lamentar el súbito abandono de proyectos que eran excelentes porque se le presentaron otros que le atrajeron por su novedad, o de observar la imprecisión y deficiencias de obras que han quedado inacabadas por la excesiva ambición de su planteamiento?” (The Rambler, No. 17. Tuesday, 15 May 1750). Es decir, variedad de objetivos, cambio de objetivos y objetivos inadecuados. Según el carácter de cada cual, una de estas tres inclinaciones será la que conduzca al fracaso (o dos de ellas, o las tres a un tiempo, porque creo que, en algunas personas, pueden aparecer mezcladas en diferentes proporciones). Y, luego, ¿qué papel juegan nuestras virtudes y nuestros defectos? La ambición y la pereza pueden ir de la mano, y la ambición y el desorden también. Y una inmensa capacidad de trabajo puede ir acompañada de falta de objetivos claros y también de desorden. Y el orden y la pereza no siempre aparecen por separado.

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