30 marzo 2012

pedagogía

Preguntado cierta vez acerca de cómo había adquirido un conocimiento tan profundo del latín, Samuel Johnson respondió: “Mi maestro me azotó muy bien, señor. Sin eso, yo no habría hecho nada”. James Boswell añade que Johnson sostenía lo siguiente: “Prefiero que la férula sea el terror general, a decirle a un niño: si haces esto o aquello, serás más estimado que tu hermano o que tu hermana. La férula produce un efecto que termina en sí mismo. Un niño tiene miedo de ser azotado, hace su tarea y ahí termina todo; mientras que, incitando a la emulación y a la comparación, estás echando los cimientos de un daño duradero y haces que los hermanos y las hermanas se odien mutuamente” (The Life of Samuel Johnson). La historia de la pedagogía está llena de buenos propósitos. Desde entonces, se ha pasado del palo a la emulación, de la emulación a la igualación, de la igualación al diálogo, del diálogo a la nada y, de la nada, otra vez al palo (pero al profesor).

Etiquetas: , ,

29 marzo 2012

élite y religión

En Society and the Holy in Late Antiquity (1982), Peter Brown sostiene que el modelo propuesto por David Hume para describir la evolución de los sentimientos religiosos en todas las sociedades, a saber, que las concepciones de la minoría ilustrada (monoteístas, en el caso de occidente) son sometidas a una presión cada vez más fuerte por parte de las creencias del vulgo (fragmentarias, con tendencia al politeísmo y a la idolatría), es el que ha prevalecido a partir del siglo XIX en la tradición de la investigación liberal (anglicana y católica) de la historia eclesiástica de la Antigüedad tardía y de la Edad Media. Para Hume, la composición de ese vulgo estaba muy clara: “¿Cuál es la edad o el período de la vida más favorables para la superstición? El más débil y el más tímido. ¿Y el sexo? Habría que dar la misma respuesta”; y, citando a Estrabón, dice que “detrás de toda suerte de superstición están las mujeres: son ellas las que incitan a los hombres a la devoción, a las súplicas y a la observancia de las fiestas religiosas” (The Natural History of Religion, 1757). Antes, Brown ha dicho que esa falta de simpatía por los procesos mentales del vulgo fue compartida por pensadores “mucho mejor preparados que Hume para aceptar los dogmas heredados del pasado”, y, como ejemplo, cita estas líneas de John Henry Newman: “La religión de la multitud es siempre vulgar y sin norma; siempre estará teñida de fanatismo y de superstición, mientras los hombres sigan siendo hombres. Una religión del pueblo será siempre una religión corrompida.” (Difficulties of Anglicans, II, 1891). En todo esto, digo yo, hay mucho dieciocho y mucho diecinueve. No en Brown, que se limita a señalar las tendencias de los investigadores, sino en las citas de Hume y del cardenal Newman.

Etiquetas:

27 marzo 2012

en santa maría

Las doce ovejitas
que vimos un día
en Santa María.
Su lana de plata,
su lana tan blanca,
su lana sin mancha.
Dime, la memoria,
la hora más hermosa
de la hermosa Roma.
Si fue al otro lado
del río de fango
su espacio dorado.
Las dormidas lámparas,
las ardientes lámparas,
la incesante gracia.

Etiquetas: ,

25 marzo 2012

nada que ocultar

Incluir en la obra de arte unas claves crípticas, que sólo unos cuantos iniciados pueden descifrar, al objeto de difundir mensajes de contenido político, religioso o sectario, o con el ánimo de decir a esos iniciados: yo soy uno de vosotros, es algo que se ha hecho y se hace, pero sería ridículo pensar que la causa principal que ha impulsado la creación de esas obras sea la de albergar un verso (o una firma en la piedra o un motivo simbólico en el rincón de un cuadro) que aclare la filiación de su autor o llame a cualquier tipo de sedición, resistencia o revuelta. Si la clave sólo puede ser descifrada por muy pocos, y eso con suerte, ¿en qué queda el pretendido efecto subversivo de la obra? ¿quién perdería tanto tiempo y tantas energías para poner en circulación mensajes que, con total seguridad, pasarán desapercibidos? Algunos filólogos e historiadores, con la misma pasión y con los mismos esquemas intelectuales de que hacen gala los buscadores de huellas extraterrestres en todo monumento habido y por haber, han ido más allá y se han dedicado a investigar las claves que no están y las claves que no lo son, para descifrarlas a la luz de su propio programa ideológico. A veces, no una obra, sino un género entero, puede ser la víctima de estos exploradores infatigables. Hugh Lloyd-Jones lo dice mucho mejor que yo, y con más sentido del humor, en su introducción (1970) a la Orestíada de Esquilo (el subrayado es mío): “We must also be on our guard against the kind of writer who tries desperately to show that many Greek tragedies were really tracts for the times, designed to advocate particular causes, policies or philosophies. The absence of any tangible evidence has forced such people to assume that the advocacy in question was cryptic; if so, the disguise was so successful that we have to had wait till modern times before it could be penetrated”.

Etiquetas: , ,

22 marzo 2012

jueces de nosotros mismos

“Hay innumerables prejuicios que nos ciegan a la hora de valorar nuestras obras” (“We are blinded in examining our own labours by innumerable prejudices”, The Rambler, No. 21. Tuesday, 29 May 1750). Yo diría que esos prejuicios pueden ser naturales o patológicos; es decir, que pueden tener su origen en las debilidades propias de los hombres o ser la consecuencia de una enfermedad del carácter. A este segundo apartado pertenecerían todos aquellos prejuicios que se derivan del orgullo excesivo; por ejemplo, los propios de esas personas muy inteligentes y muy cultas, que son capaces de admirar y descubrir la excelencia allá donde se encuentre e incapaces de ver que lo que ellas mismas escriben son tonterías. Familiarizadas con lo admirable, no pueden admitir bajo ningún concepto que no forman parte de lo que admiran y que han sido llamadas a esa representación sólo en calidad de espectadores, lo que, para cualquiera de nosotros, constituiría un privilegio y un honor. Lo tienen todo: inteligencia, cultura, capacidad de trabajo, pero les falta el no sé qué (algo que sí tienen, a veces, algunos que son más tontos, más incultos y más perezosos). Los prejuicios que Samuel Johnson enumera después en su artículo no pueden, sin embargo, considerarse patológicos, y los que ya hemos cumplido cierta edad los comprendemos muy bien, e incluso podemos confesar que no estamos libres de algunos de ellos: “Our juvenile compositions please us, because they bring to our minds the remembrance of youth; our later performances we are ready to esteem, because we are unwilling to think that we have made no improvement; what flows easily from the pen charms us, because we read with pleasure that which flatters our opinion of our own powers; what was composed with great struggles of the mind we do not easily reject, because we cannot bear that so much labour should be fruitless”.

Etiquetas: ,

20 marzo 2012

hoplitas

Hace unos diez años leí The Western Way of War: Infantry Battle in Classical Greece (1989), de Victor Davis Hanson (1953). Ninguna otra lectura os llevará al corazón del combate entre hoplitas como ésta. Profesor de clásicas y agricultor, Hanson ha dedicado buena parte de su vida académica al estudio de la guerra (sobre todo, en Grecia) y también a la influencia que la organización agrícola ha tenido en el desarrollo de las técnicas del combate en Occidente (p.e., en The Other Greeks: The Family Farm and the Agrarian Roots of Western Civilization, 1995). Hanson es de esos historiadores que nos hacen participar de su entusiasmo (conmigo, a decir verdad, lo tenía fácil) y vivir dentro del escenario que están describiendo. A mí me llevó a los veranos de Grecia, al choque entre las falanges, a la presión que ejercen unas filas sobre otras, y me hizo imaginar, entre otras muchas cosas, lo que debía sentirse llevando encima el peso del equipo completo del hoplita y la pobre visión y audición que permitía un casco corintio. El caso es que, después, he procurado leer cuanto he podido de todo lo que Hanson ha ido publicando acerca de Grecia y acerca de la guerra. Entre las notas que tomé de esas lecturas, ésta, perteneciente a The Other Greeks, que ilustra la visión que tiene de la Grecia arcaica (el subrayado es mío): “The original Greek polis is best understood as an exclusive and yet egalitarian community of farmers that was now to produce its own food, fight its own wars and make its own laws, a novel institution that was non parasitic on its countryside but instead protective of it. The history of the polis, then, should neither be seen primarily as linked to the rise of overseas trade and commerce, nor as a Malthusian race between population and food production, non ever as a war between the propertied and landless, much less a saga of the intellectual brilliance of the urban few. All of that is the Greece of the university and the lecture hall, not the Greece that concerns us today. Rather, the historical background of Greece, especially its democratic background, is best understood as the result of a widespread agrarianism among the rural folk who were the dynamos from which the juice o Hellenic civilization flowed”. Entre lo que aún no he leído de Hanson, figura A War Like No Other (2005), sobre la del Peloponeso, y, aunque la tentación es mucha, puede que tarde en hacerlo, porque tengo muy reciente una lectura de Donald Kagan (en paralelo con una relectura de Tucídides), y habrá que esperar a que espartanos y atenienses se tranquilicen un poco.

Etiquetas: , ,

19 marzo 2012

infierno 7

El diablo Pluto, que vigila la entrada al quarto cerchio, el de los pródigos y los avaros, ha sido definido al concluir el canto anterior como “il gran nemico” (VI, 115) y, justo al comienzo del séptimo, da muestras de su ferocidad, gritando con voz ronca: “Papé Satàn, papé Satàn aleppe!” (1). Lo único claro aquí es ese Satàn y, aunque Dante no entienda qué quieren decir las otras palabras (nosotros tampoco, por más que nos las hayan intentado explicar mil veces), la invocación a Satán en boca de esa bestia airada y amenazante es suficiente para que demos un paso atrás. ¿Podremos pasar? Dante tiene miedo, pero Virgilio conoce el santo y seña: “Taci, maladetto lupo!” (8), calla, lobo maldito, porque este viaje nuestro hacia la profundidad de la tiniebla es querido “ne l’alto, là dove Michele / fé la vendetta...” (11-12). Virgilio no dice “en el cielo”, sino “donde el arcángel Miguel”. El nombre de Miguel es la clave. Era el santo que tenía que ser invocado aquí y los efectos sobre Pluto son devastadores: “Quali dal vento le gonfiate vele / caggiono avvolte, poi che l’alber fiacca, / tal cadde a terra la fiera crudele” (13-15). Pluto se desmorona y cae a tierra, replegado sobre sí mismo, como las infladas velas cuando el viento rompe el mástil. Estas poderosas imágenes suelen tener su origen en cosas que Dante ha visto con sus propios ojos y le han causado una honda impresión. ¿Vio Dante alguna vez cómo se rompía un mástil por la fuerza del viento contra las velas? No creo. ¿Lo leyó en algún sitio? Hasta dónde sé, tampoco. Se lo pudieron contar tal vez. En cualquier caso, sólo nos queda la imaginación, la imaginación y la voluntad de ser exacto.

Etiquetas: , , ,

16 marzo 2012

hay de todo

Si el azar nos las trae, sean bienvenidas la compañía, la conversación y la amistad de aquellos cuyos libros admiramos (bienvenidas, se entiende, si no se trata de personas intratables). Digo si el azar, porque, dejando a un lado mi indolencia al respecto (creo que no habría dado ni un paso para conocer en persona a Dante), en un encuentro buscado se alimentan demasiadas expectativas y, por lo tanto, la decepción dispara sus probabilidades. Por lo que he oído o leído, la mayoría opina también así, y Samuel Johnson no es una excepción (The Rambler, No.14. Saturday, 5 May 1750): podemos encontrarnos con alguien muy tímido, porque conoce bien sus propios defectos, o con alguien, de naturaleza feroz, que, consciente de sus méritos, se muestre arrogante; con alguien intimidado e incapaz de desplegar los argumentos que desarrolla en sus escritos o con alguien dogmático, rápido en oponerse a todo, y traicionado por la prisa que se da en obtener el triunfo. Un escritor da mucho más de sí en la soledad de su estudio: allí puede sopesar tranquilamente sus argumentos y encontrar la palabra exacta. Y concluye Johnson: “A transition from an author's book to his conversation, is too often like an entrance into a large city, after a distant prospect. Remotely, we see nothing but spires of temples and turrets of palaces, and imagine it the residence of splendour, grandeur and magnificence; but when we have passed the gates, we find it perplexed with narrow passages, disgraced with despicable cottages, embarrassed with obstructions, and clouded with smoke”.

Etiquetas: ,

13 marzo 2012

mapas 2

Según un dicho militar británico, el combate sucede siempre en el punto en el que se juntan dos mapas: “Battle is a process which always takes place at the junction of two maps”. Es tan realista como escéptico, pero no dice que no se deba tener confianza en los mapas, sólo que el combate tendrá lugar justo donde termina lo que conocemos y empieza lo que no conocemos, es decir, allí donde ya no nos sirven los mapas. El consuelo de ambos contendientes es, también, su desesparación: cada uno de ellos posee el mapa que no posee el otro (y, si uno de ellos poseyera los dos mapas, tampoco sabría hasta qué punto se ha adueñado el enemigo del terreno representado en el siguiente mapa). El avance puede ser guiado; el combate, sin embargo, ocurre a ciegas. La primera línea de lo desconocido es, pues, el combate. O, dicho de otro modo, entrar en lo desconocido es iniciar el combate.

Etiquetas: , ,

09 marzo 2012

knowing human nature

“What men allow themselves to wish they will soon believe, and will be at last incited to execute what they please themselves with contriving. For this reason the casuists of the Roman church, who gain, by confession, great opportunities of knowing human nature, have generally determined that what it is a crime to do, it is a crime to think” (The Rambler, No.8. Saturday, 14 April 1750). Samuel Johnson parte explícitamente de Mateo 5:28. No creo que, según sugiere en nota uno de los editores de sus obras, se apoye también en santo Tomás de Aquino (Summa I-II, q.74, a.8) y en su parecer, frente al de san Agustín, de que el consentimiento en la delectación es pecado mortal y no venial. Lo que le interesa poner de manifiesto a Johnson no es la calificación que pueda tener dicho pecado, sino la fácil continuidad que existe entre el hecho de permitir que nuestra imaginación sea invadida por un deseo ilegítimo, las posteriores mentiras que nos decimos para justificar la acción a la que nos arrastra ese deseo y, finalmente, la ejecución de lo que, desde el primer momento, deseábamos hacer.

Etiquetas: , ,

08 marzo 2012

destruir el tiempo

Aquellos a quienes su fortuna les permite seguir su propia conducta, “not being chained down by their condition to a regular and stated allotment of their hours, are obliged to find themselves business or diversion, and having nothing within that can entertain or employ them, are compelled to try all the arts of destroying time” (The Rambler, No. 6. Saturday, 7 April 1750). Samuel Johnson pone luego el ejemplo de los miembros de una familia que ven, con sombría resignación, que tienen que pasar la tarde conversando entre ellos, después de haberles fallado todos los planes previstos y todos los improvisados. De repente (así son las revoluciones en el mundo), un visitante inesperado, con su sola presencia, aliviará su aburrimiento, y, como los víveres que llegan a una ciudad hambrienta, esto les permitirá aguantar hasta el día siguiente. Yo creo que el caso es más grave: la gente, en general, no sabe estar consigo misma, tenga o no medios de fortuna y tenga o no unos horarios obligados y regulares. El problema para muchos es cómo destruir el tiempo, sea éste mucho o poco. Johnson escribe a continuación sobre otra de las formas fracasadas de la huida de uno mismo, la de cambiar de lugar, pero de esto hablaremos en otro momento.

Etiquetas: ,

06 marzo 2012

infierno 6

El terzo cerchio, el de la lluvia eterna, maldita y fría, que les hace a las almas aullar como perros; el de la nieve, el granizo y el agua sucia y maloliente; el de Cerbero, que araña, despelleja y descuartiza a los espíritus, es todo menos un lugar diáfano y tranquilo. Ciacco se presenta a Dante diciéndole que “la tua città... seco mi tenne in la vita serena” (49-51). Ese serena sólo puede leerse desde el contraste. ¿Es serena, realmente, nuestra vida en este valle de lágrimas? Sólo, a primera vista, si la comparamos con la del infierno y, en especial, con la de ese agitado y tenebroso terzo cerchio. "Serena" nos habla de tranquilidad, pero, antes, etimológica y necesariamente, de claridad. La claridad es necesaria para la calma, la precede. En la oscuridad hay agitación. Si el cielo no está sereno, claro, despejado, si amenaza tormenta, adiós tranquilidad. La vita serena es, pues, y antes que nada, la vida clara, iluminada, la del dominio de la gracia. Otra cosa es que las almas aprovechen o no su paso por esa claridad y que alcancen o no la serenidad. En un lugar más profundo del infierno (XV, 45), Dante recuerda la lección y es él quien le dice ahora a Brunetto Latini: “Là sù di sopra, in la vita serena”.

Etiquetas: , , ,

01 marzo 2012

lugares de horacio

En The Age of Wonder (2008), de Richard Holmes, leo que en el retrato de Joseph Banks que hizo Joshua Reynolds aparece esta inscripción: Cras Ingens Iterabimus Aequor. Y de un gabinete londinense en 1772 he viajado hasta un cuartel de artillería de Vicálvaro en 1983 y hasta la segunda hora de un turno de guardia en la que Horacio me dictó el verso que faltaba.

Etiquetas: ,