30 enero 2008

el dolor

Los hombres no soportan ver aquello que les duele. Tampoco quieren hablar de ello. Cierran el sepulcro, intentan olvidar y olvidan. Irían al fin del mundo aunque sólo fuese por eso, por ir al fin del mundo. Se sacrificarían. Sufrirían los tormentos más atroces por amor propio o si en ello les fuera el honor de este mundo o la gloria del otro. Removerían la tierra entera, pero no esa piedra que les separa del misterio del dolor. Evitan cualquier referencia y ahí queda el dolor, en el antes que la memoria salva dando un rodeo. Aunque el dolor sea infinito, las mujeres quieren ver aquello que les duele. Sólo ellas son capaces de asomarse a ese abismo. Y ellas, que sólo van al fin del mundo por piedad y por amor, verán antes que nadie la piedra removida por el ángel y el sepulcro vacío, y escucharán las primeras palabras del resucitado.

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28 enero 2008

poesía y verdad 1

No creo que sea cierto aquello de Coleridge de que la poesía nos vuelve sensibles hacia los sentimientos artificiales y nos endurece ante los verdaderos; sobre todo, no creo que sea cierto esto último. Tampoco creo que la poesía y la frecuentación de las diversas artes nos mejoren moralmente. De lo que no tengo duda es de que la poesía ha modificado la forma y la intensidad de los sentimientos de muchísimas personas a lo largo de los siglos. Puede que, después de la elegía latina, de la poesía provenzal y del petrarquismo, el amor, en lo sustancial, no haya cambiado, pero sí lo ha hecho la manera que muchos tenemos de sentirlo y representárnoslo. La poesía, en este caso, nos ha enseñado a poner orden en los escenarios del alma y también a gozar especialmente con nuestra propia desgracia. Quizá también haya dirigido nuestra mirada, con más frecuencia de la recomendable, hacia el yo, hacia ese yo que necesita sentir continuamente que siente; pero en esto, sea bueno o malo, no hay nada de artificial.

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24 enero 2008

lázaro

Entre las interpretaciones de Juan 11, esta de Efrén el Sirio, tan directa, tan realista, tan concreta, que no contiene sólo una oculta y hermosa sinécdoque: “Devolvió la vida a Lázaro y murió en su lugar.” (Sobre el Diatessaron, 17,7)

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22 enero 2008

moderno y trágico

Dice Alain Finkielkraut (Nous autres, modernes, 2005): “Una venerable tradición ha convertido la palabra clásico en antónimo de moderno, pero es entre moderno y trágico donde reside la verdadera alternativa existencial.” Si a moderno le oponemos tradicional, conservador o incluso antimoderno, no salimos en el fondo del juego que propone la misma modernidad; seguimos atrapados en su tramposa dialéctica. Trágico puede valer, o cualquier otro adjetivo que nos recuerde que aquí se trata de algo muy serio; esto es, de la conciencia de vivir y sufrir en un nuevo valle de lágrimas, en el que la despiadada, la irresponsable razón que no llora, ha decidido que la historia tiene un sentido y, si no, habrá que dárselo al precio que sea. Del “don de lágrimas”, que pedía para sí san Luis, habla también Finkielkraut.

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20 enero 2008

muchos poetas

sólo leen poesía, casi siempre traducida o de poetas que sólo leen poesía, casi siempre traducida o de poetas que sólo leen poesía... etc. Y se nota.

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18 enero 2008

los pasos de ella

El qué es de ayer me ha traído a la memoria estas palabras de Levinas (Totalité et infini): “Esas idas y venidas silenciosas del ser femenino, que hace resonar con sus pasos los espesores secretos del ser, no son el turbio misterio de la presencia animal y felina con la que Baudelaire se complace en evocar la extraña ambigüedad”.

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17 enero 2008

¿qué es?

El único lenguaje femenino capaz de intranquilizar nuestra alma no es, desde luego, el explícito; tampoco el deliberadamente alusivo, ni el alusivo sin más, aunque la alusión sea mínima. No tiene que ver con el silencio, ni con el silencio gestual, que es otra forma de lenguaje y de silencio. No es evasión ni negación, pues ambas, la evasión y la negación, le dicen al alma dónde y en relación con qué está, y eso no intranquiliza. ¿Cómo es, entonces, ese lenguaje? ¿Qué es?

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15 enero 2008

los blancos prados

“Se pareba boves
alba pratàlia aràba
et albo versòrio teneba,
et negro sèmen seminaba.”
(Indovinello veronese, finales del siglo VIII o principios del IX)

“O mon âme! le poëme n’est point fait de ces lettres que je plante comme des clous, mais du blanc qui reste sur le papier.”
(Paul Claudel, Cinq grandes odes, 1910-1913)

El amanuense altomedieval siembra sus negras letras en un campo blanco. Es una siembra de significado. El poeta moderno dice que el poema no está hecho de esas letras, sino del blanco que queda en el papel. El significado, pues, (si lo indescifrable tiene algún significado) estaría en lo que ha quedado fuera del alcance del significado. No habría que cosechar las espigas, sino el vacío que hay entre unas espigas y otras. Esto me parece tan inútil como extraño.

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11 enero 2008

erizos y zorros

Según el verso de Arquíloco, recreado por Isaiah Berlin en un célebre ensayo, el zorro conoce muchas cosas y el erizo sólo una, pero definitiva. Serían erizos (en la clasificación que establece Berlin) Platón, Lucrecio, Dante, Pascal, Hegel, Dostoyesvski, Nietzsche, Ibsen y Proust; zorros, en cambio, Heródoto, Aristóteles, Montaigne, Erasmo, Shakespeare, Molière, Goethe, Pushkin, Tolstoi, Balzac y Joyce. En resumidas cuentas, los primeros, para Berlin, tenderían a relacionarlo todo con una visión central, “con un sistema más o menos congruente, en función del cual comprenden, piensan y sienten, con un único principio universal, organizador, que por sí solo da significado a todo lo que son y dicen”; mientras que los segundos “perseguirían muchos fines, a menudo inconexos y hasta contradictorios, ligados, si lo están, por alguna razón de hecho, alguna causa psicológica o fisiológica, sin que en ello intervenga ningún principio moral o estético; su pensamiento sería más difuso, aprehendería la esencia misma de una vasta variedad de experiencias y objetos por lo que éstos tienen de propio, sin pretender, consciente ni inconscientemente, integrarlos –o no integrarlos– en una única visión interna, inmutable, globalizadora, a veces contradictoria e incompleta.” Yo siento debilidad por cuatro de esos “erizos”: Lucrecio, Dante, Pascal y Dostoyevski. Algunos “zorros” de los que cita Berlin (Heródoto, Montaigne, Shakespeare, Goethe, Tolstoi) me han deparado momentos de lectura inolvidables, pero sin llegar a despertar en mí esa pasión que siento por mis cuatro erizos. Sin indagar demasiado sobre los hábitos y propósitos de mi alma, me pregunto: ¿tendré más que ver con los erizos que con los zorros? ¿Seré erizo sin más?

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10 enero 2008

de las trincheras

La inacción que todo lo pudre. La acción a sabiendas equivocada. El movimiento limitado, que renuncia a envolver; es decir, a hacerse con la ganancia completa, y se contenta con la cabeza de puente sin futuro, con la perforación, con la herida rápidamente restañada. El barro, que es la culpa; es decir, la lluvia regeneradora mezclada con la tierra que somos. La tierra de nadie, que ninguno puede cruzar con vida, porque está hecha de desesperanza y nada. Los cráteres, que son lo inverso de lo que fue, la uve invertida de la Verdad. Las alambradas, que son la corona de espinas, y la corona de espinas, que somos nosotros.

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02 enero 2008

historia del mundo

Termino de leer Historia del mundo y salvación, de Karl Löwith, y me vienen a la memoria estas palabras de Henri de Lubac: “La gran ciudad construida por Caín a fuerza de crímenes no será jamás arruinada mientras subsista el tiempo”. Löwith y Lubac son realistas. Los optimistas hacen de esa ciudad una fortaleza más terrible si cabe. Los optimistas y sus utopías.

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