07 julio 2016

entebbe

Eres y, porque das la vida, quieres
que defiendan la vida quienes amas.
El mal disipas como el viento el humo;
como el fuego la cera, lo derrites.
Eres, y la esperanza que regalas
nos guía por la oscuridad de Entebbe.
De madrugada, el Mar Rojo se abría,
como se ha abierto siempre que has querido.

16 junio 2016

noches blancas


¿Qué piensa mi niña

cuando insomne pasa

por los puentes negros

de las noches blancas?

 

¿Qué piensa mi niña,

qué olvida mi amada,

en las cortas noches

que nunca se acaban?

 

No duerme mi niña,

no duerme mi amada.

El alba no viene

y el sol no se marcha.

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20 mayo 2016

todo el cielo de españa


Todo el cielo de España inmaculado

sobre las torres frías de la tarde;

sobre las torres mudas de la tarde,

todo el cielo de España inmaculado.

Para la patria que perdió la gracia,

el cielo inmaculado inmerecido;

el insultado cielo inmerecido,

para la patria que perdió la gracia.

De nada te sirvió vencer los mares

ni adentrarte en las selvas pavorosas.

No te sirvió avanzar en el desierto

ni defender la brecha en la muralla.

Lo que había que hacer y más hiciste

y a ti misma te pagas con desprecio.

Sobre la antigua casa de María,

todo el cielo de España inmerecido.
 
 

(2011-2016)

21 abril 2016

del 76


Como Nuestra Señora en las pinturas
que incendiaban de gracia
las iglesias de Europa:
tan hermosa estarías
como Nuestra Señora en las pinturas.
De lo que yo decía, no me acuerdo,
pero recuerdo lo que tú decías,
que no podía ser.
Caía el sol de invierno,
y habíamos quedado
para verlo caer.

Caía el sol de invierno en la Almudena,
y el lejos era limpio
y muy lento el futuro,
cuando era más hermosa,
cuando estaba en los huesos la Almudena.
Tú me hablabas de Cristo y sus heridas
y yo veía levantarse un muro
difícil de vencer.
Tan hermosa estarías,
y la corta melena
dejarías crecer.

La corona de perlas llevarías
y el velo que se alza
para el beso primero
de las novias de Europa:
el velo de pureza llevarías.
Me decías de Cristo y sus heridas
y que, para apurar con Él su copa,
te habrías de esconder
de los ojos del mundo.
Y supe de repente
que no podía ser.

 

 

(Tel Aviv, 2012-Estocolmo, 2016)

08 enero 2016

jan sobieski


Aunque a la muchedumbre no le importe

que Europa valga poco y crea en nada,

o se hiele eclipsada por la luna,

yo quiero recordar a quien importa.

Por ejemplo, a ese rey de los polacos,

por su mérito rey, no por su sangre,

que dijo el dulce nombre de María

una mañana nueva en Jasna Góra:

niña de las montañas deslumbrantes;

niña de las montañas transparentes;

niña de los azules imposibles;

niña de los azules que más valen;

niña de los comienzos diminutos;

niña de la humildad recompensada;

lluvia fuerte que arrastra la miseria;

lluvia limpia que lava nuestras almas.

Los soldados cristianos qué sabemos:

sólo de la extensión de las estepas,

de la feliz e interminable nada,

de la ansiedad sin fin de las estepas;

sólo de la estrechura de los bosques,

de los desfiladeros infinitos,

de las ciudades que arden en la noche

como estrellas en medio de la nada.

Los soldados de Cristo qué valemos

sin tu mano de niña que nos lleva

hasta la luz final del laberinto.

Sin tu mano de niña, qué valemos.

Un doce de septiembre frente a Viena,

contra la densa reja de las picas

y contra los mosquetes infernales

los soldados de Cristo se lanzaron.

La hora que pertenece a nuestro ahora:

contra la muchedumbre de las picas

y contra las tormentas infernales,

la carga de los húsares alados.
 
 
 
 (Tel Aviv, mayo 2012)

23 diciembre 2015

divna ljubojevic

dice el Credo y canta a a María.

12 septiembre 2014

lo imposible

Todos los géneros (y empleo la palabra en un sentido muy amplio, que va mucho más allá de lo literario) son traducibles. En unos, se pierde más; en otros, menos, e incluso prácticamente nada. Todos los géneros son traducibles, menos uno, en el que el resultado, por espléndido que sea, deja de pertenecer a ese género. Los prospectos y las instrucciones de uso serían los géneros en los que la traducción es muy difícil que no sea fiel. En los escritos puramente tecnológicos, si el traductor está bien formado, es también muy difícil que su texto varíe en lo esencial del texto de partida. Con la literatura científica hay que llevar más cuidado, pero, lo mismo: si el traductor conoce un poco las reglas del lenguaje específico que está traduciendo, el lector no echará de menos leer ese texto en el idioma en que fue escrito. En el cuento, la novela y el teatro en prosa, el lector, sean cuales fueren las cualidades del traductor, tendría que recriminarse no saber lo suficiente del idioma en que esos textos han sido escritos para poder disfrutarlos sin intermediarios (un inciso: muchos buenos lectores de, digamos, novelas traducidas del inglés, podrían, utilizando el tiempo que dedican durante dos o tres años a la lectura de varias obras de setecientas o mil páginas, aprender lo suficiente de ese idioma para leerlo directamente). Pero, por intraducible que sea el estilo del autor, y muy personales sus características, una novela se puede traducir con garantías, y el lector puede estar seguro de que no se ha perdido demasiado del original. Una novela traducida sigue siendo una novela. Aunque a algunos les pueda resultar paradójico, la historia, cuando está escrita por un verdadero historiador y no por un ordenador de datos, pierde más que la novela a la hora de ser traducida. En la novela, hay algo que pertenece a la épica, pero en la historia, no hay algo, sino mucho. Y la épica tiene una piel que se deja traducir dócilmente, pero un corazón que consiente con muchas dificultades. Sólo el Tolstoi de Guerra y paz y el Dickens de Historia de dos ciudades, y otros pocos más, pueden emocionar cuando tratan asuntos de historia como lo hacen Tucídides, Tácito o Victor Davis Hanson (para no jugar con la ventaja que ofrecen los clásicos), y, a mayor grado de emoción, mayores dificultades y más probabilidades de fracaso para el traductor. Seguimos avanzando por esta escala y nos encontramos con la filosofía. Seguramente, no es lo mismo traducir a Aristóteles que a Platón; a Hegel que a Kierkegaard. En la filosofía, el lenguaje es concreto cuando se quiere y esquivo e intraducible, si no damos excesivos rodeos, cuando no queremos decir la cosa sino nuestra aproximación a ella. Y en la filosofía, además, sobre todo si vamos a los presocráticos o a alguien como Heidegger, que querría haberlo sido, hay un mundo de metáforas que sólo funcionan naturalmente dentro del lenguaje en que fueron concebidas. Este paso nos llevaría también a cierto tipo de ensayo que concede una gran importancia a la reflexión sobre las etimologías o sobre los significados adheridos al significado primero de las palabras. Hasta aquí los géneros que se pueden traducir con más o menos garantías. Hemos visto, en cualquier caso, que, en algunos de ellos, hay elementos que se resistirán siempre, por mucha pericia que tenga el traductor.

La poesía es, quizá, el menos artificial de los géneros literarios (entendiendo por artificial el alejamiento del léxico y de la sintaxis del habla común). La Epístola a Arias Montano se lee, cuatro siglos y medio después, con menos dificultad que la Guía de pecadores, y los poemas de Fray Luis de León (un arriesgado y espléndido traductor también) más fácilmente que su prosa (por mucho que constituya siempre una delicia sumergirse en ella). Esto debería ser una ventaja a la hora de traducirla. También debería serlo su estructura aparente, su fachada, que se puede imitar, con más o menos trabajo, cuando se la quiere pasar de una lengua a otra. La acentuación de los versos, las rimas, las estrofas: repetir todo eso en la lengua de llegada, incluso conservando el sentido, es algo al alcance de cualquier traductor familiarizado con la cara visible de la poesía. Es una tarea que pertenece más a la vista que al oído, aunque éste ayude a que el resultado final se pueda leer con algún agrado. Y las metáforas y las demás figuras, y los símbolos, se pueden conservar casi siempre en su integridad o con mínimas variaciones aceptables. E incluso se pueden imitar en la traducción las aliteraciones (aunque ahí comencemos a adentrarnos en el terreno de lo imposible). ¿Por qué, entonces, la poesía es el único género que deja de serlo, que pierde su alma, cuando pasa a otro idioma? ¿Por qué existe ese abismo entre la poesía y la poesía traducida, y no, por ejemplo, entre la novela y la novela traducida? Para mí, hay una razón que puede explicarlo y otra que, sin duda, lo explica. Puede explicarlo el hecho de que todas esas cosas que hemos citado (lenguaje natural, estructura métrica, metáforas y demás) conviven en equilibrio inestable; se necesitan entre ellas y el poema las necesita en el lugar y en el tiempo precisos; sólo tienen sentido ahí, y cualquier desplazamiento o ausencia de una de ellas provoca que el edificio se venga abajo. Ésta es, digamos, la razón, la explicación clásica de por qué es imposible traducir poesía sin que ésta se nos muera por el camino. Pero, como decía, hay otra que, para mí, lo explica mejor: la poesía no viene o no viene solamente de todas esas cosas (lenguaje natural, estructura métrica, metáforas y demás) ni de la lograda y compleja armonía entre todas ellas. El alma última de la poesía no pertenece a la literatura, sino a una tierra de nadie situada entre la literatura y la música. La poesía está en cada sonido del poema en relación con todos los demás sonidos y en una determinada andadura de la sintaxis, y ésta es una materia intraducible, pues pertenece exclusivamente a la lengua de partida y al modo exacto e insustituible en que aparece en el poema original. El resultado, como decía al principio, puede ser espléndido, pero no será nunca poesía: será poesía traducida, es decir, otro género, pues es prácticamente imposible que esa especie de música (que ya es otra) vuelva a estar indisolublemente unida al sentido, pues no ha nacido con él.

Y, entonces, ¿qué pasa con todas esas traducciones que nos han hecho descubrir la poesía de otras edades y otras lenguas, que nos han acercado, aunque sea imperfectamente, al corazón de otros poetas y otras culturas? Pues que siguen siendo imprescindibles, porque, a través de ellas, aunque ya no se las pueda llamar poesía, sobrevive algo de su superabundancia, de su extraña razón de ser.

Panamá. Octubre, 2013