03 julio 2009

kairuán

Ya que era la última vez que los veía, quise entretenerme en distinguir, si romana, bizantina o árabe, la procedencia de cada uno de los capiteles de la Gran Mezquita de Kairuán. Los del patio, porque, cristiano, no podría hacer lo mismo con los de la sala de la oración. Al final, me entretuve con unos pocos y el resto lo dejé para otra vez; es decir, para nunca. Miré el patio desde todos los ángulos y bajo un océano de luz. Es el cuadrado más hermoso de África. Y la torre... ¡Cuánto amo las torres!

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18 junio 2009

lucrecio 4

La lectura de los textos de Leo Strauss sobre los clásicos es una de las experiencias intelectuales más recomendables: Platón (El banquete, especialmente), Aristófanes, Jenofonte... No sólo aprendemos en general, aprendemos también, y esto es quizá lo más importante, a leer de una determinada manera, que consiste en dejar que el autor se explique a sí mismo, evitando las interferencias y los juicios, intentando salvar, en lo posible, la distancia que el tiempo ha interpuesto entre él y nosotros, tomando en serio su pensamiento, y no como un simple objeto de investigación arqueológica. Pocas veces llegamos a saber cuál es el juicio ideológico de Leo Strauss sobre un autor determinado o sobre un asunto tratado por ese autor; pocas veces también llegamos a saber qué opina en realidad de algunas cosas. Lee y piensa. La filosofía es eso, pensar, y no el sistema de lo que se piensa, como equivocadamente se ha llegado a creer. De todas formas, a veces le descubrimos juzgando, y también es un placer: “Lucrecio habla con especial énfasis del temor religioso de los criminales. Así, hace que nos preguntemos nuevamente si, al intentar quitar este temor, no está debilitando una restricción saludable. Él responde más adelante a esta objeción como buenamente puede. Llega casi a sugerir que el fenómeno principal no es el temor al infierno, sino el temor a la muerte, y que los crímenes que parecen ser una causa del temor al infierno son en realidad una consecuencia del temor a la muerte (III 59-86). Es decir, liberando a los hombres del temor a la muerte, no se emancipa al crimen de una restricción poderosa, sino que, más bien, se contribuye a la abolición del crimen. Nos queda la sospecha de que antes de Epicuro, e incluso antes de Lucrecio en Roma, la religión servía a un buen propósito. Dado el hecho de que muchos hombres, o mejor, que prácticamente todos los hombres siempre se negarán a escuchar la enseñanza epicúrea, la religión servirá siempre a un buen propósito” (“Notes on Lucretius”, en Liberalism Ancient and Modern, 1995).

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21 mayo 2009

el mar de mayo

a Santiago y Bárbara

La luz se separó de las tinieblas
y la luz era hermosa y muy paciente:
después del laberinto me esperaba
la llama inmerecida de una rosa,
la sonrisa de yago, el sol de plata
y, al llegar a gammarth, el mar de mayo.

14 abril 2009

letra

Ninguna tan hermosa como la capital romana. Una R de cerca, una O, una M, una A... Y esa Q y esa C y esa T... Estas inscripciones, caídas por tierra y partidas, están hechas para ser leídas muy despacio, letra a letra, para que la mirada se pierda en la profundidad sombría de cada una de ellas. El sentido viene después (o se ha perdido o ni siquiera importa).

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13 abril 2009

mosaicos

Los hombres cazando fieras y las fieras cazando. Los hombres trabajando los campos. Los hombres luchando contra los hombres y las fieras contra las fieras. Y muchos dioses: todos los dioses. Un poco ridículos ya, como los héroes del cómic. Y todos los peces, exactos. Ni en lo real ni en lo irreal: pienso sólo en quien, arrodillado durante toda su vida, va poniendo las teselas. ¿Qué prefiero de toda esta abundancia, de todo este lujo? Los mosaicos en los que no aparece la vida, los puramente geométricos, los laberintos.

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06 abril 2009

el campamento

es símbolo e imagen de la ciudad ideal. O, más que símbolo e imagen, quizá sea la ciudad ideal hecha realidad. Su aparición no es consecuencia de ningún proyecto abstracto, sino de las necesidades reales de un ejército de ciudadanos en campaña. El campamento es el orden, que debe durar al menos un instante, pero que podría también durar para siempre. Es el anhelo de referencias sólidas, de la cruz, cuyos brazos señalan a oriente y a occidente, y al norte exacto, porque otro señala también al exacto sur; es la geometría habitable que defiende; el espacio que mantiene a raya a los enemigos, a todos aquellos que no saben de orden ni de ciudades. Combatir es también construir. Cientos de hombres trabajando para construir un lugar seguro y una noche segura (aunque sólo sea eso, una sola noche segura). Los cuatro lados de la empalizada, el foso, el talud, las cuatro puertas. Y, dentro de ese cuadrado, la ley, los oficios y el mercado. El día es la marcha hacia la ciudad que sólo existe en el deseo y que, a la noche, se hará realidad. El día supone también el adiós a otra ciudad, de la que sólo quedan cuatro cicatrices, los modestos límites del orden en el territorio de la barbarie infinita.

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28 marzo 2009

infierno 3

¿Cómo es la primera atmósfera del infierno? Es un “aere sanza stelle” (23), un “aura sanza tempo tinta” (29). La mayoría de los comentaristas transforman “sanza tempo” en “eternamente” y leen: “aire eternamente oscuro”. Sin embargo, si leemos “aura sanza tempo” igual que “aere sanza stelle”, es decir, como espacio en el que no se da la sucesión del día y de la noche, diríamos: “aire sin tiempo, oscuro”. La primera cualidad de ese espacio sería, pues, su inmutabilidad, su insumisión a los ritmos que dan lugar a nuestra percepción del tiempo; la segunda, que es oscuro. De la otra manera, sólo tendría una cualidad, la de ser eternamente oscuro, y eso empobrece, o suprime del todo, la sensación de extrañeza que experimentamos ante esa “aura sanza tempo” en una lectura inmediata, literal y con cierta predisposición hacia la poesía.

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