28 abril 2012

las noches perfectas

Releyendo lo que queda de Ennio, me di cuenta de que es mucho más de lo que creía, porque nos ha dejado todo el cielo, toda la noche y todas las estrellas; la inmensa bóveda de las limpias noches de verano, con toda su extrañeza y todas sus preguntas: “O magna templa caelitum commixta stellis splendidis!”; “...noctis iter”; “Lumine sic tremulo terra et caua caerula candent”; “...caeli ingentes fornices”; “Quae caua corpore caeruleo cortina receptat”; “Caelum suspexit stellis fulgentibus aptum”; “Vertitur interea caelum cum ingentibus signis”; “Hinc nox processit stellis ardentibus apta”; “Nox quando mediis signis praecincta uolabit”.

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27 abril 2012

lenguaje y realidad

Robert Parker dice que el término miasma, omnipresente en los trágicos, no aparece en Heródoto, Tucídides o Jenofonte y añade que “esto debería tomarse como prueba de que el nivel estilístico de esa palabra es demasiado elevado para la prosa y no de que los asuntos de la tragedia son irreales” (Miasma: Pollution and Purification in Early Greek Religion, 1983). El miasma griego casi siempre es menos físico y biológico que nuestro “miasma”, aunque en los griegos la frontera entre lo espiritual y lo biológico no esté tan clara, y las manchas del cuerpo sean a menudo las manchas del alma, y vicerversa. En cualquier caso, si la contaminación es espiritual, la purificación es siempre física. Pero lo que me interesa resaltar de la cita de Parker es la afirmación, llena de sentido común, de que el uso de cierto lenguaje (elevado, en este caso) no convierte en irreales los asuntos de que trata un género. En la tradición de las lenguas románicas, por ejemplo, no creo que el léxico de la poesía sea especialmente difícil o que se aleje más que el de la prosa del lenguaje común y corriente. La mayoría de las palabras y acepciones que los diccionarios recogen como poéticas no son necesariamente elevadas y, además, muy rara vez se utilizan, se han utilizado o se deberían utilizar; sin embargo, el público tiene la impresión de que los asuntos de que trata la poesía no tienen que ver con el dominio de lo real; incluso muchos desorientados afirman que esos asuntos ayudan a evadirse de la realidad.

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25 abril 2012

muestras de gratitud

Aquí me tendréis también de vez en cuando y siempre agradecido. Hoy, a Ronald Reagan, de quien Paul Johnson acaba de decir que manejaba unos dos mil chascarrillos. Seguro que fue un bromista muy simpático, pero, para nuestra fortuna, también supo tomarse su trabajo muy en serio.

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24 abril 2012

poesía pura

Samuel Boyse (1708-1749), fue, como su amigo Samuel Johnson, uno de los colaboradores del Gentleman’s Magazine y, como éste, escribía, en primer lugar, para cubrir sus necesidades básicas, para poder pagar su ropa y su sopa; sólo que, a diferencia de Johnson, su trayectoria fue descendente, y acabó hundiéndose en la pobreza absoluta. Había llegado a empeñar hasta la última camisa y redactaba poemas religiosos para diferentes revistas envuelto en una manta a la que había practicado un agujero para poder sacar el brazo y escribir en el papel que sostenía sobre sus rodillas. Leyendo estas cosas y otras semejantes sobre Boyle y otros contemporáneos suyos en Samuel Johnson: A Personal History, de Christopher Hibbert (1971), me decía a mí mismo que la poesía ha sido muchas cosas, pero pocas veces esa actividad absolutamente pura que la mayoría de los poetas han reivindicado desde el Romanticismo. En el alba de la poesía occidental están presentes ya los certámenes (se decía que Hesíodo había derrotado a Homero en uno de ellos y se sabe que la poesía homérica le debe mucho a la rivalidad y emulación a que daban lugar los concursos poéticos) y también existían ya los encargos (Píndaro vivía bastante bien con lo que recibía por celebrar los triunfos de la aristocracia en las pruebas de los cuatro grandes Juegos). Cuando, en otros momentos de la historia, el ansia de fama o la necesidad de dinero no han intervenido, otros factores han ocupado su lugar para terminar arruinando esa pretendida pureza: la lucha ideológica, el odio personal, el alarde de inteligencia, la originalidad a todo trance, el resentimiento. Pero sólo en un mar así, de carencias económicas y de excesivo orgullo, de buenas intenciones y de bellaquería, tan sin sentido a veces, tan humano siempre, encontraremos las islas deslumbrantes y los puertos amables, no sé si puros o no, pero muy humanos también y repletos siempre de sentido.

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20 abril 2012

tragedia

“Cuando un productor moderno de una tragedia griega nos explica, con insufrible condescendencia, que ha hecho la acción más verosímil eliminando a los dioses, no tenemos ninguna razón para estarle agradecidos” (Hugh Lloyd-Jones, en su introducción a la Orestíada). Yo diría aún más: quien piense que un texto de Esquilo es como un texto de, pongamos por caso, Tennessee Williams, escrito para representarse cuantas más veces mejor y bajo cualquier circunstancia, es que no ha entendido absolutamente nada. La modernidad no tiene formas ni géneros. Cuando quiere ser ella misma, actúa a partir del capricho o del caos; cuando quiere utilizar las formas y los géneros de la tradición, para parecer que tiene algunos, ignora el origen de éstos, que suele ser sagrado, y los emplea despojándolos, precisamente, de su función original. El resultado es que sólo ofrece vacío: poesía sin metro, tragedia sin dioses ni sacrificio, mística sin Dios.

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18 abril 2012

infierno 8

“Corda non pinse mai da sé saetta / che sì corresse via per l’aere snella, / com’io vidi una nave piccioletta / venir per l’acqua verso noi in quella” (13-16). La crítica ha puesto siempre en relación estos versos de Dante con estos otros de Virgilio: “fugit illa per undas / ocior et iaculo et uentos aequante sagitta” (Aen. X, 247-248). Pero, aparte de la comparación entre la velocidad de la nave y la de la flecha, las imágenes que contienen son de naturaleza muy distinta. Es muy probable que Dante tenga presente a Virgilio al concebir esos versos, pero imposible del todo que Dante deje de ser Dante en ningún momento. La flecha de Dante es una flecha vista; la de Virgilio, que también vería cómo vuelan las flechas, pertenece a la tradición literaria, que ha asignado siempre un prestigio excesivo al viento a la hora de expresar la velocidad. Dante prescinde del viento y su flecha vuela limpiamente, estableciendo con claridad la comparación, mientras que la velocidad de la nave de Virgilio se ve entorpecida por una doble duplicación: la de iaculo y sagitta (cuando, además, el dardo o la jabalina o el venablo no son tan rápidos) y la de sagitta y uentos (cuando, sólo si fueran huracanados, podrían emular la velocidad de una flecha). En el Paraíso, hay otras dos alusiones memorables a las flechas que dejan claro que la fuerza de la poesía de Dante tiene casi siempre su origen en lo vivido y rara vez en lo leído: “e sì come saetta che nel segno / percuote pria che sia la corda queta” (V, 91-92) y “ché saetta previsa vien più lenta” (XVII, 27).

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13 abril 2012

acabar o no los libros

Sin duda, Samuel Johnson dedicó muchísimo tiempo a la lectura, pero confesaba que había leído pocos libros: “Son, generalmente, tan repulsivos, que no puedo leerlos”, le dijo cierta vez a William Bowles (Christopher Hibbert, Samuel Johnson. A personal History, 1971). Pero, para que la frase haga honor a la verdad, le falta un “hasta el final”. Johnson, como otros, no terminaba casi nunca los muchísimos libros que empezaba a leer o ni siquiera los leía desde el principio: los abría por aquí o por allá y, por hábito, descubría lo que de verdad le interesaba en ellos, sin perder más tiempo, porque siempre esperaban otros. Incluso hacía lo mismo con los poemas: por cortos que fueran, a menudo los dejaba a medias. Seguramente, su conocida pereza y la ansiedad de encontrar otras cosas que también valieran la pena andan aquí mezcladas. Ni que decir tiene que comparto la actitud de Johnson. No tengo su memoria ni su entendimiento, pero sí esa pereza y esa ansiedad. He dejado a medias muchísimos más libros de los que he conseguido terminar. Y no siempre porque no me gustaran lo suficiente. Algunos los he dejado (y no sé si volveré a encontrarme con ellos) porque me daban demasiado, porque, a cada línea, me proponían un combate espiritual que no podía sostener por mucho tiempo con mis armas. Sea como fuere, a mí también me parece estúpido, como a Johnson, ese consejo de que hay que terminar los libros que se empiezan. Y no sólo porque la vida sea breve.

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12 abril 2012

hopkins

La nieve cae delicadamente, con mucho cuidado. La muerte imita a la nieve, y la frialdad de ambas se vuelve dulzura: “When sick men turn, and lights are low / And death falls gently as the snow.” Una ligera enfermedad en el aire, porque la primavera es excesiva: “A little sickness in the air / From too much fragance everywhere.” Y el brillo matinal de las guadañas: “Their harness beams like scythes in morning grass.”

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