14 abril 2009

letra

Ninguna tan hermosa como la capital romana. Una R de cerca, una O, una M, una A... Y esa T y esa Q y esa C... Estas inscripciones, caídas por tierra y partidas, están hechas para ser leídas muy despacio, letra a letra, para que la mirada se pierda en la profundidad sombría de cada una de ellas. El sentido viene después (o se ha perdido o ni siquiera importa).

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13 abril 2009

mosaicos

Los hombres cazando fieras y las fieras cazando. Los hombres trabajando los campos. Los hombres luchando contra los hombres y las fieras contra las fieras. Y muchos dioses: todos los dioses. Un poco ridículos ya, como los héroes del cómic. Y todos los peces, exactos. Ni en lo real ni en lo irreal: pienso sólo en quien, arrodillado durante toda su vida, va poniendo las teselas. ¿Qué prefiero de toda esta abundancia, de todo este lujo? Los mosaicos en los que no aparece la vida, los puramente geométricos, los laberintos.

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06 abril 2009

el campamento

es símbolo e imagen de la ciudad ideal. O, más que símbolo e imagen, quizá sea la ciudad ideal hecha realidad. Su aparición no es consecuencia de ningún proyecto abstracto, sino de las necesidades reales de un ejército de ciudadanos en campaña. El campamento es el orden, que debe durar al menos un instante, pero que podría también durar para siempre. Es el anhelo de referencias sólidas, de la cruz, cuyos brazos señalan a oriente y a occidente, y al norte exacto, porque otro señala también al exacto sur; es la geometría habitable que defiende; el espacio que mantiene a raya a los enemigos, a todos aquellos que no saben de orden ni de ciudades. Combatir es también construir. Cientos de hombres trabajando para construir un lugar seguro y una noche segura (aunque sólo sea eso, una sola noche segura). Los cuatro lados de la empalizada, el foso, el talud, las cuatro puertas. Y, dentro de ese cuadrado, la ley, los oficios y el mercado. El día es la marcha hacia la ciudad que sólo existe en el deseo y que, a la noche, se hará realidad. El día supone también el adiós a otra ciudad, de la que sólo quedan cuatro cicatrices, los modestos límites del orden en el territorio de la barbarie infinita.

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