30 octubre 2007

el alma inadvertida

Leía en Cioran la enésima comparación entre Bach y Haendel, pero yo no tenía musical la mañana. Por la noche, concierto de piano, pero tampoco era musical mi noche. El alma inadvertida seguro que se entretenía con otras cosas; con sucesiones inconsistentes, sin ritmo y sin alma, y con imágenes apenas esbozadas, sin melodía ni líneas claras. Sólo la pasión nos devuelve la música y sólo la pasión nos hace evidente el alma; pero no había pasión y pasaba desapercibida el alma.

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16 Comments:

Blogger E. G-Máiquez said...

Precioso proema. "Sólo la pasión nos devuelve la música". Tremenda verdad (el subrayado es mío).

30 octubre, 2007  
Anonymous julio said...

Gracias, Enrique. ¡Que, al menos, no nos falte la prosa!

30 octubre, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Seguro que lo que “el alma inadvertida” advierte es la música de esas ochenta y dos hermosas palabras. Seguro que no sólo lo advierte, sino que se ve a sí misma en ellas alma-música, música-alma. O pasión si lo prefieres.
Me sumo a lo que dice Máiquez.

31 octubre, 2007  
Anonymous toi said...

Creo que debería ser: solo la música nos devuelve la pasión

y el ritmo
y el alma
y la cadencia
que son términos musicales que van de fábrica, pegados a la música

la pasión es necesaria pero no imprescindible
la música sí es imprescindible, necesaria, justa, armónica, equilibrada, es todo,
el mundo es música,
te escuché, y tus poemas lo corroboran,
aunque en ocasiones no lo sepas,
aunque en ocasiones se te olvide;
como decía Silvio, puede que sea cansancio vulgar;

nada más.

31 octubre, 2007  
Anonymous Boscán said...

De acuerdo con "Toi": es la música la que nos devuelve la pasión, y quizá no tanto a la inversa. Aunque no tengas alma para nada, hay una música para rehacerla, ensalzarla, ordenarla, emocionarla y apasionarla: Bach para arar campos que parecían eriales; Haendel para que broten árboles floridos. Cuando no tengas el alma para nada, insiste en oír música: la musicoterapia, como ya sabían los contemporáneos de Bach y Haendel, se basa en la insistencia y la lenta labor de las horas. La música nunca pasa inadvertida.

31 octubre, 2007  
Anonymous CB said...

"el alma distraída"

Pensaba si la pasión nos devuelve la música o si la música nos devuelve la pasión, y más bien me inclinaba por lo que dicen Toi y Boscán (qué bonito lo que dicen y qué bien lo dicen), pero, claro, tú partes de que no escuchas la música.
Y entonces caigo en que es la música la inadvertida y el alma la que no advierte. Y en que quizá la clave del texto está en ese "se entretenía". Y recordé a Simone Weil y su teoría de la atención, la atención como un acto de amor, de vaciamiento de sí. La atención que crea un espacio de receptividad que nos devuelve la belleza o el dolor del mundo, y la música y la pasión.

En 'Echar raíces' dice:
"Mientras el hombre soporta tener el alma llena de sus propios pensamientos, de sus ideas personales, está enteramente sometido hasta en sus más íntimos pensamientos a la coerción de las necesidades y al juego mecánico de la fuerza. Y yerra si cree que es de otro modo, pero todo cambia cuando en virtud de una atención auténtica vacía su alma para dejar que entren en ella los pensamientos de la sabiduría eterna".

O mejor aún y más sencillo: "...no hay mayor gozo para mí que mirar el cielo una noche clara, con una atención tan concentrada que todos los demás pensamientos desaparecen. Entonces se diría que las estrellas entran en el alma"

31 octubre, 2007  
Blogger Rocío Arana said...

Calderón dice en "En la vida todo es verdad y todo mentira" que la mujer para el hombre es la media vida del alma y la media muerte del alma...

31 octubre, 2007  
Blogger José María JURADO said...

Y sin embargo el alma, era esta:

"
Mi alma quiere tener las claras rectas
de los desconcertantes arsenales
y en su interior la música compleja
y los sonidos limpios del dieciocho:"
(JMM)

Ese diecciocho es, además de Mozart -me digo- también, por edad, Bach y Haendel. Como se ve al escribirlo Julio no tenía el alma inadvertida, sino anhelante.

02 noviembre, 2007  
Blogger Juan Manuel Macías said...

Estoy de acuerdo con Enrique. Es un magnífico poema en prosa.

03 noviembre, 2007  
Anonymous julio said...

Puede que lo advierta, Antonio, pero la verdad es que no colabora. Por decirlo de algún modo, esa música le resulta demasiado premeditada.

04 noviembre, 2007  
Anonymous julio said...

Para mí, Toi, lo imprescindible sigue siendo la pasión. Sin la pasión, incluso el orden de la música tiene algo de falso. Puede que, sin la intensidad de la pasión, no exista ni siquiera el orden.

04 noviembre, 2007  
Anonymous julio said...

Te hago caso, Boscán, y, mientras escribo estas respuestas, escucho los “concerti grossi” de Haendel, por si tuvieras razón y la insistencia me devolviera la música. Me parece muy sugerente esa nueva comparación que estableces. La de Cioran es más abstracta y no acaba de convencerme: “Lo que en Bach es divino, en Haendel es heroico...”

04 noviembre, 2007  
Anonymous julio said...

Crista, puede que la percepción que la pasión nos proporciona no tenga nada que envidiar a la de esa atención ascética. Advierte también lo esencial y se concentra intensamente en ello. Quizá, eso sí, actúe menos voluntariamente y más por necesidad.

04 noviembre, 2007  
Anonymous julio said...

Rocío, sin esa media muerte, puede que ni siquiera hubiese media vida.

04 noviembre, 2007  
Anonymous julio said...

Para mí, José María, Bach y, sobre todo, Haendel. Curiosamente, ese poema termina diciendo: “para mi alma, la inhóspita y abstracta”.

04 noviembre, 2007  
Anonymous julio said...

Gracias, Juan Manuel.

04 noviembre, 2007  

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