08 julio 2007

the long gray line

Hoy he vuelto a ver The long gray line (1955), estrenada en español bajo el título de Cuna de héroes (¡qué triste destino para una metáfora tan evocadora!). Me ha ocurrido lo que siempre me ocurre cuando veo una película de John Ford, que no quería que terminase. Justo lo contrario de lo que me pasa cuando veo cualquier otra película, incluso si, por azar, me gusta. No quería que terminase: quería permanecer más y más frente a esa larga línea gris del deber, el honor y la abnegación; quería seguir viendo a esos hombres y mujeres que, como todos los de Ford, son personas y no personajes; que hablan, ríen y lloran frente a una cámara que los respeta situándose a cierta distancia y a la altura de sus ojos; quería seguir viendo uno de esos raros milagros que nos ha ofrecido el arte del siglo veinte y justo de la mano de alguien que nunca consideró que lo que hacía fuese arte. Cuando me hacen esa pregunta tan tonta de si me gusta el cine, respondo: “Sí, me gusta John Ford”.

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11 Comments:

Blogger samsa777 said...

La diligencia...

09 julio, 2007  
Anonymous julio said...

... y todas las demás.

09 julio, 2007  
Anonymous Verónica said...

"The long gray line" es de las mejores -y menos conocidas- películas de Ford. La muerte, mostrada con extremado pudor, de Maureen O'Hara -si no recuerdo mal, en el porche, dejando caer su mano exánime-, es de las más estremecedoras que ha dado el Cine. Y luego la escena final en que Tyrone Power ve desfilar en su honor (aunque al principio no cae en que lo hacen por él) a los cadetes de West Point -donde él se ha pasado la vida, sin haber disparado un solo tiro ni haber tomado parte en campaña alguna- entonando canciones irlandesas, es también de ésas que te ponen el corazón en un puño, sin que sepas explicar muy bien por qué.

Estoy de acuerdo en que Ford es un Poeta, aunque no nos hable en endecasílabos.

09 julio, 2007  
Anonymous julio said...

Recuerdas muy bien la película, Verónica. No se puede contar la muerte con más respeto y de manera más pudorosa. Y la escena final, la del desfile, con esa inexplicable mezcla de tristeza y alegría, nos regala una de las emociones más puras que se pueden experimentar frente a una pantalla.

09 julio, 2007  
Anonymous Anton said...

No sé si conoces They were expendable, cuyo título en español desconozco, si lo hay. Ahora estamos en la Segunda Guerra Mundial y entre lanchas torpederas, pero por lo que decís, las emociones que suscita son del mismo orden. Está un poco preterida, pero a mí me parece cine de primera clase. Por lo demás, enhorabuena por tu nuevo libro. Quizá a tus lectores les interese saber que se te puede oír recitar bastantes poemas en un enlace de la Fundación Juan March. Ahora mismo no tengo aquí la dirección, pero es fácil localizarla en Google.
Un saludo.

10 julio, 2007  
Anonymous El amigo de Kierkegaard said...

¡¡ Que Dios bendiga a John Ford, el más grande entre los grandes !!

10 julio, 2007  
Anonymous julio said...

La conozco, Antón. La vi hace muchísimo. Lo que no recordaba es su título en español ("Nosotros fuimos los sacrificados"), pero google ha venido en mi ayuda. En cuanto a esos poemas recitados por mí, creo que, como dices, es fácil encontrarlos si se entra en la página de la Fundación Juan March. Yo no he querido oírme. Un abrazo y gracias por la enhorabuena.

11 julio, 2007  
Anonymous julio said...

¡Que Dios bendiga a Ford, amigo de Kierkegaard, por toda la verdad, la bondad y el coraje que nos ha regalado!

11 julio, 2007  
Blogger Jesús Beades said...

Para mí la apoteosis es The Quiet Man. Impetuosa, homérica.

12 julio, 2007  
Anonymous julio said...

Totalmente de acuerdo contigo, Jesús. ¡Qué maravilla de película!

12 julio, 2007  
Anonymous Verónica said...

Y "El hombre que mató a Liberty Valance", y "Centauros del desierto", y "Las uvas de la ira", y "¡Qué verde era mi valle!", y "Fort Apache", y "La legión invencible",... y..., y...

12 julio, 2007  

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