10 noviembre 2009

caja 24

Llegaron los pocos libros que me siguen de una ciudad a otra. Esta vez, no los pondré deprisa y corriendo en las estanterías. Los veré más despacio según vaya sacándolos de las cajas, porque puede que ésta sea la última que hojee algunos de ellos. Abro la 24, que es la que tengo más a mano. El primer libro que aparece es Hannah Arendt / Martin Heidegger, de Elzbieta Ettinger. La edición italiana lleva como subtítulo Una historia de amor y, como título, Hannah Arendt e Martin Heidegger. No sé. Esa barra que une y separa me parece más expresiva que la conjunción. Y, luego, el subtítulo, tan de gossip… No escribo nada en los libros, pero, en la última página, leo esta anotación: “¿Qué era ir de Marsella a Rosas?” Luego, curiosa coincidencia, dos recopilaciones de ensayos y artículos de Hannah Arendt sobre temas judíos (algunos de los artículos se repiten). Empiezo a ver que los libros vienen mezclados. Suelo ordenarlos por géneros y épocas, pero se ve que, cuando los metieron en las cajas en Túnez, buena parte de ese orden se perdió. El primer volumen de las obras completas en prosa de Charles Péguy (Pléiade). Vale la pena leer esta su prehistoria. No se entiende al Péguy de Les tapisseries sin este Péguy socialista, puro, combativo, incansable. Luego, Society and the Holy in Late Antiquity, de Peter Brown, y Derecho natural e historia, de Leo Strauss. Por lo que va saliendo, pienso que esta caja va a ser de las mejores. Leí los capítulos sobre Hobbes y Locke del libro de Strauss en una larga espera en el aeropuerto de Carthage. Inolvidables. Ahora, Nous autres, modernes, de Alain Finkielkraut, L’opium des intellectuels, de Raymond Aron y tres ensayos de Tzvetan Todorov: Éloge de l’individu y Éloge du quotidien, dedicados a la pintura flamenca y holandesa, que se leen con interés de principio a fin, y Theories du symbole, que me aburrió y dejé a medias. De repente, Kant. ¿Qué hacen aquí la Crítica de la razón práctica y la Crítica del juicio? Lecturas del 74. Después, he releído ciertos capítulos del segundo de vez en cuando. Un facsímil de la traducción de 1774 del Tratado de los delitos y de las penas, de Cesare Beccaria. Lleva prólogo de Francisco Tomás y Valiente. Unos ensayos de Tolstoi sobre el arte. Abro al azar: “Después llegó Mallarmé, considerado como el más importante de los poetas jóvenes, y afirmó simplemente que el encanto de la poesía se encuentra en el hecho de que tengamos que adivinar su significado (...). Así, la oscuridad se ha elevado a dogma entre los nuevos poetas”. La decadencia de Occidente, de Spengler; una edición resumida de La ciudad de Dios, de san Agustín; Magna moralia, de Aristóteles; Proslogion y De veritate, de san Anselmo. Y, sí, todo mezclado, porque ahora salen del fondo de la caja las obras completas de Dostoyevski. Es la traducción de Cansinos. He leído a Dostoyevski en otras ediciones, pero resulta útil tener ésta siempre a mano. Después, un libro sobre Dostoyevski y San Petersburgo. Como no leo ruso, me conformo con ver los grabados, que tienen cierto aire expresionista. Y más mezcla: una edición barata de las obras de Shakespeare, de las que se hacían en Hungría o en Checoslovaquia, que da paso a los dos tomos de la traducción de Astrana Marín y a un librito sobre las huellas de Shakespeare en Southwark y en Stratford-Upon-Avon. Recuerdo el día en que lo compré y lo leí. Trevor J. Dadson y yo veníamos de ver las ruinas de la catedral de Coventry. ¡Qué triste Europa! En Stratford, lluvia y viento británicos. Un pub con la chimenea encendida, una pinta de ale y un plato caliente, también británico, que me supo a gloria, pese a sus irreconocibles ingredientes. También del fondo, Masa y poder, de Canetti, y De la guerra, de Clausewitz. Y esto es casi todo lo que contenía esta caja.

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8 Comments:

Blogger Javier Sánchez Menéndez said...

Era una caja muy completa, digna de llevar la leyenda de "Frágil y Culta".

10 noviembre, 2009  
Anonymous de Guevara said...

Pequeñita errata: "entiene", junto a Péguy.

No need to publish this, obviously!

10 noviembre, 2009  
Anonymous Fray A. said...

Qué hermosa historia privada de la lectura.

Me queda una intriga: ¿qué más contenía? Parece mentira, pero mi mente de narrador se ha quedado colgando de ese cabo suelto que propones en la última frase... y tal vez, seguramente, no sea nada, porque aquí no hay ficción de ningún tipo... ¡Soy un gossip boy, no hay duda!

Abrazos.

10 noviembre, 2009  
Blogger julio martínez mesanza said...

Sí, Javier, creo que las demás no traerán tanta cosa buena.

11 noviembre, 2009  
Blogger julio martínez mesanza said...

Gracias, de Guevara. Corregida. Aunque dices que no es necesario, publico el comentario. Es un mérito cazar erratas.

11 noviembre, 2009  
Blogger julio martínez mesanza said...

Fray A., la verdad es que sólo había un par de cosas más y sin demasiado interés.

11 noviembre, 2009  
Blogger FPC said...

Haces que suene como lo que es: una aventura vital y prolongada e íntima en el trato con esos volúmenes que se empeñan en acompañarnos mudanza tras mudanza. Yo, que me he visto obligado a más de una, entiendo bien lo que cuentas. Suerte en tu nuevo destino. No llegas a él mal acompañado. Un abrazo.

11 noviembre, 2009  
Blogger julio martínez mesanza said...

Gracias, Paco. Un abrazo.

11 noviembre, 2009  

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