05 diciembre 2007

la espera

Dall'immagine tesa
vigilo l'istante
con imminenza di attesa –
e non aspetto nessuno:
nell'ombra accesa
spio il campanello
che impercettibile spande
un polline di suono –
e non aspetto nessuno:
fra quattro mura
stupefatte di spazio
più che un deserto
non aspetto nessuno:
ma deve venire;
verrà, se resisto,
a sbocciare non visto,
verrà d'improvviso,
quando meno l'avverto:
verrà quasi perdono
di quanto fa morire,
verrà a farmi certo
del suo e mio tesoro,
verrà come ristoro
delle mie e sue pene,
verrà, forse già viene
il suo bisbiglio.


(Clemente Rebora, de Canti anonimi, 1922)

Tesa (“tensa”) rimaría con attesa (“espera”) aunque sus tres últimos fonemas no coincidiesen. El poeta dice que no espera a nadie. Con expresión tensa vigila el instante. En la encendida sombra, espía la campanilla, que, imperceptible, difunde un polen de sonido. Y no espera a nadie. Entre cuatro paredes, atónitas de espacio más que un desierto, no espera a nadie. Pero ese nadie, ese alguien, debe venir. Vendrá, si quien espera resiste en su espera. Vendrá. Se asomará sin ser visto, de improviso, cuando el poeta no se dé ni cuenta. Vendrá como perdón de cuanto hace morir; vendrá a dar certidumbre de su tesoro y como alivio de sus penas y de las penas de quien espera; vendrá; quizá viene ya su murmullo. Y ese “murmullo” rima con “polen de sonido”, aunque sus últimos fonemas no coincidan. Clemente Rebora (Milán, 1885-Stresa, 1957) lo escribió en 1920, cuando aún no creía: nueve años antes de su conversión y dieciséis antes de su ordernación sacerdotal. ¿Qué o a quién esperaba? ¿A la amada que le había abandonado? El propio Rebora, ya anciano y enfermo, nos lo aclarará: “no sólo un anuncio mucho tiempo anhelado, sino tal vez (confusamente) al Dulcis Hospes animae”.

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5 Comments:

Blogger samsa777 said...

Qué belleza ese:

"stupefatte di spazio
più che un deserto"

Es una imagen arrolladora. Gracias por acercarnos este texto: lo estábamos esperando, sin duda.

Besos.

05 diciembre, 2007  
Blogger Breo Tosar said...

Bravo!

05 diciembre, 2007  
Blogger Emilio Quintana said...

Grande Rebora. Yo lo descubrí en la antología de poetas italianos de Angel Crespo, hace ya demasiados años. En esa antología hay varios crepuscolari que me impresionaron por su escritura "a lápiz". Qué pena que todos mis libros estén en España, cómo me gustaría levantarme y coger ahora algunos libros de esa gente.

05 diciembre, 2007  
Anonymous cb said...

Dices, Julio, que no creía. No sé, no en todos es como en San Pablo, aquí te pillo, aquí te mato. Pero por ahí andaba la esperanza (no es otra cosa esa espera), la "pequeñísima hija", la preferida, la que va por delante llevando de la mano a sus dos hermanas mayores, la Fe y la Caridad, como vio Péguy.
Como nos recuerda el Papa en este regalo de Navidad que es la Spe Salvi. Ahí, estas frases sobre San Agustín y la esperanza, el deseo y la oración:
"... Agustín ilustró de forma muy bella la relación íntima entre oración y esperanza en una homilía sobre la Primera Carta de San Juan. Él define la oración como un ejercicio del deseo (...): « Dios, retardando [su don], ensancha el deseo; con el deseo, ensancha el alma y, ensanchándola, la hace capaz [de su don]» (...) Después usa una imagen muy bella para describir este proceso de ensanchamiento y preparación del corazón humano: « Imagínate que Dios quiere llenarte de miel [símbolo de la ternura y la bondad de Dios]; si estás lleno de vinagre, ¿dónde pondrás la miel? »"

"Verrà come ristoro/delle mie e sue pene". Qué versos más impresionantes: ese "Verrà" que acabará con las penas de los dos que se buscan, el alma y el Dulce Huesped; y la sensación de que la espera es mutua. De alguna manera recuerdan los versos de ese otro poeta que también se hizo sacerdote: "¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?/Qué interés se te sigue, Jesús mío..."

Es precioso el poema, y con tu glosa crece. Muchas gracias.

05 diciembre, 2007  
Blogger AFD said...

Pues ojalá venga también aquí, que se humedecen mis ojos al leer tu glosa, y ver que no llega. Ojalá también esté ensanchando mi alma para que quepa en ella, como dice San Agustín.

06 diciembre, 2007  

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