21 abril 2016

del 76


Como Nuestra Señora en las pinturas
que incendiaban de gracia
las iglesias de Europa:
tan hermosa estarías
como Nuestra Señora en las pinturas.
De lo que yo decía, no me acuerdo,
pero recuerdo lo que tú decías,
que no podía ser.
Caía el sol de invierno,
y habíamos quedado
para verlo caer.

Caía el sol de invierno en la Almudena,
y el lejos era limpio
y muy lento el futuro,
cuando era más hermosa,
cuando estaba en los huesos la Almudena.
Tú me hablabas de Cristo y sus heridas
y yo veía levantarse un muro
difícil de vencer.
Tan hermosa estarías,
y la corta melena
dejarías crecer.

La corona de perlas llevarías
y el velo que se alza
para el beso primero
de las novias de Europa:
el velo de pureza llevarías.
Me decías de Cristo y sus heridas
y que, para apurar con Él su copa,
te habrías de esconder
de los ojos del mundo.
Y supe de repente
que no podía ser.

 

 

(Tel Aviv, 2012-Estocolmo, 2016)