Arbolitos del frío
que oye mi amada
mecidos por el viento
de la mañana.
Arbolitos dormidos
que ve mi amada
bajo la blanca luna
de las heladas.
Mi bien amada oía
que alguien llamaba,
toc-toc, a los
cristales
de su ventana.
Y tan sólo veía
si se acercaba
que su cara de niña
la contemplaba.
Qué sencillamente hermoso. Veamos o no veamos, hay alguien ahí. A veces, algunos, pueden oírlo.
ResponderEliminarFeliz año, Julio.
Gracias, Olga. Feliz 2013.
ResponderEliminarPrecioso.
ResponderEliminarGracias, Enrique.
ResponderEliminar¡Qué lindo!
ResponderEliminar'Chas gracias.
Gracias, Juan Ignacio. Feliz Epifanía.
ResponderEliminar!Qué delicia!
ResponderEliminarGracias
Gracias, Begoña.
ResponderEliminarVersos que abrigan, sí señor.
ResponderEliminarGracias por tu comentario, Alfredo.
ResponderEliminarVuelvo a leerlo meses después y sigue poseyendo la capacidad intacta de emoción intraducible que nos da la poesía, desde el título hasta el destello final.
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