11 junio 2012

el valor del tiempo

“The story of Melanchthon affords a striking lecture on the value of time, by informing us, that when he made an appointment, he expected not only the hour, but the minute to be fixed, that the day might not run out in the idleness of suspense” (Samuel Johnson, The Rambler, No. 60. Saturday, 13 october 1750). Cuando Melanchthon tenía una cita quería que se fijase no sólo la hora, sino el minuto exacto, para que el día no transcurriera en la ociosidad de la incertidumbre. Puede sorprender que, doscientos años después, esta actitud pareciese todavía rara (fijar el minuto exacto de la cita), porque, si no, Johnson no hablaría de ella, y, más, que siguiera pareciendo rara durante parte del XIX (por lo que he podido comprobar entre quienes se refieren a este rasgo del carácter de Melanchthon). Pero aquí me interesa, sobre todo, lo que viene después: para que el día no transcurriese en la ociosidad de la incertidumbre. Una cita cualquiera, exacta, ya empobrece el tiempo que la precede; una imprecisa (“vendré sobre las seis” o “ya me pasaré por la tarde”) puede que lo destruya por completo. Los puntuales sabemos muy bien que no se pueden emprender tareas de las que se desconoce su duración exacta si hay una cita en el horizonte inmediato, aunque, en apariencia, se disponga del tiempo suficiente; si esa cita, para colmo, es indefinida, ni siquiera las tareas más sencillas y que tienen tasado su tiempo pueden emprenderse, porque, de continuo, pesa sobre ellas la amenaza de que serán interrumpidas. Naturalmente, la ansiedad anda muy mezclada en todo esto.

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4 Comments:

Blogger Juan Ignacio said...

Al leer me acordé de esto, viera Ud. (claro que es otro enfoque, no el de aprovechamiento del tiempo, pero es igual de interesante como "justificativo de las citas en horario preciso"):

-Hubiese sido mejor venir a la misma hora -dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.

(De El Principito, por supuesto).

11 junio, 2012  
Blogger Carlos Hernández said...

Incómodo e inoportuno problema, el que planteas, para los que de algún modo vivimos constreñidos por el tiempo. No obstante, si somos capaces de controlar la ansiedad —he aquí el auténtico problema— existen soluciones paliativas, en alguna medida se puede luchar contra ello. Por ejemplo, llevar un libro a mano para no desperdiciar el tiempo de espera: en vez de consumirnos en la incertidumbre, convertir en certidumbre la vivencia de la lectura.

12 junio, 2012  
Blogger julio martínez mesanza said...

Es muy oportuna, Juan Ignacio, esa cita de "El principito" (curioso: reproducimos citas sobre las citas) y habla también de darle valor al tiempo.

13 junio, 2012  
Blogger julio martínez mesanza said...

Tienes razón, Carlos. Cuando se puede, un libro, y eso que ganamos.

13 junio, 2012  

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