19 junio 2012

cuerpo y alma

Por unas cosas u otras, en los casi tres años que llevo aquí, aún no había estado en Belén. El domingo, en Getsemaní, un taxista nos propuso llevarnos, y allá que nos fuimos Enrique Andrés Ruiz, Juan Antonio González Iglesias y yo, por esas colinas de Dios, desoladas y no precisamente hermosas, por más que suela parecerme hermosa la desolación. Y Belén se nos apareció también desolada, con muy poca gente en sus calles y con poquísimos peregrinos. Y, allí, la misma sensación que he experimentado durante todo este tiempo en Tierra Santa, y cuyos motivos Enrique supo ver muy bien: “hay demasiadas capas superpuestas, demasiados añadidos, que no te dejan imaginar”. Igual que habíamos puesto nuestras manos en el Sepulcro, en la Piedra de la Deposición y en la roca del Calvario, las pusimos en la estrella de plata que marca el punto donde nació Jesús. “Hay que sentirlo en la piel”, dijo Juan Antonio: “arrodillarse, tocar la piedra, hacer lo que todos hacen”.

2 Comments:

Blogger Juan Ignacio said...

Quizás sabías o te sea interesante saber esto: clic.

20 junio, 2012  
Blogger julio martínez mesanza said...

No lo sabía, Juan Ignacio. Gracias por el enlace.

20 junio, 2012  

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