01 mayo 2012

límites

Con muchos más matices, naturalmente, el contexto en que se inscribe el siguiente párrafo de Samuel Johnson se podría resumir así: a la hora de emprender un proyecto artístico, científico o literario, tenemos que ser conscientes, por un lado, de que la vida tiene un límite y, por otro, de nuestras propias limitaciones: “¿Quién no ha tenido ocasión de arrepentirse por haber disipado sus capacidades en una infinita multiplicidad de objetivos, o de lamentar el súbito abandono de proyectos que eran excelentes porque se le presentaron otros que le atrajeron por su novedad, o de observar la imprecisión y deficiencias de obras que han quedado inacabadas por la excesiva ambición de su planteamiento?” (The Rambler, No. 17. Tuesday, 15 May 1750). Es decir, variedad de objetivos, cambio de objetivos y objetivos inadecuados. Según el carácter de cada cual, una de estas tres inclinaciones será la que conduzca al fracaso (o dos de ellas, o las tres a un tiempo, porque creo que, en algunas personas, pueden aparecer mezcladas en diferentes proporciones). Y, luego, ¿qué papel juegan nuestras virtudes y nuestros defectos? La ambición y la pereza pueden ir de la mano, y la ambición y el desorden también. Y una inmensa capacidad de trabajo puede ir acompañada de falta de objetivos claros y también de desorden. Y el orden y la pereza no siempre aparecen por separado.

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1 Comments:

Blogger Carlos Hernández said...

Yo creo en la ecuación siguiente: necesidad interior + circunstancias= posible obra artística o literaria.

Donde el principio de necesidad interior sería el único estímulo honestamente válido y las circunstancias todo aquello -incluyendo los propios límites, virtudes y defectos- que objetivamente se opone o favorece el proceso de ejecución del incipiente proyecto artístico, siendo la incógnita de esta ecuación la posible obra poética (o artística o literaria) que sólo el artista (o poeta o literato) estaría en condiciones de resolver; siempre que cuente, obviamente, con la necesaria intervención de ciertos elementos imponderables, ajenos a su esfuerzo y voluntad: llámense azar, inspiración o buena fortuna.

01 mayo, 2012  

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