07 mayo 2012

escritura

La palabra escritura, referida a cosas como el contenido y el estilo (o al resultado de relatar, poetizar o filosofar), resulta antipática e incierta. La literatura (como la lengua) es siempre oral, aunque se nos presente escrita. Es siempre algo que se dice y se oye, aunque sea a través de la lectura. Es probable que el abaratamiento del papel y la mejora de los instrumentos de escritura (de la estilográfica a la pantalla táctil) hayan modificado la manera de decir, y más que probable que hayan multiplicado el número de borradores; pero todo ello no justifica que la actividad secundaria acabe avasallando y nombrando por segunda vez a la primaria (por si literatura no fuera suficiente). Aceptamos escritor (porque, pese a su inexactitud, parece libre de carga ideológica y está tan asentada, que ya no hay opción) y letras (en el sentido de Filosofía y Letras o de Letras y Ciencias, por lo mismo) y aceptamos Sagradas Escrituras (porque no sólo se refiere a lo dicho, sino también a lo físico, a la letras y a los volúmenes); pero la palabra escritura, tal como la maneja cierta crítica, tiene una profunda carga ideológica (de la que hablaremos en otro momento). En cualquier caso, y ya en un plano distinto, sería interesante estudiar la otra cara de la moneda de la escritura (en sentido estricto esta vez): la página en blanco, que, ya que tiene que ser llenada, lo será con cualquier cosa; el verso libre, que no habría existido jamás sin la complicidad criminal de la escritura; la ridícula disposición de las líneas en ciertos poemas (carente de significado, por mucho que digan); la poesía visual, ese oxímoron. Y la posibilidad de escribir textos tan desaforados como éste.

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9 Comments:

Blogger Juan Ignacio said...

Muy interesate lo que dijo, sí señor.

07 mayo, 2012  
Anonymous Acton said...

Habría que decir "novelista", "poeta" y "ensayista", y dejar el término "escritor" para los que son capaces de escribir sobre lo que sea, bricolaje, cambio climático o dieta vegetariana.

07 mayo, 2012  
Blogger Carlos Hernández said...

Francamente, Julio, no estoy de acuerdo con la tesis que defiendes en esta entrada. La valoro positivamente en el sentido de que me invita a reflexionar, pero no puedo expresar mi conformidad ni mucho menos mi convencimiento. Quedo a la espera de que nos hables en otro momento, tal y como sugieres, de la profunda carga ideológica de la palabra escritura; tal vez entonces consiga verlo de otro modo.

Un afectuoso saludo.

07 mayo, 2012  
Blogger Juan Manuel Macías said...

Completamente de acuerdo con tu tesis de entrada. La escritura me parece una prótesis de la memoria, y la memoria un gran misterio. Memoria es la musa que invocaba Homero. Todo es voz, en el fondo, al margen de prosa y verso. Incluso, al leer, siempre escuchamos una voz que nos lee. La escritura también nos trajo la superstición de que existe un arquetípo, que sería como el paraíso de los filólogos. En cuanto al verso libre, este término siempre me pareció muy desafortunado. Da una sensación de barra libre, de que todas las opciones pueden darse a un tiempo, y es como si se opusiera a un supuesto "verso tirano". Los poetas son libres y los versos son su elección concreta, ya quieran repetir los ecos de la tradición (no por preceptiva), ya quieran buscar nuevas músicas. Todo vale, pero lo importante es que sea memorable, único, que tenga un orden "sagrado", aunque sea un orden desordenado y asimétrico. Aunque a nosotros se nos olvide, es importante que lo pueda recordar Homero.

12 mayo, 2012  
Blogger Carlos Hernández said...

En orden a lo que comenta Juan Manuel quisiera decir, con todo el respeto, que a mí me sigue pareciendo una tesis un poco absurda, muy en la línea de un Zenón de Eleas o un protágoras, adiestrados ambos en demostrar lo contrario de lo que comunmente se considera como cierto a base del uso de paradojas y aporías. En este sentido, la afirmación de que "la literatura es siempre oral, aunque se nos presente escrita" equivaldría a la demostración de que Aquiles "el de los pies ligeros" era más lento que una tortuga.

Finalmente, si alguien no se hubiera preocupado de fijarlas por escrito (he aquí lo más importante), probablemente no tendríamos ni Iliada ni Odisea, porque, si a todos nuestros antepasados se les hubieran olvidado y sólo Homero pudiera recordarlas, Homero está muerto.

12 mayo, 2012  
Blogger Juan Manuel Macías said...

Creo que fue Chesterton quien dijo una vez eso de que si el mundo se acaba, el último de los hombres haría bien en recitar la Ilíada. O algo así. En ese sentido, tal vez, todos somos el último de los hombres. Si los poemas homéricos hubieran caído en el olvido, totalmente, hubiera sido trágico. Pero también una catástrofe de lo más natural. En el fondo, sucedió algo por el estilo. ¿Los poemas homéricos, cualquier poema, están en los libros? Yo creo que no. En todo caso, no me incomoda lo textual, ni mucho menos (soy filólogo, vivo entre textos). Lo que me resulta una falacia es entender el poema (la obra literaria, stricto sensu) como un objeto arquetípico, objetivo y alejado de nosotros y nuestra propia voz, que es la que realmente le da vida. Y eso es el germen, a mi juicio, de la superstición del texto.

12 mayo, 2012  
Blogger Carlos Hernández said...

Tal vez, en el fondo, no estemos tan en desacuerdo, siempre y cuando esa "voz" de la que habláis sea también la que existe en la mente o en el intelecto y no únicamente la que se manifiesta en el acto de hablar, declamar o recitar.

De este modo el poema o la obra literaria en modo alguno estarían alejados de nosotros, sino incardinados en la intimidad del yo. En cuyo caso la escritura cumpliría una función de mera representación de la "realidad" -expresada, verbigracia, en el poema-, de fijación de dicha "realidad", para que, sin necesidad de la presencia física del emisor, el receptor -esto es, el lector- esté en condiciones de poder asumirla e interpretarla; con lo cual estaríamos muy lejos de un mero objeto arquetípico, objetivo y alejado de nosotros, pues no hay nada más subjetivo que la interpretación personal. El texto es uno, pero pueden darse tantas lecturas como lectores haya. Yo mismo puedo leer un texto ahora y dentro de unos años me parecerá distinto.

No señores, la escritura es una cosa y la oralidad otra muy distinta, cumplen funciones diferentes, y lo único que, en mi opinión, puede hacer la escritura antipática e incierta es la subjetividad de quien se enfrenta a ella.

13 mayo, 2012  
Blogger Juan Manuel Macías said...

Siempre hay una voz, por supuesto, y el poema es un acto, no la indefinición de la escritura. Siempre hay una voz, da igual que sea ajena o esa voz que suena dentro de nosotros, cuando leemos, o recordamos un poema, la más misteriosa de todas las voces. En el fondo, todo lector es un oyente (además de actor). Pero no creo que sea un problema de escritura versus oralidad, que, por supuesto, son dos cosas muy distintas. Ni tampoco estoy hablando de recitar, o el arte de recitar, o las lecturas rítmicas de García Calvo y cosas así. También hoy en día hay un culto algo malsano a la figura del poeta recitando sus poemas, como si eso fuera una revelación. Creo que el meollo del asunto es una deriva semántica: el poeta ya no es poeta (en el sentido etimológico de la palabra) sino escritor. Es como si dijéramos que los músicos se dedicaran a hacer partituras, en lugar de música. Es muy probable (se ha dicho a menudo) que Homero se valiera de la escritura, yo lo encuentro verosímil. Pero eso no cambiaría nada las cosas.

14 mayo, 2012  
Blogger Carlos Hernández said...

Convengo en que quien es poeta se siente poeta antes que escritor y vive la poesía antes que la escritura, y esto no lo pueden cambiar ni críticos ni ideólogos ni lectores.

14 mayo, 2012  

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