20 abril 2012

tragedia

“Cuando un productor moderno de una tragedia griega nos explica, con insufrible condescendencia, que ha hecho la acción más verosímil eliminando a los dioses, no tenemos ninguna razón para estarle agradecidos” (Hugh Lloyd-Jones, en su introducción a la Orestíada). Yo diría aún más: quien piense que un texto de Esquilo es como un texto de, pongamos por caso, Tennessee Williams, escrito para representarse cuantas más veces mejor y bajo cualquier circunstancia, es que no ha entendido absolutamente nada. La modernidad no tiene formas ni géneros. Cuando quiere ser ella misma, actúa a partir del capricho o del caos; cuando quiere utilizar las formas y los géneros de la tradición, para parecer que tiene algunos, ignora el origen de éstos, que suele ser sagrado, y los emplea despojándolos, precisamente, de su función original. El resultado es que sólo ofrece vacío: poesía sin metro, tragedia sin dioses ni sacrificio, mística sin Dios.

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7 Comments:

Blogger Enrique García-Máiquez said...

Amén.

20 abril, 2012  
Anonymous gatoflauta said...

No sé bien qué haya que entender ahí por "modernidad", ésa que "sólo ofrece vacío". Pero, si por moderno se entiende "perteneciente o relativo al tiempo de quien habla o a una época reciente" (1ª acepción del DRAE), me alarmaría muchísimo pensar así. Como le he oído repetidamente a Francisco Brines (y yo pienso lo mismo), quien es incapaz de apreciar lo que se hace en su propio tiempo difícilmente tendrá una opinión personal y creíble sobre el pasado. Otra cosa que que a uno no le gusten ciertos aspectos de la modernidad, como al admirable Ramón Gaya; pero calificar que ese modo y sin matices a todo lo "actual o reciente" (Gaya incluido, supongo) me parece inaceptable.

20 abril, 2012  
Blogger RETABLO said...

O tauromaquia sin tercio de muerte. También esto es modernidad.

21 abril, 2012  
Anonymous Boscán said...

Yo rompo una lanza por lo que ha escrito Julio, querido Gatoflauta: si algo caracteriza a la modernidad (o a la postmodernidad) es la ausencia de formas y, sobre todo, una tendencia a desacralizar. de-construir y de-formar los moldes del pasado cuando se pone a reinterpretarlo. Y eso, para según qué textos, es una manera de adulterarlos y arruinarlos, porque no puede entenderse una tragedia griega sin dioses, sin coros y sin destino; y, si me apuras, sin el contexto en que nació.
Hoy en día disponemos de todas las manifestaciones culturales de todos los tiempos y todos los lugares en una enloquecedora simultaneidad: eso, que tanto enriquece, también relativiza y lleva a la parodia y la falta de capacidad para entender las cosas desde la perspectiva en que fueron creadas.
Tal vez nos falte humildad: que dispongamos de toda la cultura del pasado no nos da derecho a creernos por encima de ella.
Que uno sepa apreciar y disfrutar de las creaciones de su propio tiempo no excluye, en mi opinión, que deseche por frívolas esas versiones en que se juega con los clásicos para convertirlos en cascarones de un contenido sin alma.

21 abril, 2012  
Anonymous gatoflauta said...

Estoy de acuerdo básicamente con lo que dice Boscán, a quien agradezco además la amabilidad de su respuesta. Sólo que me parece que la condena que en el texto se hace de la modernidad es demasiado absoluta. Modernos, de acuerdo con la definición que antes copiaba, lo somos todos, incluyendo al propio Julio. Lo que ocurre es que dentro de ese cajón de sastre de lo actual caben muchísimas cosas. Y que me parece que se toma por la totalidad lo que sólo es una parte, y no la mejor precisamente. Me parece obvio que la modernidad ofrece algo más que vacío, aunque sea cierto que a veces ofrece sólo eso. Pero, repito, hay más, muchísimo más, y mejor. Afortunadamente.

22 abril, 2012  
Anonymous Boscán said...

Gracias, Gatoflauta, por tu atinado comentario. Es muy cierto que en la modernidad hay muchísimo más, y que afortunadamente abundan los contenidos y no siempre se juega a vestir de colores los vacíos.
Pero la cuestión que nos plantea Julio a mí me parece muy relevante: ¿cómo interpretar hoy en día una tragedia griega, cómo releer la Llama de Amor Viva, si ya no nos creemos los presupuestos a partir de los cuales se crearon estas obras? Disfrutamos de la belleza de Sófocles o del lirismo de San Juan de la Cruz; pero perdemos de vista que su escritura estaba transida, cada una a su modo, de divinidad. Si la modernidad se limitara a hacer una interpretación arqueológica de estos textos, al igual que la hace de un papiro egipcio, yo no tendría nada de qué quejarme. El problema radica en que un director de teatro o un cantautor quieran "acercarnos" trivializándolos y, por tanto, desustanciándolos. Si San Juan de la Cruz reinterpretaba el Cantar de los Cantares, lo hacía a partir de una posición profundamente religiosa; pero ¿qué persigue el realizador moderno que viste a Antígona con un liguero? Sorprender, supongo, renovar, me temo. Tal vez sea eso lo que quiere decir Julio cuando denuncia el vacío de esas manifestaciones de la modernidad.

22 abril, 2012  
Blogger julio martínez mesanza said...

Gracias a todos por vuestros comentarios y mi reconocimiento a Gatoflauta y Boscán por el modo y la altura de su debate.

24 abril, 2012  

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