24 abril 2012

poesía pura

Samuel Boyse (1708-1749), fue, como su amigo Samuel Johnson, uno de los colaboradores del Gentleman’s Magazine y, como éste, escribía, en primer lugar, para cubrir sus necesidades básicas, para poder pagar su ropa y su sopa; sólo que, a diferencia de Johnson, su trayectoria fue descendente, y acabó hundiéndose en la pobreza absoluta. Había llegado a empeñar hasta la última camisa y redactaba poemas religiosos para diferentes revistas envuelto en una manta a la que había practicado un agujero para poder sacar el brazo y escribir en el papel que sostenía sobre sus rodillas. Leyendo estas cosas y otras semejantes sobre Boyle y otros contemporáneos suyos en Samuel Johnson: A Personal History, de Christopher Hibbert (1971), me decía a mí mismo que la poesía ha sido muchas cosas, pero pocas veces esa actividad absolutamente pura que la mayoría de los poetas han reivindicado desde el Romanticismo. En el alba de la poesía occidental están presentes ya los certámenes (se decía que Hesíodo había derrotado a Homero en uno de ellos y se sabe que la poesía homérica le debe mucho a la rivalidad y emulación a que daban lugar los concursos poéticos) y también existían ya los encargos (Píndaro vivía bastante bien con lo que recibía por celebrar los triunfos de la aristocracia en las pruebas de los cuatro grandes Juegos). Cuando, en otros momentos de la historia, el ansia de fama o la necesidad de dinero no han intervenido, otros factores han ocupado su lugar para terminar arruinando esa pretendida pureza: la lucha ideológica, el odio personal, el alarde de inteligencia, la originalidad a todo trance, el resentimiento. Pero sólo en un mar así, de carencias económicas y de excesivo orgullo, de buenas intenciones y de bellaquería, tan sin sentido a veces, tan humano siempre, encontraremos las islas deslumbrantes y los puertos amables, no sé si puros o no, pero muy humanos también y repletos siempre de sentido.

Etiquetas: , , , , ,

4 Comments:

Blogger Olga Bernad said...

Es verdad. Quizá porque la pureza de la poesía no es exactamente la de la persona, y porque la pureza puede brillar como una pepita de oro lo hace entre el río de lodo que, aunque la mancha, también la pule y la transporta. Y sin embargo hay metales limpios que nunca serán oro. Y porque, cuando de poesía se trata, no todo es totalmente explicable (a Dios gracias).

24 abril, 2012  
Blogger Carlos Hernández said...

En mi opinión la poesía es siempre un fiel reflejo o algo así como correa de transmisión del alma o de un estado, que puede ser más o menos transitorio, del espíritu del poeta. Así pues, no admite fingimientos, dicho en el sentido de que, y es el caso que nos ocupa, si alguien se propone escribir un "poema puro" y el estado de su espíritu está "contaminado" por el orgullo, la envidia, la emulación, la bellaquería, las buenas intenciones, etc., el resultado reflejará indefectiblemente y en mayor o menor grado la verdad que esconde. Podrá engañar a lectores poco avisados o superficiales, incluso al lector experimentado y atento en un principio, pero más pronto que tarde la superchería se acaba notando.

Sólo aquella persona que viva el acto de escribir un poema como una experiencia "pura" estará dotada para escoger el término preciso e insustituible que contribuya a fijar dicha experiencia, pues, visto desde otro ángulo, sólo ella estaría capacitada para prescindir de todas aquellas expresiones que su espíritu rechazaría por no ajustarse, en todos sus matices, a la visión o realidad que se ha propuesto expresar.

De todo esto deduzco, como conclusión, ya que la pureza no es una cualidad de la se revista uno con la misma facilidad con que se pone una chaqueta, que el hecho de componer un poema de tales características tendría algo de prodigioso, sobrevenido o casual, fruto más bien del azar o las circunstancias que del propósito consciente del autor.

24 abril, 2012  
Anonymous gatoflauta said...

Yo creo que tiene mucho sentido un comentario que leí, atribuido a Pushkin: "La inspiración no se vende; el poema sí". Una distinción que me parece muy sutil y atendible.

24 abril, 2012  
Blogger julio martínez mesanza said...

Gracias por vuestros muy atinados comentarios. De lo que decís los tres se obtienen provechosas lecciones. No sé: para que la poesía fuera completamente pura, en el sentido, p.e., juanramoniano, lo primero que tendría que hacer uno es quitarse de en medio, porque nadie puede sentirse capacitado para alcanzar semejante perfección. ¿Y quiénes harían entonces los poemas? Como poco, desaparecería una buena parte del género (la llamada poesía pura) y seguiría viva la poesía de siempre.

25 abril, 2012  

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home