13 abril 2012

acabar o no los libros

Sin duda, Samuel Johnson dedicó muchísimo tiempo a la lectura, pero confesaba que había leído pocos libros: “Son, generalmente, tan repulsivos, que no puedo leerlos”, le dijo cierta vez a William Bowles (Christopher Hibbert, Samuel Johnson. A personal History, 1971). Pero, para que la frase haga honor a la verdad, le falta un “hasta el final”. Johnson, como otros, no terminaba casi nunca los muchísimos libros que empezaba a leer o ni siquiera los leía desde el principio: los abría por aquí o por allá y, por hábito, descubría lo que de verdad le interesaba en ellos, sin perder más tiempo, porque siempre esperaban otros. Incluso hacía lo mismo con los poemas: por cortos que fueran, a menudo los dejaba a medias. Seguramente, su conocida pereza y la ansiedad de encontrar otras cosas que también valieran la pena andan aquí mezcladas. Ni que decir tiene que comparto la actitud de Johnson. No tengo su memoria ni su entendimiento, pero sí esa pereza y esa ansiedad. He dejado a medias muchísimos más libros de los que he conseguido terminar. Y no siempre porque no me gustaran lo suficiente. Algunos los he dejado (y no sé si volveré a encontrarme con ellos) porque me daban demasiado, porque, a cada línea, me proponían un combate espiritual que no podía sostener por mucho tiempo con mis armas. Sea como fuere, a mí también me parece estúpido, como a Johnson, ese consejo de que hay que terminar los libros que se empiezan. Y no sólo porque la vida sea breve.

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8 Comments:

Blogger Juan Ignacio said...

Si me permite...

¡Qué curioso!

Aquellos que "me daban demasiado, porque, a cada línea, me proponían un combate espiritual que no podía sostener por mucho tiempo con mis armas" son precisamente los que nunca dejo sin terminar.

De hecho, no entiendo la necesidad de "espirituales armas". A veces no creo que haya que tener muchas armas. A veces quizás alcanza con dejarse herir un poco.

13 abril, 2012  
Blogger julio martínez mesanza said...

Tienes razón, Juan Ignacio: ésos hay que terminarlos y, si te hieren, tienes que dejarte herir, pero yo no siempre lo consigo. Las armas a las que me refiero son el entendimiento y la voluntad y, en mi caso, no siempre están a la altura. Hay libros que, a la vez que te proponen un ejercicio intelectual intenso, van iluminando, por medio de muchos deslumbramientos consecutivos, regiones que para ti no existían o permanecían en la sombra. Cada uno de esos deslumbramientos viene acompañado de una agitación especial, mezcla de entusiamo y vulnerabilidad. Es una secuencia física que no me resulta fácil sostener por mucho tiempo. Si el entendimiento fuera mayor, todo sería menos compulsivo y seguramente no tendría que ponerse a prueba la voluntad.

13 abril, 2012  
Blogger Carlos Hernández said...

En mi caso, sin embargo, son pocos los libros que no he terminado de leer; podrían contarse con los dedos de la mano. No me gusta dejar las cosas a medias, lo cual no me convierte automáticamente, creo yo, en una persona en exceso obstinada o contumaz, sino en alguien que se lo piensa mucho antes de emprender tareas dudosas, alguien en cierto modo perezoso a la hora, por ejemplo, de tomar un libro que no le ofrezca una perspectiva con suficientes garantías.


Por otro lado, he de confesarte que hay libros demasiado densos, de lectura áspera, monótona o desabrida, que tras el esfuerzo de voluntad preciso para acabarlos han dejado un poso, una huella magnífica e imborrable en mi espíritu que compensa con creces el tiempo y la energía invertidos. Si bien no ocurre en todos los casos, esto es un hecho constatable en otros aspectos de la vida misma, como el guerrero que, tras una campaña en parte tediosa y plagada de sufrimientos y fatigas, recibe la impronta de unos días muy intensos que endurecen su alma y lo engrandecen, y ya no es el mismo.

13 abril, 2012  
Blogger julio martínez mesanza said...

El símil del guerrero, Carlos, es muy oportuno aquí. Y es muy cierto lo que dices: lo más difícil, aquello que requiere de nosotros un esfuerzo mayor, es también lo que más contribuye a fortalecer nuestro espíritu y a enriquecernos.

13 abril, 2012  
Blogger AFD said...

Rara vez acabo un libro (aunque algunos los leo muchas veces). Y ya casi he dejado de sentirme culpable. El aval de Johnson ayuda, gracias.

14 abril, 2012  
Blogger julio martínez mesanza said...

Creo, Alfredo, que los que no acabamos los libros somos, en general, más propensos a la relectura.

14 abril, 2012  
Blogger Juan Ignacio said...

¡Esto es sorprendente!
En los últimos tiempos, en que me pasó un poco más de no terminar libros, me pasó también de hacer pequeñas relecturas.

(Esto me asusta, estoy teniendo demasiadas revelaciones; ¡me parece que no voy a acabar este blog!)

14 abril, 2012  
Blogger Unknown said...

La verdad es que creo que hay libros que no merecen ser terminados. El mero gusanillo de saber como acaban no es suficiente. También es verdad que es en ocasiones en las que yo como lector soy el que no puede con el libro, quedo saturado y éste me vence. En esas ocasiones, lo aparco, leo otros libros entre medias (lo mejor para mí, es cambiar de género. Si es una novela, leo ensayo, por ejemplo). Y una vez pasado ese tiempo, retomo el libro con ganas. Con gran avidez lo termino superando las dificultades previos, y son para mí los libros que más me satisfacen finalmente.

03 mayo, 2012  

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