08 marzo 2012

destruir el tiempo

Aquellos a quienes su fortuna les permite seguir su propia conducta, “not being chained down by their condition to a regular and stated allotment of their hours, are obliged to find themselves business or diversion, and having nothing within that can entertain or employ them, are compelled to try all the arts of destroying time” (The Rambler, No. 6. Saturday, 7 April 1750). Samuel Johnson pone luego el ejemplo de los miembros de una familia que ven, con sombría resignación, que tienen que pasar la tarde conversando entre ellos, después de haberles fallado todos los planes previstos y todos los improvisados. De repente (así son las revoluciones en el mundo), un visitante inesperado, con su sola presencia, aliviará su aburrimiento, y, como los víveres que llegan a una ciudad hambrienta, esto les permitirá aguantar hasta el día siguiente. Yo creo que el caso es más grave: la gente, en general, no sabe estar consigo misma, tenga o no medios de fortuna y tenga o no unos horarios obligados y regulares. El problema para muchos es cómo destruir el tiempo, sea éste mucho o poco. Johnson escribe a continuación sobre otra de las formas fracasadas de la huida de uno mismo, la de cambiar de lugar, pero de esto hablaremos en otro momento.

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