26 febrero 2012

18 floréal


Robespierre: “L’athéisme est aristocratique. L’idée d’un grand Être qui veille sur l’innocence opprimée et qui punit le crime triomphant, est toute populaire”. En Atenas, durante la democracia, fue también así: los demócratas eran religiosos, es decir, respetaban el culto; el desprecio de la religión era propio de algunos aristócratas (p.e., la profanación de los misterios, la mutilación de los hermes y el papel que pudo jugar Alcibíades en todo ello). La diferencia es que a los revolucionarios franceses tampoco les gustaba la religión y el culto que habían heredado; eran deístas y, para ellos, Dios no era quien dice Yo soy el que soy, sino alguien a quien se le dice Tú eres lo que yo y mi razón quieren que seas, es decir, cualquier cosa; aunque ellos, muy conservadores en cuanto al léxico, lo llamaron Ser Supremo: “Le peuple français reconnaît l’existence de l’Être suprême et l’immortalité de l’âme” (Décret 18 flóreal an II; para nosotros, 7 de mayo del año del Señor de 1794). Eran las fechas de la Grande Terreur y ese reconocimiento de la inmortalidad del alma por parte del Estado (creo que se trata de un caso único) seguro que sirvió de mucho consuelo a más de un ciudadano racional a punto de perder la cabeza.

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2 Comments:

Blogger Adaldrida said...

Nunca había leído a Robespierre. Gracias a ti, lo hago.
Pero...
¡Quiero un poema tuyo!

28 febrero, 2012  
Blogger julio martínez mesanza said...

Creo que prontito, Rocío... ¡Ojalá!

29 febrero, 2012  

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