el género chico
Un buen aforismo estimula. Dos o tres seguidos, deleitan. Cuatro o cinco, confunden (sobre todo, si saltan de un tema a otro). El quinto y el sexto ya cansan. Al séptimo, dejas el libro, para volver a él mañana y repetir la secuencia. Así, un buen libro de aforismos de unas trescientas páginas tendría que durarnos por lo menos un año. Con los haikus ocurre lo mismo.

7 Comments:
Ventaja de esos libros, que se pueden leer despacio, cosa que habría que hacer con todos los libros buenos.
A mi me pasa con los aforismos, con los haikus y hasta con los poemas.
Lo bueno es cuando uno para, no porque se "saturó", sino porque encontró uno bueno y la necesidad de "rumiarlo" le impide seguir.
So long.
Para variar, concuerdo completamente. Y, en general, como que en español no me dicen mucho los haikus, ni de tres en tres (¡no que sepa yo japonés, pero en inglés soy más tolerante!). Sé que están ahora muy de moda los haikus, pero aun a riesgo de parecer un cascarrabias, confieso que sólo recuerdo dos en español que realmente me hayan gustado:
PERCEVAL
Sangre en la nieve.
Y el grial escondido
bajo la túnica.
De L.A.C.
Y uno que Miguel d'Ors integra en su poema "Lo mejor que me queda":
Para el aroma
nocturno del jazmín
no hay alambrados.
Es verdad, Juan Ignacio: pasa lo mismo con muchos buenos libros de poesía.
Yo tampoco soy muy de haikus (digamos) occidentales, Alfredo, (aunque algunos me han gustado mucho), y los otros, los japoneses, no sé cómo suenan realmente, así que... Si se trata de conseguir ciertos efectos, estamos desaprovechando nuestra tradición de gracia y delicadeza: el verso corto y las rimas asonantes.
Yo incluso sospecho que la chispa de los haikus en japonés es mucho más semejante a la de nuestras estrofas de arte menor con rima asonante, que a nuestros haikus.
En respuesta a AFD: yo descubrí el haiku a principios de los años noventa (entonces no estaban de moda), y me fascinaron. Y lo que me atrajo tan poderosamente en ellos fue justamente lo que no tenían -no, al menos, de modo tan marcado- las formas breves de nuestra tradición, tanto las cultas (el epigrama clásico y todas sus herencias) como las populares. Que contienen, una y otra, muchos ejemplos verdaderamente espléndidos, pero que tienden a ser formas cerradas: a desarrollar una idea, o una intuición, hasta un final perceptible. Con el haiku descubrí una forma breve pero, al mismo tiempo, abierta: abierta a la sugerencia, a la resonancia no expresa, a las posibilidades que están aunque no se digan. Y eso, sospecho, está igualmente en el original japonés, aunque yo sólo pueda leerlos en traducción. No creo, pues, que repitan algo que nosotros ya teníamos, sino que -en los buenos ejemplos, claro- aportan de verdad algo nuevo.
Sé que no es un haiku, pero a mí siempre me ha fascinado este poema de Francisco Pino:
RUISEÑOR
Surtidor.
A media noche
gotea sol.
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