20 septiembre 2010

de nuevo cartago

Gracias a un prólogo para Salammbô, que Antonio Rivero Taravillo me pidió que escribiera, he vuelto a Cartago. En un primer momento, pensé basarme, por un lado, en mis recuerdos de la ciudad ausente y en mis conocimientos de su historia y, por otro, en las impresiones que conservaba de la lectura de la novela (allá por el 83), pero la tentación era grande y, en seguida, me vi de regreso a Polibio y a los demás, y envuelto de nuevo por la grandeza visual de las páginas de Flaubert. Además, he vuelto a una clarísima mañana de junio de 2008, en la que, junto a Santiago Miralles, miraba la hermosura del mundo desde Cartago y he vuelto a esos paseos por el puerto militar púnico, a ese anillo de agua con una isla en el centro, que, para mí, sigue siendo la mejor explicación acerca del ser y la nada.

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