08 marzo 2010

medias verdades

Seguramente, no hay mucha relación entre la capacidad de no mentirse a sí mismo y la virtud de no mentir a los demás. Para decir una mentira a sabiendas se necesita, en el fondo, haberse dicho antes una verdad. Seguramente, habrá personas que se mienten a sí mismas y que mienten a los demás. Otras, que sólo a los demás. Y otras, que sólo a sí mismas. Para Sócrates (Crátilo 428d), esto es lo más odioso, dejarse engañar por uno mismo. “Cuando el que quiere engañarte no se aleja un poco, sino que está siempre contigo, ¿cómo no va a ser temible?” Los engaños peores van dirigidos, pues, de nosotros a nosotros mismos. Además, podrían parecer los más estúpidos, porque aquí quien dice la mentira sabe que quien la escucha conoce la verdad. ¿Cómo se puede engañar entonces? Por medio de la persuasión, es decir, de las medias verdades, porque quien escucha la mentira y conoce la verdad, aunque esté dispuesto a abandonar su posición de antemano, no puede hacerlo si el camino de retirada no le ofrece cierta seguridad, y en la mentira, sin más, nadie encuentra esa seguridad. Todas las mentiras, sin más, y las verdades a medias que nos decimos buscan la exaltación, el consuelo o la justificación; también la justificación por haber mentido a los demás.

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2 Comments:

Anonymous Diego Clemén said...

Redondo. Absolutamente cierto.

09 marzo, 2010  
Blogger julio martínez mesanza said...

Al menos, en algunos casos, Diego.

10 marzo, 2010  

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