02 marzo 2010

the holy life of music and of verse

En la versión de 1805 de The Prelude, dice Wordsworth: “… ‘Tis a power / That does not come unrecognized, a storm / Which, breaking up a long-continued frost, / Brings with it vernal promises, the hope / Of active days, of dignity and thought, / Of prowess in an honourable field, / Pure passions, virtue, knowledge, and delight, / The holy life of music and of verse” (I, 47-54). En la de 1850: “… the hope / Of active days urged on by flying hours,-- / Days of sweet leisure, taxed with patient thought / Abstruse, nor wanting punctual service high, / Matins and vespers of harmonious verse!” ( I, 41-45). Lo que en la primera versión son días de dignidad y de pensamiento, de pasiones puras, de virtud, conocimiento y placer, en la segunda, de ocio y cargados de perseverante, de paciente pensamiento abstruso. Finalmente, lo que en la primera versión es la santa vida de (la) música y (del) verso, en la segunda se convierte en maitines y vísperas de verso armonioso. Prefiero, sobre todo en lo que se refiere a este último verso, la primera versión. Maitines y vísperas, aunque ayuden a la santificación, no tienen la fuerza de esa “santa vida”. Y “verso”, así, sin adjetivos, y con esa “música” que le precede, es más evocador que “armonioso verso” y habla más de una actividad que del producto conjeturado de esa actividad. Quizá la primera versión sea más abstracta, pero, pese a todo, también es más poética, por la sencilla razón de que no tiene elementos manifiestamente poéticos. Centrémonos en ella. ¿Hay una vida de (la) música y (del) verso? Si la hay, ¿es o puede ser santa esa vida y en qué sentido lo es, si lo es? ¿Es santa porque es buena y hace el bien? Si hace el bien, ¿se lo hace sólo a sí misma o también a los demás? ¿Procede sólo del orden esa vida? ¿Sólo es posible como consecuencia de esos días activos? ¿Hay una relación necesaria entre la santa vida de música y verso y los días de dignidad y pensamiento? ¿Son, sin más, esos días activos de dignidad y pensamiento la santa vida de la música y el verso? ¿A qué se oponen esos días de dignidad y pensamiento? ¿A qué, la santa vida de la música y el verso? ¿A las pasiones impuras y al desconocimiento? En la vida dedicada al pensamiento hay dignidad. ¿Hay una dignidad especial en dedicarse a hacer versos? ¿Hay algo que realmente pueda llamarse, en un sentido restringido, pensamiento en esa vida? ¿Hay dignidad fuera de esos días? ¿Puede existir el verso fuera de esos días y de esa vida?

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5 Comments:

Blogger tosigo ardento said...

Sólo respondería a una de esas preguntas; son demasiadas y algunas tan complicadas como la propia vida y su pensamiento... Sí creo que hay una dignidad especial en dedicarse a hacer versos. Claro que la hay. La hay en la medida en que al escribir poesía, con los años, uno se va haciendo mejor persona. Va ennobleciéndose, alejándose de la barbarie.

03 marzo, 2010  
Anonymous Diego Clemen said...

Yo creo que el arte no ennoblece a la persona. Ni los versos, ni la pintura ni la música... Son categorías estancas.

03 marzo, 2010  
Blogger julio martínez mesanza said...

Es un buen tema para reflexionar, Alfredo y Diego.

04 marzo, 2010  
Anonymous Boscán said...

Después de un larguísimo período de long-continued frost, rompes ahora con entradas que se encabalgan; yo me he quedado en esta todavía. ¿Por qué no nos respondes tú, Julio?: ¿Hay una dignidad especial en dedicarse a hacer versos?
Y no te escapes respondiendo que el poeta es quien hace las preguntas y no quien facilita las respuestas.

04 marzo, 2010  
Blogger julio martínez mesanza said...

No, no me pienso escapar, Boscán; pero es un asunto que merece, por lo menos, una entrada. Me pongo a ello.

05 marzo, 2010  

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