24 marzo 2010

ezequiel 1:28

Ya Abrán (Gen 17:3), justo antes de pasar a llamarse Abraham, había caído de bruces ante la presencia de Shaddai. Ezequiel, en presencia de la gloria del Señor, se lanzará cuatro veces al suelo, con su rostro contra la tierra (1:28, 3:23, 43:3 y 44:4). El poder de la Presencia es irresistible. El hombre podría ser aniquilado si mantiene la mirada fija en ella. Esto se sabe, pero quizá haya más: una imagen espacial, una figura o una metáfora que no se debe leer ni figurada ni metafóricamente. El rostro de Ezequiel contra el suelo mientras escucha la exhortación del Todopoderoso nos habla también de la misión del profeta. Escucha (necesariamente) de espaldas para, luego, hablar de frente a los hijos de los hombres, que, como él, vienen del barro y serán, tarde o temprano, ceniza, polvo, nada. Les habla no sólo con los pies en la tierra (es decir, sin misticismos), sino, literalmente, después de besar el polvo.

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6 Comments:

Blogger gomez de lesaca said...

La presencia de Dios como una experiencia de lo tremendo es un asunto tratado por Rudolf Otto en su ensayo Lo Santo, que aparece, creo recordar, en una de sus cajas de libros. Fue, además, una obra editada por Revista de Occidente antes de la Guerra.

Saludos.

24 marzo, 2010  
Blogger julio martínez mesanza said...

Así es, Gómez de Lesaca. Yo tengo una edición posterior en Alianza.

24 marzo, 2010  
Blogger cb said...

Precioso ese escuchar, necesariamente, de espaldas, para luego hablar de frente. Y el hablar con los pies en la tierra después de besar el polvo.

Y la diferencia entre místicos y profetas es interesantísima. Los místicos siempre corriendo en pos del Amado, y los profetas huyendo de Dios hasta que se convencen de que no hay escapatoria: el mismo Moisés, el que más cara a cara estuvo de la Presencia, empieza replicándole: "Por favor, envía a quien quieras", y Elías, y Jonás...

Precisamente anoche leía el relato de García Morente sobre la experiencia que cambió su vida: "Yo no lo veía, no lo oía, no lo tocaba. Pero El estaba allí... percibía su presencia con la misma claridad con que percibo el papel en que estoy escribiendo... Era una caricia infinitamente suave, impalpable, incorpórea, que emanaba de Él..."
Qué Presencia tan diferente, ¿no?
Pasó el resto de su vida emocionado, agradecido, callado, al menos en la medida que pudo, y repitiendo "Dios mío, os amo, os amo, os amo..."

24 marzo, 2010  
Blogger julio martínez mesanza said...

Creo, Crista, que la experiencia de los profetas es, también, más comunicable que la de los místicos. Y lo que nos dicen es más esencial y necesario.

25 marzo, 2010  
Blogger JISG said...

Hoy día toca ser mártir, profeta y poeta. No es imcompatible la visión del místico con la del profeta.
Ezequiel es un buen referente como profeta. Poetas se pueden buscar en la mística. ¿Pero quién elige su martirio?.

26 abril, 2010  
Anonymous Auberon Quin said...

Bien apuntada esa nota de la vocación profética. Álvaro, uno de mis alumnos, habla del "mandamiento cero", anterior al primero y condición de posibilidad de todo lo demás: "¡Escucha, Israel!".

28 abril, 2010  

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