03 agosto 2009

rut

“Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios” (1,16). Las palabras que dirige Rut a Noemí son de amor y de lealtad, sin duda, incluso de sumisión, pero también de conversión; por lo tanto, expresan libertad. La conversión es uno de los mayores actos de libertad. Es un no a la propia herencia, a la tradición propia y al dios del lugar o de la época. Sólo nos pertenece, realmente, lo que adquirimos, no lo que heredamos. De igual forma, pertenecemos solamente a lo que hemos adquirido, a lo que hemos dicho sí.

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13 Comments:

Blogger Javier Sánchez Menéndez said...

Si nos perteneciera lo que heredamos, dejaríamos de ser. Y nuestra vida tendría escaso sentido.

Un saludo.

03 agosto, 2009  
Blogger Adaldrida said...

yo creo que nos pertenecen ambas cosas, pero lo que adquirimos, más. Y sí decimos sí a nuestra herencia cada día, doble conversión.

08 agosto, 2009  
Blogger Olga B. said...

Qué valor hay que tener a veces para cerrar los ojos y decir sí. Sincera y humildemente, pero también irrevocablemente, aunque haya que desaprender todo lo aprendido.

13 agosto, 2009  
Anonymous Emilio said...

Esa forma de muchas mujeres hoy en día de poner por encima los hijos (herencia) al amor libremente elegido, me parece por eso un signo de profunda equivocación. Qué pocas Rut veo a mi alrededor.

15 agosto, 2009  
Blogger Ramiro Rosón said...

Bien dice Ud. que la conversión es uno de los mayores actos de libertad, pues, a menudo, el converso ha de enfrentarse a las murmuraciones y al rechazo de quienes lo rodean, a un entorno hostil a sus nuevas creencias. Nunca ha habido nada más cómodo ni más beneficioso que adherirse al pensamiento de la mayoría sin haberlo cuestionado previamente. Sin duda, sólo nos pertenece lo que adquirimos, es decir, las personas, los lugares, las cosas y las ideas a las que nos sentimos hondamente ligados. Y lo demás es hojarasca. Quizás el aprendizaje de la vida consista, a partes iguales, en aprender y desaprender, en conservar lo valioso y desechar lo inútil para acercarnos a lo nuevo. Así decía Juan Ramón Jiménez:

"Quememos las hojas secas
y solamente dejemos
el diamante puro, para
incorporarlo al recuerdo,
al sol de hoy, al tesoro
de los mirtos venideros..."

Saludos cordiales. Lo invito a que pase por mi blog cuando quiera.

15 agosto, 2009  
Blogger Tomás Salas said...

Déjà Vu

Todo lo que yo pueda escribir
duerme en algún legajo
la siesta de los siglos,
esperando
la mano manchada de tinta
que venga a plagiarlo.
Todo lo que yo pueda escribir,
en el Parnaso
donde no hay tiempo, lo glosa
Menéndez y Pelayo,
Borges lo cita, Cervantes lo parodia/
y al chino lo traduce Erza Pound.


http://lacoronaperdida.blogspot.com/

16 agosto, 2009  
Blogger Antonio Rivero said...

Pienso que no hay conversión sin intervención directa de Dios, por mucho que el ser humano se cercione racionalmente que cree, la fé es la manifestación de que Dios es imposible de comprender. El sí es un paso anterior o eso creo yo para poder recibir la conversión.

Tienes razon en lo que "Sólo nos pertenece, realmente, lo que adquirimos, no lo que heredamos. De igual forma, pertenecemos solamente a lo que hemos adquirido, a lo que hemos dicho sí"

LA herencia es una burda sombra que el hombre impone a sus hijos o iguales, no les deja respirar la verdadera brisa de lo conseguido. Creer en Dios es más hermoso si uno dice el sí y no que lo digan por uno...

18 agosto, 2009  
Anonymous CB said...

Creo que nos pertenece, y adquirimos, lo que llegamos a amar, ya lo hayamos heredado o encontrado por la calle. Sólo se adquiere, y nos pertenece lo que amamos, excepción hecha de la lavadora a plazos, y puede que ni siquiera, que yo a la mía le tengo verdadera estima.
No veo realmente, Julio, la oposición que planteas entre adquisición y herencia, y menos en Rut, que es imagen de la fidelidad a lo adquirido y a lo heredado, en su caso una suegra, a la que por fidelidad al marido muerto no abandona.

En cuanto a conversión y libertad, menudo tema. Desde luego, decir sí, desde el fondo del corazón, es, debe ser, un verdadero acto de libertad. Decir sí cada día lo es, permanecer en la fe lo es, renunciar a lo que haya que renunciar lo es, todos son actos de libertad... Pero esa identidad entre conversión, libertad y adquisición, tiene algo que rechina y que habría que matizar muy mucho, me parece. En primer lugar por el tema de la gracia, que San Pablo no decidió tirarse del caballo, aunque agradeciera eternamente la caída; en segundo lugar porque la conversión, siendo quienes somos, estando donde estamos y viniendo de donde venimos, suele ser un sí a la propia herencia y tradición, o un vover a aprender lo desaprendido y decir adiós a unas cuantas adquisiciones absurdas.

Es un asunto largo, de todos modos lo que me deja atónita es el comentario del comentarista Emilio sobre los hijos-herencia (?) y la escasez de Ruts, cuando el parecido con Rut supongo que ha de medirse por la capacidad de fidelidad más que por la de amour fou. Si ponen los hijos por encima, querido Emilio, quizá es porque aún les queda un poquillo de Rut; y lo que no abunda, gracias a Dios y a sus sabias leyes naturales, son las Emmas Bovarys. Por suerte para ti, créeme, que luego agobian mucho.

Hemos llegado a los 40 grados, son las 11 de la noche y no corre una gota de aire, si he sido impertinente, que me temo que un poco sí, ruego disculpas porque es pura desesperación.

18 agosto, 2009  
Blogger Tomás Salas said...

Todos somos conversos, incluso los que son creyentes desde siempre, porque en todos actúa la Gracia sobre nuestra Naturaleza, que es (no lo olvidemos) caída. Hay que profundizar en el concepto católico de pecado original para situar este tema.

20 agosto, 2009  
Blogger Olga B. said...

Conversos fueron los primeros cristianos. Hay un momento en que un joven le pregunta qué debe hacer para conseguir la vida eterna, y él le responde algo tan simple como que venda todo lo que tiene, dé el dinero a los pobres y le siga. Qué claro era. “El joven se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes”.
“Porque tenía muchos bienes”. Pobre, su herencia fue su lastre. Y, a la vez, me parece tan humano. Al menos se fue apesadumbrado. No todo el mundo sirve para ser Rut, pero por lo menos no se agarró al cinismo de la autocomplacencia.

20 agosto, 2009  
Anonymous CB said...

No veo que sea su herencia lo que le impida seguirle, Olga, sino su apego a los bienes materiales, a los bienes propios (en ningún momento se dice si heredados o adquiridos). El "no" que el joven rico no es capaz de dar, no lo es a su tradición, que es la herencia de la que me ha parecido entender que hablaba Julio, sino a "cosas" que pueden venderse, y a las comodidades, preeminencias y vanidades que van con ellas.
"No depende de nosotros creer en Dios, pero sí el no hacer objeto de nuestro amor a falsos dioses", dice S.Weil (Pensamientos desordenados acerca del amor a Dios).
En cuanto a la autosatisfacción del que dice sí, o lo intenta, creo que te equivocas. Creo que una de las características de la conversión, y por eso hablaba de la gracia y me rechinaba lo de la "adquisición", es el reconocimiento de un don, algo recibido de lo que no cabe enorgullecerse, y que tiene la virtud de romper todos los pedestales. El primer "no", lo es a todo lo que uno ve en sí mismo, a todo eso que llamaba "yo" y que allí queda, ridículo y tirado por los suelos. La gratitud, que es otra de las características, tampoco se compadece mucho con la autosatisfacción. Ni el sentimiento de radical insuficiencia, hasta para seguir diciendo el "sí" de cada día, que hay que pedir como el pan.
San Agustín decía aquello de "Da lo que pides, y pide lo que quieras". No tenemos lo que nos pide, igual que el joven rico, ninguno tenemos las fuerzas necesarias. Sólo que uno se va y otros se quedan pidiéndole a Dios que haga posible lo imposible. No veo mucho sitio en todo esto para el cinismo ni para la autosatisfacción, Olga, pero, en fin, tú que lo dices seguro que sabes por qué.

23 agosto, 2009  
Blogger Olga B. said...

Con lo claro que me parecía y resulta que no lo había entendido. Menos mal que me lo has explicado con muchas palabras. Admiro lo que se puede llegar a hacer argumentando.
Gracias.

23 agosto, 2009  
Anonymous Auberon Quin said...

Como CB, me cuesta ver la oposición real entre lo que heredamos y lo que asumimos, ya que lo que heredamos es, para empezar, la posibilidad de asumir algo. Por eso creo que los hijos son don recibido y posibilidad de crecimiento. Pero es muy propio de la modernidad entender lo real en clave dialéctica -aut... aut; esto vs. lo otro- y no dialógica -et... et; esto complementa lo otro-. Y, honestamente, no me imagino a Rut Moabita entrando en Belén de Judá con un planteamiento hegeliano...
Gracias por la entrada y la discusión.-

08 septiembre, 2009  

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