kairuán
Ya que era la última vez que los veía, quise entretenerme en distinguir, si romana, bizantina o árabe, la procedencia de cada uno de los capiteles de la Gran Mezquita de Kairuán. Los del patio, porque, cristiano, no podría hacer lo mismo con los de la sala de la oración. Al final, me entretuve con unos pocos y el resto lo dejé para otra vez; es decir, para nunca. Miré el patio desde todos los ángulos y bajo un océano de luz. Es el cuadrado más hermoso de África. Y la torre... ¡Cuánto amo las torres!
Etiquetas: túnez

12 Comments:
Bellos versos:
"El resto lo dejé para otra vez,
es decir, para nunca".
¡La métrica escondida! Ni me había dado cuenta. Gracias, Javier.
“Nunca” es un intervalo no conmensurable, por lo tanto nunca puede suceder “nunca”. Sin embargo, la emoción en tu palabra ocurre siempre; y, a pesar de la simétrica inconmensurabilidad de “siempre”, a un cristiano –seguro que estás de acuerdo– le es más familiar vivir con este adverbio.
Un abrazo, siempre.
Yo amo a la doncella que vive en el torre. Las torres no las veo: me he quedado ciego entre los puercos.
No sé, querido Antonio. Puede que tengas razón, pero en el siempre, a primera vista, hay muchos nuncas: todas las cosas que no han sucedido ni sucederán.
A mí me pasa lo mismo, querido Alfredo, pero, a veces, salgo de mí (o eso creo) y contemplo las torres desde afuera.
Yo todavía me acuerdo del deslumbramiento, en mi época de estudiante en la Autónoma de Madrid, que me vino con La torre en el yermo. Fue el segundo poema tuyo que leí, después de San Luis. Ambos los llevaba fotocopiados en la carpeta como oro en paño. Por una superstición tipográfica, claro, porque ya me los sabía de memoria y se los decía a mis amigos a la primera provocación. Fue un curso, un invierno muy largo. Llovió bastante sobre la Autónoma y sobre el mundo. Ahora soy incapaz de pensar en torres sin esa torre en el yermo...
Gracias, Juan Manuel, y perdona el retraso en publicar tu comentario. He estado sin internet varios días. ¡Lo que ha llovido también sobre esa torre! Me alegra que para algunos siga aún en pie.
Cómo no va a seguir en pie. Se pondrá de pie cada vez que alguien la lea.
Sí, Olga, aunque me sigue pareciendo milagroso y extraño.
"Miré el patio desde todos los ángulos y bajo un océano de luz. Es el cuadrado más hermoso de África. Y la torre... ¡Cuánto amo las torres"
A juzgar por cómo la describe, la mezquita de Kairúan debe de ser bellísima. Es curioso el hecho de que los árabes, a veces, aprovecharan los capiteles de las ruinas romanas para sus mezquitas. Esa amalgama de culturas las hace más atractivas.
Enhorabuena por este blog. Lo he descubierto hace poco y me gusta especialmente.
Muchas gracias, Ramiro.
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