13 febrero 2009

progreso y verdad

Se puede ver la historia de la filosofía a la manera de Hegel: estamos en la cima del saber porque somos los últimos que hemos llegado y, además, al Espíritu le ha dado tiempo de desplegar y resolver sus dramáticos y hermosos esquemas. Ahora es, por lo tanto, la hora de la verdad. También se puede dejar a un lado esa imagen de la historia e ir a la filosofía. Como poco, nos habremos librado de nuestra presunción. Dice Leo Strauss: “Para comprender la filosofía clásica (la griega) hay que tomársela en serio. Pero no se la puede tomar en serio si no se está dispuesto a considerar la eventualidad de que sus enseñanzas son pura y simplemente verdaderas o de que es fundamentalmente superior a la filosofía moderna” (On a New Interpretation of Plato’s Political Philosophy, 1946).

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7 Comments:

Blogger Dal said...

Cronolatría, lo llamaba Maritain (es lo último ergo es lo mejor). ¡Qué estupidez más grande! Eso sí, es casi genética en el hombre moderno.

Otros somos más manriqueños...

13 febrero, 2009  
Blogger Antonio Azuaga said...

Lo sorprendente es la cantidad (por no decir totalidad) de ideas repetidas que uno se encuentra en la historia del hombre, lo que hace bueno el antiquísimo (encima) adagio del “nihil novum…” Podría recordar la tópica referencia de Whitehead sobre la filosofía occidental como “conjunto de notas a pie de página de Platón” (bastante cercana al fragmento que recoges de Leo Strauss), y no lo haría por mi admiración a éste, que ya conoces, sino por una certidumbre moral: la soberbia humana nos convierte en crédulos y recalcitrantes “descubridores del Mediterráneo”. La verdad es que el total de nuestras posibilidades “descubridoras” es bastante más limitado de lo que pensamos. Esta limitación es la que nos sorprende cuando “descubrimos” lo que, realmente, podemos “descubrir”: algo que el hombre supo hace demasiado tiempo. Dicho sea sin contradicción con aquello de Machado:

Nuestras horas son minutos
cuando esperamos saber,
y siglos cuando sabemos
lo que se puede aprender.

…Porque lo que consume más tiempo en el aprendizaje es la humildad.

Un abrazo.

13 febrero, 2009  
Anonymous Boscán said...

No sé si es falta de humildad, Antonio, o simple inquietud: el hombre quiere aportar algo propio a lo que se ha dicho o se ha hecho antes; pero esa novedad no tiene por qué ser mejor que lo anterior. Hoy por hoy ya nadie se cree la idea de progreso, pero si nos la creyéramos, sólo la aplicaríamos a ciertos campos, como las ciencias o la técnica; difícilmente a las artes, y en ningún caso a la filosofía.
Con los siglos la filosofía se ha hecho más compleja en sus elaboraciones, pero también por eso mismo más artificiosa y más endogámica. Las reflexiones sobre la lógica, el lenguaje o la ontología que tanto consumen a los pensadores desde Wittgenstein o Heidegger ni conmueven ni interesan como las verdades sencillas y rotundas de un Platón o un Epicuro. Y los que hablan de la vida y la sociedad y ganan premios de ensayo (o de novela...) se quedan en los aforismos y las trivilidades de la tertulia de café.
La cita que propone Julio es muy reveladora.

15 febrero, 2009  
Blogger Hiparco said...

Entre la constante recapitulación y la idea de progreso en la filosofía, quizás la ética es la que responda a la cuestión, pues ¿de qué sirve pensar como los antiguos, e incluso superarlos, si en la práctica no de cumple el designio de la razón? la historia contemporánea demuestra cuan lejos está de verse realizada la arcadia del filósofo; la habilidad (técnica) en su consecución es tarea del mismo, por ejecutar (¿como consejero, político, simple profesor universitario...?) creo en la undécima tesis sobre Feuerbach en el sentido de que el fracaso de los anteriores constituye el reto de los actuales.

16 febrero, 2009  
Blogger Antonio Azuaga said...

Con tu permiso, Julio, aunque sé que generosamente me lo concedes:

En mi opinión, Hiparco, tienes razón en parte. Pero sólo si pienso en el desfase de la razón práctica con respecto a la idea de progreso. La verdadera ética es dependiente de la consistencia en el ánimo. Esta consistencia, para mí al menos, sólo se halla en la razón firme o en la creencia incuestionable. En el insoportable siglo XVIII, aquélla se lo creyó, se convenció de que era firme, de que había despertado de un largo “sueño” y de que ya disponía de todos los recursos para dirigir no sólo su dimensión teórica, sino también su vocación moral. Pero para ello tenía que separarse, cuestionarse, “postular” los fundamentos de su firmeza. Éste fue Kant, que dejó a la primera dueña del progreso y a la segunda con tres muletas sobre las que aquélla no podía decir nada. Era cuestión de tiempo, poco a fin de cuentas, para que apareciera alguien, Marx en este caso, exigiendo la acción transformadora de la filosofía (inevitable recordar el “puente de Einstein- Rosen”, el “agujero de gusano”, que para ello tendió Hegel). Y lo hizo, pero lo que ocurrió es que la razón (aquí como sinónimo de filosofía en general) se convirtió en técnica, en instrumental, luego de demoler sus fundamentos como perversidad ideológica y de alguna que otra aventura histórica de oscuro recuerdo.

En ésas estamos: una “técnica” indiscutida (un microprocesador de 4 GHz es bastante más avanzado que otro de 1 miserable GHz, lo sé por experiencia) como bandera de progreso, una razón teórica circunscrita a grandezas pasadas que no ha sido capaz de superar y una razón práctica, una moral, reducida a las convenciones, a los acuerdos mayoritarios. Y a mí, me lo adornen como me lo adornen, me parece que, honradamente, nadie llega a pensar que algo es bueno no porque lo sea en sí, sino porque unos cuantos bípedos implumes (que exigen consistencias a la teoría para respaldar la efectividad de sus instrumentos) se hayan puesto de acuerdo en que lo sea.

No hay progreso porque hay estancamiento (o estancada deformación: es lo mismo) en la consideración de la acción, la “praxis”, del hombre. Por eso a todo el mundo se le antoja incontestable la bonanza de los 4 GHz. en su ordenador, pero discutible (“relativa”, vamos) la maldad criminal de cualquier "reventador" de vidas humanas... por convicto y confeso que sea éste.

Perdona, Julio, la invasión de tu brillante galaxia.

Gracias y un abrazo.

17 febrero, 2009  
Blogger julio martínez mesanza said...

Los demonios del relativismo y del historicismo. Y el orgullo.

19 febrero, 2009  
Blogger Iñaki Sánchez said...

En conocimiento no existe lo mejor, si acaso, lo cierto.
Lo cierto, en acto, es actual ergo eterno.
No me parece posible la comparación entre Hegel y Strauss.

04 marzo, 2009  

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