24 febrero 2009

infierno 1

No hay que tener miedo. Los sinónimos, si hablamos de poesía, casi nunca lo son. A las cosas hay que llamarlas por su nombre, sin tener en cuenta esa extraña ley que ordena no repetirse. Hasta cinco veces en menos de cincuenta versos, Dante repite la palabra paura y, en una ocasión, después de sólo cuatro versos. Esa repetida paura se manifiesta en el único momento de la Commedia en que Dante no está acompañado, en esos únicos versos en los que el viajero carece de un guía. Cuando dice que ese miedo se apacigua en el “lago del cor” (19-20), Dante, sin citarlos explícitamente, nos pone ante los ojos una tormenta y un oleaje de sangre, los efectos de la adrenalina. Sin embargo, más adelante (90), cuando dice que la “bestia” le “fa tremar le vene e i polsi”, habla directamente de esos efectos. Hay que avanzar y decir todo lo que se tiene que decir. Un poema se hace con alusiones inolvidables y con pasos necesarios y humildes. A éstos tampoco hay que tenerles miedo.

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15 Comments:

Blogger Juan Manuel Macías said...

Estoy de acuerdo. "Esa extraña ley que ordena no repetirse", a mi juicio, es un escrúpulo de corrección. La reiteración de una palabra en un buen poema es una virtud; en uno malo es un vicio. Y la causa de ello, en ambas direcciones, un misterio. Un texto precioso y cierto, al que me adhiero con entusiasmo.

24 febrero, 2009  
Blogger Olga B. said...

Todas las leyes aprendidas pueden parecer cabales y, de repente, volverse extrañas. Tal vez porque la poesía siempre deja sitio a la excepción. Yo aún no he leído a Dante, pero he visto que lo que en unos es repetición molesta, en otros puede ser eco necesario o delicioso o lleno de sentido.
No tener miedo es muy difícil.

24 febrero, 2009  
Blogger julio martínez mesanza said...

Gracias, Juan Manuel. Suscribo también lo que dices sobre vicio y virtud.

24 febrero, 2009  
Blogger E. G-Máiquez said...

Amén

24 febrero, 2009  
Blogger julio martínez mesanza said...

Pienso en otra de esas leyes, Olga: la de evitar (por completo) las asonancias. Tampoco a eso hay que tenerle miedo.

24 febrero, 2009  
Blogger julio martínez mesanza said...

Enrique, mis innumerables deudas con Dante...

24 febrero, 2009  
Blogger Juan Antonio Glez. Romano said...

Muy buena reflexión; creo que Juan Manuel remata muy certeramente la idea. Tal vez, además, sin esos pasos necesarios y humildes no se llegaría jamás a las alusiones inolvidables. No se puede (o no se debe) ser permanentemente sublime.

24 febrero, 2009  
Anonymous julio said...

Tienes razón, Juan Antonio: a los tres versos, no sabríamos ya de qué está hablando el poeta.

24 febrero, 2009  
Blogger Antonio Azuaga said...

Las instrucciones, normas, leyes, existen para los peones camineros (yo, por ejemplo) que deben colocar los adoquines en el sitio indicado. Las instrucciones, normas, leyes, son un referente, a veces prescindible, para los ingenieros del camino. Ellos son los que saben (o descubren, o intuyen, o ni esto ni aquello, pero les pasa) cuándo se puede ser sublime (que dice Juan Antonio) y cuándo no. Poner la piedra pequeña en el hueco grande es torpeza de peón; “hacer posible” su lugar… es lo que hace Dante, por ejemplo. Tú me entiendes, amigo Dant…, digo, Julio.

Justa entrada.

24 febrero, 2009  
Anonymous julio said...

A ver, Antonio, por dónde me conduce mi guía y maestro... De momento, un excursus prescriptivo. No es culpa suya. Él indica correctamente, pero yo tengo que acostumbrarme a mirar.

25 febrero, 2009  
Blogger Adaldrida said...

A veces esa regla de no repetir palabras es atildamiento y amaneramiento...

25 febrero, 2009  
Blogger AFD said...

La repetición es el campo de la poesía más pura, de la religiosidad, de la inocencia que descubre, de la pobreza de espíritu...

Pensemos en los dedos rosados de la Aurora en Homero. O en el limitado vocabulario del evangelio de San Juan.

Y tienes razón, Julio, las asonancias (ni siquiera las rimas internas, pensemos en Cavalcanti) deben ser taboo. Taboo asumir una sofisticación ajena al espíritu.

Alfredo

25 febrero, 2009  
Blogger Jesús Beades said...

Y más en tu poesía última, Julio, en que la repetición tiene un valor irremplazable, musical, de acumulación en el oído y en el ánimo.

25 febrero, 2009  
Anonymous Boscán said...

Lo que escribes para la poesía, ¿vale también para la prosa? Yo creo que sí, y aun con más motivo, porque aquí debería buscarse por encima de todo la claridad y la sencillez, y el estilo no tiene por qué sufrir si una palabra se repite cuando hace falta. Buscar sinónimos y circunloquios recuerda siempre los ejercicios del colegio (la vaca, el rumiante, el cornudo mamífero...); los buenos prosistas no tienen miedo de escribir "dijo" veinte veces (y dejarse de "explicó", "refutó"...), o de llamar a la piedra piedra sin buscar eufemismos, como nos enseñaron Rulfo y tantos otros. No creo que se trate de cumplir normas, sino de hallar un equilibrio entre la sobriedad y la elegancia, entre la precisión y la belleza del estilo. Cuestión de oído y de sentido común, supongo.

04 marzo, 2009  
Blogger AFD said...

Infierno 2...

Diez días sin cuestiones naturales.

05 marzo, 2009  

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