18 enero 2009

cosas y palabras

“In philosophia (...) ubi res spectatur, non uerba penduntur” (El orador, 16, 51). Si le damos crédito a Cicerón, que no es mal testigo, en filosofía se tenía en cuenta lo que se quería decir, el asunto (res), y no se pesaban, no se examinaban las palabras. Buena parte de la filosofía posterior, sobre todo de la más reciente, ha hecho de las palabras su asunto. Desvelar el significado arcaico de una palabra a través de la etimología; convertirla en la metáfora primitiva que era; hacerla revivir otorgándole un nuevo sentido o usándola de la manera más recta posible, evitando la ambigüedad y la imprecisión, nos enriquece e incluso nos defiende, pero eso no significa que ellas, las palabras, tomadas así, una a una, sean las puertas que conducen al conocimiento del ser o que, sumadas todas, constituyan la impenetrable muralla que lo encierra.

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11 Comments:

Blogger FPC said...

Exacto. El giro lingüístico es tantas veces una tapadera, o un desvío (y no pocas veces, un engorro) que uno se pregunta al leer algunos de esos textos si le importará al autor, de verdad, el fondo del asunto.
Saludos cordiales.

19 enero, 2009  
Blogger Antonio Javier Sánchez Risueño said...

A propósito de lo que comenta me viene a la memoria una reflexión de Fichte irritante por su acentuado germanismo. Decía el pensador alemán que nosotros, los que hablamos lenguas romances, jamas podremos penetrar en el espíritu de la filosofía y que toda actividad creadora en dicho campo nos está vedada ¿Por qué? Porque los pueblos románicos hablan realmente una lengua muerta, no tienen ante sus ojos el signigicado original y primario de los términos que manejan, por eso el idioma encorseta al espíritu. En los pueblos germánicos, en cambio, la lengua no guarda secretos para el hablante, es diáfana, y en ella el espíritu puede tomar perfecta posesión de sí. Luego vendrían las afirmaciones sentenciosas de Heidegger: sólo se puede pensar en griego y alemán. Pero Heidegger parece desmentir esa supuesta transparecia del lenguaje para el privilegiado alemán con sus torturantes (e inexactas) etimologías. A fin de cuentas yo estaría por la claridad no como cortesía (Ortga dijo) sino como obligación del filósofo.

19 enero, 2009  
Blogger Juan Manuel Macías said...

Es muy interesante lo que planteas. No sé si en el fondo de todo estará la vieja querella entre lenguaje y precisión, adecuación a la realidad. La lengua verbal está genéticamente ligada al pensamiento mitológico Cada palabra es una metáfora, y por tanto una larga historia. ¿Puede la filosofía desligarse de ser literatura, mitología o poesía? ¿O de no ser leída como tales cosas? Hay quien encuentra su salvavidas en el lenguaje de las matemáticas, claro. Pero no sé si las matemáticas no serán una mitología más. O es que estamos condenados a pensar en términos de mito o a que nos enseñen la verdad en parábolas...

19 enero, 2009  
Anonymous Anónimo said...

Wittgestein afirmo que sobre lo que no existe nada se puede decir, y Aristóteles que el ser se dice de muchas maneras; esto es un ínfimo botón de muestra de cuan condicionada puede estar la filosofía, o la ciencia, a las palabras, dada la ambigüedad y equivocidad de éstas, y la falta de certeza humana; la creación de lenguajes ad hoc (técnicos) es el remedio más aconsejable (por ej. en las profesiones). ¿Y en la Filosofía? ¿Y en la Poesía?. No se trata de acoger los términos usados (tópica), y menos hacer del lenguaje de una élite un ininteligible arcano(hermética), sino refundar el lenguaje para que siendo a la vez de nuestro tiempo alcance la precisión racional y argumentativa necesarias para su utilidad, o con tal grado de sugerencia que cumpla sus funciones comunicativa, desiderativa e indicativa esenciales; recrearse en ese lenguaje puede ser una clase de belleza (estética) cuya fruición dependerá del auditorio. Hoy en día, más que nunca, hay multiplicidad de clases de audiencias dentro de una misma disciplina, a pesar del positivismo; se suele indicar como factor de buena salud de la poesía española actual la variedad de tendencias (que son de lenguajes). Pues bien, otro factor de buena salud sería la aventura interna del poeta (o filósofo) de refundar ese lenguaje para hacerlo actual, simplemente para no reincidir en lo dicho ya por los predecesores; tarea que puede ser difícil, todo un reto, en algunos casos. Cicerón era un jurisconsulto y sabía perfectamente que la libertad o la vida de alguno de sus defendidos o el éxito de sus causas podían depender de las palabras (lo que en filosofía no se debía consentir tampoco); porque en un proceso judicial, que es otro lenguaje, las palabras también juegan un papel, que si se desconoce, puede hacer malograr el asunto. Hiparco.

20 enero, 2009  
Blogger Antonio Azuaga said...

Interesantísima entrada, Julio, que en nada desmerecen sus comentarios.

Ya sabemos que la filosofía primitivamente es palabra, como todo saber o todo querer saber humano. Y lo es en el sentido de que es signo que ponemos entre el mundo y nosotros para poder dar alguna razón de él. Así pasa con todo. En el conocimiento (o en el pretendido como tal) no nos apropiamos del objeto sino del “ser del objeto” (que diría Ortega, ya que se le cita), y ese “ser” ya es una mediación significante, una simbolización.

Dicen que los esquimales disponen de una veintena de términos para designar distintos tipos de nieve. Es evidente que eso condiciona su percepción del mundo. ¡O al revés! Sin embargo, creo que la filosofía esquimal no es muy relevante. Quiero decir que si bien la filosofía es primitivamente palabra (logos, razón, qué más da), su inverso no es igualmente cierto. Aquella surge desde el ocio, como dice Aristóteles; otras, las “significaciones” de los esquimales, por ejemplo, para el “negocio” de la supervivencia. Que es previa, que es condición anterior. Siempre, sin embargo, mantiene la palabra su rango de mediación, su distanciamiento de las cosas.

El problema que apuntas respecto al ser (que las palabras “…sumadas todas, constituyan la impenetrable muralla que lo encierra"), para mi es consecuencia del narcisismo del lenguaje. Acomplejada por los logros de la ciencia, la filosofía emprendió una peregrinación expiatoria hacia su Compostela particular. Parecía haber tenido una experiencia mística semejante a aquélla de Aquino que le hizo considerar “paja” todo lo que había escrito antes de tenerla. Así, la filosofía abandonó el “ser se dice de muchas formas” y empezó a preocuparse por “si las muchas formas de decirse el ser, decían algo”. En la afirmación aristotélica el postulado indiscutible era el “ser”; en la posterior degenerada “las formas de decirse”. Y, claro, arrancada la mediación significante del contenido significado, quedó la etimología, la biografía de las palabras, la muralla que, ya no “encierra el Ser”, sino que incluso lo encarcela para que se pudra en el olvido.

Un abrazo, y gracias.

20 enero, 2009  
Anonymous Anónimo said...

En el post Livio 34,9 se puede leer: "El peligro siempre está ahí, a las puertas, pero la exactitud reiterada de nuestros movimientos parece poner una segunda barrera entre nosotros y los bárbaros". La ambigüedad del lenguaje a un lector actual le podría hacer ver que la sensación de peligro que se traduce en el irremediable miedo se conjura con los reiterados movimientos de los vigilantes, ese movimiento reiteradamente exacto (tan militar) ¿no es expresión sino de un miedo y a la vez superación del mismo? ¿Quería decir eso T. Livio?. La misma emoción del acto, tan psicologicamente profunda como oscura la simple interpretación textual, insuficiencia de la literalidad ¿es un logro del espíritu de la letra o un añadido del lector?. No caerá en el olvido ese inmencionable "miedo". Hiparco.

22 enero, 2009  
Anonymous CristinaB said...

G.Mayans. Rhetorica. LibroIII. Capítulo 2. De la claridad: "Nuestro español Quintiliano, en el libro primero de sus Instituciones oratorias, assegura que es mui viciosa la oración que necessita de intérprete, siendo su mayor alabanza la perspicuidad, o claridad. I en el libro segundo dice: (...) Porque no sólo es la primera virtud de la eloqüencia la perspicuidad, sino que quanto uno es inferior en el ingenio, tanto más procura levantarse i alargarse; como los pequeños en la estatura se empinan de puntillas, i los que tienen menos fuerzas, amenazan más (...) de la manera que los cuerpos se hinchan no por la robustez sino por la enfermedad. I los que se cansan de ir por el camino derecho, muchas veces se desvían. Tanto pues más oscuro será uno quanto peor entendimiento tuviere». Hasta aquí aquel gran maestro de la eloqüencia. La claridad es más necessaria en el habla que el romance esquisito, pues el fin de hablar es darnos a entender. Quanto más oscura es la cosa, tanto más necessita de clareza, i aun de sencillez de estilo"

Con palabras hablamos y con palabras pensamos (pensamos, que no es lo mismo que sabemos. No todo saber o querer saber es palabra). El fin de hablar es darnos a entender, dice Mayans. Sí, y el fin de pensar sería entender la realidad, conocer las cosas como son, llegar a la verdad. Y sin embargo ¿cuántas veces el hablar no sirve al entendimiento sino a la manipulación, la confusión, la ocultación y el ventajismo? Lo expresa muy bien S.Weil cuando dice que "Nada más horroroso que ver en un tribunal a un desgraciado balbucear ante
un magistrado que lanza ocurrencias graciosas en un lenguaje elegante".
Esas palabras emancipadas de la verdad, del mutuo entendimiento y de la justicia, y que no son más que un instrumento de abuso, son mostruosas, son una muralla, pero la cuestión no está en las palabras sino en el señor al que sirven. Lo que quiero decir es que no es un asunto de lengüaje y que se resuelva con lengüaje (por ejemplo si el desdichado tuviera facilidad de expresión), es una cuestión de intenciones. ¿Se trata de la verdad o preferimos el montaje, la mentira y la manipulación? Y en tantas discusiones ¿se trata de llegar a entendernos o se trata de arrinconar,"fiscalear" palabras,y satisfacer la vanidad? ("fiscalear" es una palabra que se inventó Saavedra y Fajardo, al que cita también Mayans a propósito de las derivaciones. La cita es muy buena a todos los propósitos: "Es de príncipes sabello todo; pero indigna de un corazón magnánimo la puntualidad en fiscalear las palabras").
No sé muy bien por dónde vas. Sólo creo que las palabras, una a una o sumadas todas, pueden ser puertas o murallas, quizá según seamos puertas o murallas.

22 enero, 2009  
Blogger Antonio Azuaga said...

¡Qué bien piensa y dice CristinaB!

22 enero, 2009  
Anonymous CristinaB said...

Hombre, Antonio Azuaga, muchas gracias, pero con Mayans de una mano y Simone Weil de la otra ¿quién no dice y piensa bien?
Te aseguro que yo sola y sin muletas con quien más me identifico es con el que balbucea.
En el fondo es lo mismo de aquel parole-parole-soltanto parole de tu entrada y aquello de los diálogos de besugos. Nos olvidamos muchas veces de que el fin de las palabras es el entender y el entenderse.

26 enero, 2009  
Blogger julio martínez mesanza said...

Gracias, como siempre, por vuestros comentarios. Para mí, es un placer oír a la manera de la filosofía antigua, o de la filosofía sin más, y aprender de vosotros.

26 enero, 2009  
Anonymous Emilio Quintana said...

¿Y qué hacemos con Unamuno, entonces?

26 febrero, 2009  

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