22 mayo 2008

rávena 2

Cesare fui e son Iustinïano,
che, per voler del primo amor ch'i' sento,
d'entro le leggi trassi il troppo e 'l vano.

(Par. 6, 10-12)


Lo excesivo y lo surperfluo de las leyes. Su maraña y su número. Cuando Dante escribió el canto sexto del Paraíso, ese que narra el magnífico vuelo del águila romana a través de los siglos y por encima de los siglos, es muy probable que aún no hubiese pisado Rávena. No conocía, pues, los mosaicos de San Vital, no había estado frente a la imagen de Justiniano, pero hay una majestad que comparten el oro de aquellos muros y sus endecasílabos. Comparten también una rara dignidad, un no sé qué extraño a este mundo.

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20 mayo 2008

mandamientos

“La ideología es existencia en rebelión contra Dios y el hombre. Es la violación del primer mandamiento y del décimo, si queremos usar el lenguaje del orden israelita; es el nosos, la enfermedad del espíritu, si preferimos usar el lenguaje de Esquilo y Platón” (Eric Voegelin, Order and History). Yo añadiría que propicia o justifica también la violación del sexto y del octavo.

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16 mayo 2008

livio 34,9

Te diré que vivimos en una pequeña y estrecha península. Durante la noche, un tercio de nosotros hace guardia sobre el muro, porque, a pocos pasos, hay otra ciudad, la amenazante ciudad de los bárbaros, que son muchos y muy violentos. Dos ciudades contiguas o la misma ciudad partida en dos, como quieras. La única manera de sobrevivir teniendo en cuenta nuestra inferioridad es convertir en neurosis la disciplina. Cada uno de nosotros sabe lo que tiene que hacer y cuándo, y cada uno repite mecánicamente eso que tiene que hacer. El ritual es la defensa de nuestra libertad. El peligro siempre está ahí, a las puertas, pero la exactitud reiterada de nuestros movimientos parece poner una segunda barrera entre nosotros y los bárbaros. A nuestras espaldas, la confiada ciudad; más allá, el mar y sus inseguros caminos, que son nuestra única vía de escape. Delante de nosotros, los bárbaros y, a sus espaldas, la tierra, la inmensa tierra firme que no podemos pisar.

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14 mayo 2008

spengler

La Decadencia de Occidente era para su autor un libro de metafísica, no de historia. Para mí es, más bien, una obra literaria, o, al menos, así es como permanece en mi recuerdo después de casi tres décadas. En sus páginas, el poeta que quiso ser Spengler encuentra el tema y el tono adecuados a su carácter. Creo que todo su contenido teórico e ideológico es perfectamente desechable, su organicismo, su historicismo, su fondo nacionalista, sus profecías; en cambio, no lo son sus innumerables pasajes de espléndida literatura, sus metáforas, su pasión, la forma que tiene de presentar ideas que, expuestas de otro modo, no nos dirían nada. A Spengler le aburría muchísimo escribir, quizá por eso escribía muy bien. Ese rechazo de la escritura aparece a menudo en las notas autobiográficas redactadas entre 1911 y 1919 (Eis heauton). Alumno desordenado que iba a clase y no escuchaba; lector caótico, mentiroso confeso, se inventó desde niño una geografía y una historia para su uso privado. Dibujaba mapas de reinos imaginarios y escribía las crónicas de esos reinos. Hay algo de romanticismo solipsista en todo ello, de yo autosuficiente y obsesivo. Y esa obsesión, que considera real la fantasía interior, es la que, más o menos articulada, desemboca en La Decadencia de Occidente, que, al cabo, es eso, una obra de la imaginación y no un tratado histórico o filosófico. En línea también con el romanticismo, Spengler se consideraba un gran hombre, un genio; aunque también era capaz de juzgarse con mucha dureza, sobre todo cuando se refería a su timidez enfermiza, a su incapacidad para amar, a su tendencia a la mentira. En esas notas autobiográficas, encontramos de todo; por ejemplo, recuerdos de infancia: “Cuando lloraba de niño por la noche, escondido para que nadie se diese cuenta, y, al final, no tenía ya fuerzas para seguir llorando, había una palabra que me repetía siempre, porque sonaba como un último sollozo: Morgenröte, aurora. Entonces me parecía sorprendente, pero ahora comprendo su sentido. La luz clara y fría de una mañana de la que no se puede gozar. En la noche, al menos, se puede soñar”. Y reflexiones ideológicas: “Infierno. Quien no puede creer y, sin embargo, lo desea ardientemente, quien conoce las miserias a las que llega el racionalismo y, sin embargo, no se libera de ellas, ése sabe también qué es el infierno: estar conscientemente exiliado en la incredulidad”. Crítica del modernismo: “Por eso, todos estos muebles, jarrones y fachadas me resultan tan insoportables. En todo objeto diseñado habla la vanidad de un cretino que quiere afirmarse y aparentar.” Y crítica literaria: “No entiendo cómo Baudelaire se dejó engañar por Poe”. Yo tampoco.

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12 mayo 2008

l'air d'être un tiers

“Por otra parte, la ironía nos ofrece un medio para no desencantarnos nunca, por la sencilla razón de que rehuye el encantamiento. Los que escuchan sus consejos tienen siempre prevista una línea de retirada por la que escapar llegado el caso y evitar así que la mala suerte les alcance. Jamás se les atrapa; los querríamos sorprender en flagrante delito de desesperanza, ¿pero cómo hacerlo? Su desolación ha sido consolada de antemano. ¿Dónde está su verdadera persona? Su verdadera persona no está allí, está siempre en otra parte, a no ser que no esté en ninguna...

En tête-à-tête avec la femme
Ils ont toujours l’air d’être un tiers


como dice Jules Laforgue de sus Pierrots...” (Vladimir Jankélévitch, L’Ironie). Y todo esto contra la seria pasión, contra la pura pasión, contra esa costumbre que tienen algunos de concentrar todo su sentimiento en un solo punto y de dejar al descubierto los flancos, de despreciar las prudentes retiradas, de jugárselo todo a una carta. Pero es que es muy triste estar allí, frente a una mujer, y parecer un tercero; estar allí, pero, en realidad, no estar en ninguna parte. Defendido e inmune, es cierto; no enajenado, sí, pero completamente ajeno, incluso a uno mismo.

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09 mayo 2008

sin y con

Sin el mundo, ¿quién podría percibir el alma? Con el mundo, ¡qué intensamente se percibe el alma!

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05 mayo 2008

el amor

El amante ama la inseguridad. Y la vida se lo pone fácil, porque a la amada le gusta transmitir inseguridad. O la transmite sin darse cuenta. En cualquier caso, es amada para siempre por eso mismo, por transmitir inseguridad. Si alguna vez deja de ser amada es que, en el fondo, nunca lo había sido; es decir, que la inseguridad que ofrecía no era tal y, por lo tanto, no había amante, sino un don juan a quien le encanta vencer las aparentes inseguridades. La inseguridad, para serlo, tiene que tener la misma duración que la vida. La inseguridad es la duración misma del amor. Y si esa duración no es absoluta, el amor es orden o pillaje, pero no amor. La vida insufrible viene de la inseguridad, pero también viene de ella la única vida verdadera del alma, la que permanece alerta. Sin la inseguridad, no hay amantes, sólo filisteos y donjuanes, almas complacidas y complacientes, pero sin amor.

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01 mayo 2008

fa' de me chello che vuó'

Enhorabuena vengáis, mayo,
el mejor mes de todo el año.

(En el Vocabulario de Correas)

* * *

Era de maggio e te cadéano 'nzino,
a schiocche a schiocche, li ccerase rosse...
Fresca era ll'aria e tutto lu ciardino
addurava de rose a ciento passe...

Era de maggio, io no, nun mme ne scordo,
na canzone cantávamo a doje voce...
Cchiù tiempo passa e cchiù mme n'allicordo,
fresca era ll'aria e la canzone doce...

E diceva: “Core, core!
core mio, luntano vaje,
tu mme lasse, io conto ll'ore...
chisà quanno turnarraje!”

Rispunnev'io: “Turnarraggio
quanno tornano li rrose...
si stu sciore torna a maggio,
pure a maggio io stóngo ccá...

Si stu sciore torna a maggio,
pure a maggio io stóngo ccá.”

E só' turnato e mo, comm'a na vota,
cantammo 'nzieme lu mutivo antico;
passa lu tiempo e lu munno s'avota,
ma 'ammore vero no, nun vota vico...

De te, bellezza mia, mme 'nnammuraje,
si t'allicuorde, 'nnanz'a la funtana:
ll'acqua, llá dinto, nun se sécca maje,
e ferita d'ammore nun se sana...

Nun se sana: ca sanata,
si se fosse, gioja mia,
'mmiez'a st'aria 'mbarzamata,
a guardarte io nun starría!

E te dico: “Core, core!
core mio, turnato io só’...
Torna maggio e torna 'ammore:
fa' de me chello che vuó'!

Torna maggio e torna 'ammore:
fa' de me chello che vuó'!”

(Salvatore Di Giacomo)

* * *

Doy mis mayos futuros, los que sean,
por un día de mayo de dos mil.

(Mayo de 2003, entre Cairoli y Cordusio)

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