30 marzo 2008

maridillo

La pasión por cosas muy distintas delata, tal vez, cierto desinterés por todas ellas. Aunque espero que no sea así. Tengo varios encargos atrasados y este fin de semana me propuse dedicarlo a escribir. Al final, cambié de opinión y me dije que era preferible dedicarlo a la lectura. Muchas horas libres por delante después de bastantes días me incitaban a ello. No leer lo que me deja el tiempo, como suele suceder, sino leer con tiempo: ésa es una tentación que arruina todo propósito de escritura. Después de tantos años, hago sólo una cosa o la otra; es decir, si leo, no escribo y, si escribo, no leo. Me propuse no sólo leer, sino leer determinados libros sobre temas muy concretos, porque me conozco... Terminé Fascisme et communisme, de François Furet y Ernst Nolte, y seguí avanzando con Le passé d’une illusion, también de Furet y también sobre el comunismo. Desde que leí Penser la Révolution française, he ido leyendo con provecho todas las cosas de Furet. Sólo me apartaba del plan que me había trazado para hacer alguna consulta bibliográfica; es decir, todo se desarrollaba de manera ordenada y responsable. Pero, no sé cómo, en cierto punto, la cosa empezó a torcerse. Primero fue el Heidegger de Steiner, que tenía encima de una mesa. Luego, pasé a releer parte de la Historia verdadera y parte del Diálogo de los muertos, de Luciano, y no me explico los motivos. No sé tampoco lo que me llevó a las Homilías sobre el Génesis, de Orígenes. ¿Por qué se castraría Orígenes, si todo en él es simbólico o neoplatónico, menos su fe? ¿Por qué, si podía haber vivido bien parapetado detrás de los Evangelios y de toda la filosofía griega? Algo vale que Nicea condenó para siempre la autocastración. En ésas estaba cuando abrí, ignoro también por qué, el Suplemento al Tesoro de la Lengua Española, de Covarrubias. Ni Furet, ni Steiner, ni Luciano, ni Orígenes... Lo que ahora leía eran definiciones exactas, inexactas, curiosas, peregrinas, como ésta de MARIDILLO: “El braserillo o rejuela que la muger pone debajo de sus faldas con el qual se calienta como lo haría estando en la cama con su marido, de do se tomó la alusión.” Si de lo que se trata es de estar calentitos, me dije, igual que el progreso técnico ha acabado con los maridillos, tarde o temprano acabará también con los maridos. Lo malo es que este fin de semana se ha parecido bastante a otros fines de semana. Así de banales son mis intenciones, que empiezan en el gulag y terminan con un chascarrillo.

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20 marzo 2008

el ingenio

La estrategia puede ser hermosa. También la táctica. Sin embargo, el ingenio pertenece al ámbito de la trampa, de la emboscada. La táctica y la estrategia son más hermosas si el otro es inteligente, si el otro tiene fuerza. El ingenio necesita de la indefensión. Lo que busca son víctimas inermes.

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14 marzo 2008

gnosis

Eric Voegelin ha demostrado la continuidad del pensamiento gnóstico a través de los siglos y, sobre todo, ha puesto de manifiesto lo que tienen de radicalmente gnóstico las utopías de toda condición y los sistemas filósófico-políticos de Hegel, Marx y Comte. Ha visto también esa herencia en Nietzsche y, con más motivo aún, en Heidegger. Para que las construcciones teóricas de todos estos pensadores funcionen, hay que dejar de lado alguna característica real del ser o del hombre concreto, tenga ésta la dimensión que tenga, e incluso hay que ir más lejos: “El fin del gnosticismo parusístico es destruir el orden del ser, que se contempla como defectuoso e injusto, y, gracias a la fuerza creadora del hombre, sustituirlo por un orden perfecto y justo. Se entienda como se entienda el orden del ser (como un mundo dominado por las potencias cósmico-divinas en las civilizaciones del Medio y del Extremo Oriente, o como la creación por parte de un Dios trascendente en el simbolismo judeocristiano, o como un orden esencial en la contemplación filosófica), éste permanece siempre como algo que ha sido dado y que no se encuentra bajo el control del hombre. Así, para que su intento de crear un mundo nuevo no parezca del todo insensato, debe ser anulada esa característica que es propia del orden del ser, la de haber sido dado. El orden del ser se debe interpretar como esencialmente sujeto al control del hombre. Y ese control del ser requiere además que sea anulado su origen trascendente: requiere la decapitación del ser, el asesinato de Dios.” (Eric Voegelin, Wissenschaft, Politik und Gnosis, 1959)

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13 marzo 2008

para poder morir

En Teología de los tres días. El misterio pascual, de Hans Urs von Balthasar, esta cita de San Gregorio de Nisa: “Si le preguntamos al misterio, más bien dirá que su muerte no fue consecuencia de su nacimiento, sino que asumió el nacimiento para poder morir.”

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12 marzo 2008

el precio

En Le mécontemporain (1991), de Alain Finkielkraut, esta cita de Péguy: “Todo el envilecimiento del mundo moderno, es decir, toda su pérdida de valor, su depreciación (...) viene de que el mundo moderno ha considerado negociables valores que el mundo antiguo y el mundo cristiano consideraban no negociables. Esa universal negociación ha provocado este universal envilecimiento.” No negociar, no transigir, es una forma de amar al prójimo. Malbaratar es negar a los que han vivido y robar a los que han de nacer.

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03 marzo 2008

los ríos del paraíso

Se ha dicho que el cristianismo occidental no nace en Europa, sino al sur del Mediterráneo (Claude Lepelley). Las Acta martyrum scillitanorum son el primer documento cristano en latín de que se tiene noticia. Speratus, uno de los doce mártires escilitanos, le dice al procónsul Saturninus, que le juzga: “Si tranquillas praebueris aures tuas, dico mysterium simplicitatis”. Si me escuchas sin impaciencia, te diré el misterio de la simplicidad.¡El misterio de la simplicidad! Vestia, otra de las mártires, dice: “Christiana sum”. Secunda añade: “Quod sum, ipsud volo esse.” Lo mismo que yo y eso quiero ser. Cuando les preguntan sobre lo que llevan en una caja, Speratus responde: “Libri et epistulae Pauli viri iusti.” Libros y las cartas de Pablo, hombre justo... En los asuntos de mi alma y en esto, en los mártires escilitanos, en Tertuliano, en San Cipriano, en la Massa Candida y en San Agustín pensaba el otro día ante la pila bautismal de Safetula, cuando me dije: “los ríos del paraíso... Se han secado los ríos del paraíso”. El cristianismo en la vieja África, la Proconsular, que da su nombre a todo un continente, es una ausencia que duele, una herida. Europa no se entiende sin la Católica africana y, sobre todo, sin un bereber, un númida, que trazó para nosotros la más exacta y completa cartografía del alma. El cristianismo africano siempre estuvo en primera línea de combate, ideológica y geográficamente. Derrotó las herejías, pero cayó por la espada. Nos lo dio todo y desapareció. Ésa es la grandeza de su sacrificio y su paradoja. Ése es el alto significado de su martirio: fortalecernos en la esperanza y, luego, dejar de ser.

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