05 diciembre 2008

el alma andrógina

Esa una sola carne (Gen 2,24), consecuencia de la unión del hombre y la mujer, expresa también para el rabino castellano Yosef Ibn Chiquitilla (o Gikatila o Gikatilla) el reencuentro de las dos mitades de un alma única y andrógina escindida al llegar a este mundo (R. Joseph Gikatila, David et Bethsabée. Le secret du mariage. Ed. de Charles Mopsik, 1994, y Charles Mopsik, Le sexe des âmes, 2003). Aquí hay un eco de la peregrina historia que narra Aristófanes en El banquete de Platón, pero sólo eso, un eco. No se trata de la inclinación que sienten el hombre y la mujer, andróginos en origen, por la parte física, femenina o masculina, que les falta, sino del anhelo por esa mitad perdida de la propia alma y del restablecimiento de su unidad original. En el relato platónico, ¿qué importancia podrían tener la equivocación o el fracaso? Poca, ciertamente. En la explicación (no sólo) simbólica de Chiquitilla, es de suponer que toda elección errónea profundice el sentimiento de carencia de esa alma escindida y que, detrás de esas otras mitades, que no eran las suyas y que equivocadamente ha elegido, se le muestre con más intensidad el drama del destierro. En el primer caso, el éxito lleva al placer físico, es decir, a la recompensa del deseo, que preludia otra época de limitación y de necesidad de recompensa. En el segundo, el éxito, es decir, el reencuentro final con esa mitad de nuestra alma predestinada desde siempre para nosotros, conduce a esa una sola carne y a un mayor conocimiento de nosotros mismos, pues ya tenemos acceso a los abismos y resplandores que nuestra otra mitad escondía.

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3 Comments:

Blogger Jesús Beades said...

Chesterton recordaba que se nos dijo "una sola carne", no "un matrimonio bien avenido", o "feliz", y por supuesto nada de la "palabrería moderna acerca de las almas gemelas". Escribió un artículo (llevando tres años casado) en que definía el matrimonio como una especie de cuadrúpedo, de dos partes que han jurado ser una sola carne incluso en momentos en que están muy lejos de sentirse un sólo alma.
Lo de un sólo alma, o almas gemelas, lo entendía más bien referidos a los amigos (varones).

06 diciembre, 2008  
Blogger Antonio Azuaga said...

En “la peregrina historia que narra Aristófanes”, quien marra es el que narra, no Platón, naturalmente (esto lo digo para no pillarme los dedos de mi voceado platonismo). La verdad es que tengo un conflicto conmigo mismo: no creo en almas o cuerpos paralelos; creo en algo que tiene poco de Platón (Aristófanes mejor) y se llama “voluntad”. Creo en una divina dimensión de su ejercicio, lo que no me impide certidumbres sobre la rectitud del mismo. Quiero decir, que los hombres están solos en sus actos porque son ellos los dueños absolutos de su tarea. Porque si no, no tendría gracia la libertad. Lo que no es presentable es que, para dormir tranquilos, los hombres quieran convertir en leyes el curso de sus aciertos o desaciertos. Admiro al que decide lo que sea si está dispuesto a viajar con la maleta de sus decisiones para luego decir honradamente: esto ha sido mi vida y esto quise. Pero me agobian el estómago los burócratas del alma, los que no están seguros de sus actos y exigen la proclama de los mismos en el oficioso Boletín de cualquier Estado o al amparo, oportuno, de cualquier “ideología” más o menos acomodada.
Me he pasado de tema; perdón por el exceso.
Un abrazo

09 diciembre, 2008  
Anonymous Anónimo said...

En el mito tantrico Krihsna le dijo a Arjuna: -Sé a qué te refieres, el deseo y la ira inducen al hombre a cometer pecados. Considera estas dos cosas como los peores enemigos del hombre. El verdadero conocimiento está oculto en el interior y está cubierto por estas dos cosas. El humo cubre la llama y el polvo cubre el espejo, igual que el feto está oculto en la matriz. Del mismo modo, no puedes ver el alma que está dentro de ti por estas obstrucciones. Un soplo de aire es suficiente para apartar el humo que cubre el fuego.-
Recientemente he experimentado con tres relaciones cortas y seguidas ese fuego y ese viento (el verano y las mujeres...); en la actualidad, no es que haya encontrado mi karma, como dirían aquellos, pero era cierto lo del "cec foc dels amadors" de Ausias March, y siempre opiné que en el amor hay autoconocimiento. Y también anhelo esa concentración de la atracción del cosmos en una sola persona, como dijo J. G.Albert ¿pero acertaré a encontrarla?. Mi otorrino recientemente me recordó que "por muy tarde que te cases al final te precipitarás"; ese "precipitarse", el viaje, es lo que cuenta. La tensión previa, "el atreverse" de Lope de Vega, puede dar lugar a la "transformación de los amantes" que metafóricamente se quiso explicar en tantas obras (vid. Op. Guillermo Serés). Lo inefable de las tres experiencias, irreductible en la vanagloria de un típico relato de hazañas amorosas, deja eso: una indefensa necesidad que nos une a todos, en el que la amistad puede ser un final, como la soledad o el inevitable rencor. Hiparco.

15 diciembre, 2008  

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