30 octubre 2008

la conquista de la felicidad

En The Conquest of Happiness (1930), ese libro de autoayuda avant la lettre, Bertrand Russell (a propósito del sentimiento de culpa y después de decir que la conciencia es algo relativo, pues “ordena actuar de diferente manera en las distintas partes del mundo y viene a coincidir en todas ellas con las costumbres del lugar”) recomienda: “Cuando empiece a sentir remordimientos por un acto que su razón le dice que no es malo, examine las causas de esa sensación de remordimiento y convénzase de que es absurdo.” En el póstumo The Life of the Mind (1978) y a propósito de su Eichmann en Jerusalén, Hannah Arendt dice que la “buena conciencia es, por lo general, propia de la gente auténticamente malvada, mientras que sólo la gente buena es capaz de tener mala conciencia”. Si esta afirmación de Arendt es cierta, y creo que lo es, entonces la propuesta que hace Russell para conquistar la felicidad es, ni más ni menos, una invitación a que la gente buena deje de ser buena gente.

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8 Comments:

Blogger José María JURADO said...

el malvado es feliz

30 octubre, 2008  
Blogger Jesús Aparicio González said...

Se me ocurre este poema

LA BONDAD

Tiene manos calladas como cántaros
y se ofrece desnuda sin ojos y sin dientes.
Tan sólo es dueña de su nariz de payaso.
Pone vela a sus cruces y cose sus heridas
con el hilo de lunas sin memoria.

Nada más débil. Nada más fuerte.

No mira a quién entrega sus relojes.
No escucha las películas de miedo que le grita
aquél que en vano busca medallas de enemigo.
La bondad rehace el puzzle de las cartas rotas
y abre al mar todos los castillos.

No entiende de batallas.
Nunca es vencida.

(INÉDITO)

JESÚS APARICIO GONZÁLEZ

30 octubre, 2008  
Blogger AFD said...

Cuando uno deja de escuchar el canto de los grillos, es que uno ha perdido el alma. No creo que Russell creyera mucho en el alma; menos iba a creer en su mensajero: el cargo de conciencia.

30 octubre, 2008  
Anonymous Anónimo said...

Qué cosas tiene Russell. Bastante más relativa, hasta puramente subjetiva, es la razón cuando analiza los propios actos. Ni con las costumbres del lugar, que ya es algo, viene a coincidir. Como si no fuera facilísimo hacerla coincidir con el interés personal. Prueba de ello es el mismo argumento de Russell, tan "documentado" y "antropológico" y tan vestido de racionalidad.

Más bien habría que examinar por qué la razón nos dice que lo que nos remuerde no es malo, y convencerse de que está equivocada.

Pobre razón sin la guía de la conciencia, todo el día sirviendo al negrero.
Y pobre felicidad "conquistada", que ya el título lo dice todo. No puedo creerme que el malvado sea feliz (estará satisfecho, pero no feliz), ni que la felicidad se deje "conquistar".

Y qué misterio ese de la pérdida de la conciencia, qué miedo, en los otros, en nosotros mismos, sin posibilidad de enmienda...

CB

30 octubre, 2008  
Anonymous Anónimo said...

(de Athini_Glaucopis@hotmail.com)

Creo que lo ha dicho muy bien la gran Wisɫava Szymborska.

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ALABANZA DE LA MALA OPINIÓN DE SÍ MISMO
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El águila ratonera no suele reprocharse nada.
Carece de escrúpulos la pantera negra.
Las pirañas no dudan de la honradez de sus actos.
Y el crótalo se entrega a la autoaprobación constante.

El chacal autocrítico está aún por nacer.
La langosta, el caimán, la triquina y el tábano
viven satisfechos de ser como son.

Cien kilos pesa el corazón de la orca,
pero es, en lo esencial,
liviano como una pluma.

En el tercer planeta del sol,
la conciencia limpia y tranquila
es síntoma primordial de animalidad.

30 octubre, 2008  
Blogger Jesús Beades said...

Y mejor lo dijo Chesterton: los nabos son singularmente tolerantes.

31 octubre, 2008  
Anonymous Emilio said...

El que tiene la conciencia limpia, es que no la ha usado nunca. Esto lo dijo otro polaco, Stanislaw Jerzy Lec.

07 noviembre, 2008  
Anonymous Anónimo said...

El relativismo etico generaria tal inseguridad que ni el propio Bertrand Russel lo sostendría; el criterio hedonista o utilitarista de la formación de una conciencia moral individual, de partida podría ser así, como dice B.R.; pero la misma razón desechará tarde o temprano esos condicionantes por mor de un bien mayor. Sí es cierto que somos más felices cuando Hacienda no nos alcanza, pero sabemos que está justificada la existencia de Hacienda; sin embargo, que alivio no sufrir hoy en día la Inquisición, que nunca debió ejecutar actos tan horrendos, que siempre lo fueron, en el tiempo y en el espacio, cuando la Iglesia tenía aquel poder. Creo que B. R. pensaba en los "mores", es decir en las costumbres, casi domésticas, del hombre individual, como las relacionadas con el placer sexual, la vestimenta, etc (no se olvide que B.R. conocía bien al grupo de Bloomsbury). La trasposición de sus afirmaciones a las libertades públicas también tiene su relevancia en cuanto a la felicidad, pero parece que ésta pierde terreno por mor de una convivencia civilizada y ordenada; la tolerancia no solventa la cuestión, pues su campo no llega a las conductas objeto de obligaciones, prohibiciones y derechos legales. Podremos no vivir en un mundo feliz, pero ¿la culpa es de la multiplicidad de leyes, de la pésima república? La finalidad de las leyes es precísamente la sociedad del bienestar, y aunque no lo consigan, esa es su meta. Interpreto, mas allá de la letra, que aunque me enfrente a la ley, si mi código ético me dice que hago lo correcto, siguiendo precísamente la razón, y estoy convencido de que no me equivoco, tendré mi conciencia tranquila, lo que puede ser una forma de felicidad. O no, pues las consecuencias de mi conducta me pueden deparar una situación nada confortable e infeliz. Hiparco

17 diciembre, 2008  

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