09 octubre 2008

benjamin constant

dice: “Su efecto natural (el de la sociedad moderna) es hacer de cada individuo el centro de sí mismo. Pero, cuando cada uno es el centro de sí mismo, todos están aislados. Cuando todos están aislados, sólo hay polvo. Cuando llega la tempestad, el polvo se convierte en fango” (cit. por Tzvetan Todorov: Benjamin Constant. La passion démocratique, 1997). ¡Qué no harán con ese fango los totalitarismos!

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6 Comments:

Blogger Dal said...

Espectacular. No se puede decir mejor con menos palabras. Gracias.

09 octubre, 2008  
Blogger Antonio Azuaga said...

No estoy de acuerdo; no, desde luego, en la sociedad hodierna. En ésta, el “efecto natural” es precisamente todo lo contrario. La constante apelación al individuo –a su libre opinión, a su realización autónoma, a su fabulada autodeterminación– es una de las falacias más escandalosas que ha parido la Historia. El “efecto” real de todas estas “causas” es hacer de cada individuo la “periferia” de sí mismo; un guante del revés con los forros al aire mostrando todas las costuras del yo; una enajenación premeditada en la que uno, precisamente, no puede estar aislado, no debe estar aislado, no sabe estar aislado; peca si está aislado o piensa aisladamente…
Lo que ocurre es que se ha corrompido el lenguaje, como diría Nietzsche, se ha trasmutado el significado de las palabras, se ha vuelto cínico el pensamiento. Y así, se llama perseguido a quien no lo es, marginal a quien se convierte en referente axiológico, libre al que repite las consignas de cualquier idolillo exquisitamente mal trajeado… La sociedad moderna pretendía el yo; la nuestra descubrió la masa. Pero conservó el nombre.
Las tempestades no convierten en “fango” los minerales cristalizados, sino las rocas descompuestas que ya tienen vocación de lodo.
Y nada de esto quiere decir que el yo no necesite del “nosotros”: es otra historia.
Un abrazo.

09 octubre, 2008  
Blogger Embajador en el Infierno said...

Antonio- Muy sensato lo que dices, aunque creo que es comptible con la cita que nos trae Julio.

Propongo que hablemos de masas de hombres centrados en si mismos, cuestión (la de centrarse en uno mismo) que nada tiene que ver con la capacidad de la persona (no del individuo) para recogerse en la contemplación.

Que no existe discrepancia entre el recogimiento y la entrega a los demás, como miles de santos en la historia han demostrado.

Y podemos estar todos muy juntos, codo con codo, y sin ningún problema completamente aislados porque el aislamiento humano no es cuestión de cercanía física, sino de cercanía espiritual.

Por lo demás dice Julio: "¡Que no harán con este fango los totalitarismos!". ¿Los totalitarismos?. Ya lo hacen las falsamente autodenominadas "democracias".

09 octubre, 2008  
Blogger Antonio Azuaga said...

Con tu permiso, Julio:

El problema es que esas “masas de hombres” no lo son de hombres centrados en sí mismos, sino de "cosas" centradas en la masa. El centro es la masa, un no sé qué (o sí lo sé) impersonal, acéfalo y deforme. Dices bien, “Embajador en el Infierno”, que hay que diferenciar persona de individuo, pero no lo hago adrede, para que me entienda el creyente y el agnóstico, el materialista y el místico. La descomposición del hombre, esa unidad de voluntad y conciencia, esa afirmación de la vida que se quiso creación de sí, no simple desarrollo de un prospecto genético equiparable a las lombrices, debería ser preocupación previa de su filogenia; algo así como el instinto de conservación de quien, siendo un punto y aparte, parece sólo aspirar a ser un punto y coma. Tal vez, ni eso.
Y, por supuesto, de acuerdo con ese “codo con codo”. Como diría Quevedo, “Puedo estar apartado, mas no ausente; / en soledad, no solo…” Por eso me referí a los minerales cristalizados: nada como una macla de cuarzo para entender lo que es la belleza de un todo que no daña la belleza de las partes. El barro, sin embargo, es el mineral sin decisión de estructura. Probablemente nuestro futuro. Sabe Dios si nuestro presente.
Un saludo.

10 octubre, 2008  
Blogger Rocío Arana said...

Antonio, me encanta lo que has dicho y cómo lo has dicho, ¿me dejas citarlo en mi blog? (Dios mío, detrás de un par de entradas sobre maquillaje, para ver si ya me pongo seria...)

10 octubre, 2008  
Anonymous Anónimo said...

Desde el momento en que situamos al hombre como centro de lo existente, desde el momento en que hacemos desaparecer a Dios como base y vértice del ser, todo está perdido. Totalitarismo y democracia son sistemas políticos opuestos. Pero, ¿hasta qué punto totalitarismo y voluntad de las mayorías no son caras de la misma moneda? Desde el momento en que el concepto de verdad desaparece como bien público y se convierte en un bien exclusivamente privado la democracia queda indisolublemente unida al relativismo y el relativismo se presenta como garantía de la libertad. ¿Será preciso que exista un núcleo no relativista en la democracia?. “Hoy en día preferimos hablar de valores que de verdad para no entrar en conflicto con la idea de tolerancia y relativismo democrático”. “El verdadero problema de nuestros días es la ceguera de la razón para no percibir la inmensa dimensión no natural de la realidad”. Todo lo dicho anteriormente pertenece a un señor mayor que ha pasado por la experiencia totalitaria y también, por la democrática, Joseph Ratzinger.
(El amigo de Kierkegaard)

10 octubre, 2008  

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