17 septiembre 2008

herir de lejos

sin correr ningún riesgo. Las flechas, el arco y el arquero como motivos simbólicos. Desde Apolo, dan para mucho. ¿Y los infantes armados con lanza, escudo y espada? Ésos, no. La distancia salvada, la precisión, la muerte que viene del cielo; el ojo capaz, el pulso que no tiembla; el blanco, el infinito y también la muerte dirigida al cielo; la presunción, la inteligencia, el desafío. Cazador o soldado, el arquero ha gozado siempre de buena reputación. La élite de los arqueros, que nunca se mezclan en el confuso cuerpo a cuerpo al que están destinados los demás combatientes. La forma depurada disparando sobre lo amorfo. Todas esos bultos animados de los que no se ve el rostro, todas esas criaturas convertidas en presa, todo ese lejos. El infante, el jinete y el ciervo.

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8 Comments:

Blogger samsa777 said...

Qué texto más hermoso.

¿Qué comparación podría hacerse con los francotiradores, tan importantes en la guerra sobre todo desde los asedios del siglo XX? ¿Y con su absoluto contrario, la tokkotai?

Un beso

17 septiembre, 2008  
Blogger Jesús Beades said...

y por esas flechas, "también mueren caballos en combate", y nadie levanta acta de tan callado morir, de su silenciosa tristeza. O casi nadie.

17 septiembre, 2008  
Anonymous Anónimo said...

Madre mía Julio, pareces describir el festejo del Toro de la Vega de Tordesillas.


Saylormoon

17 septiembre, 2008  
Blogger Antonio Azuaga said...

Me ha venido a la memoria Aldana (“Otro aquí no se ve que, frente a frente…”), y Cervantes quejándose por boca de su “ingenioso hidalgo” de la alevosía de las “malditas máquinas” (de fuego en su caso) frente a la nobleza de la espada. Pero tú vas más allá. Porque para mí es de la vida de lo que hablas, del amor si me apuras. La nobleza, el dolor, la victoria, la derrota, la esperanza, el pánico… sólo pueden vivirse en los ojos de los otros. Los “arqueros”, tienes razón, deciden todo eso con cruel indiferencia, con elegancia aterradora.

Muy bello el texto, Julio, muy bello.

17 septiembre, 2008  
Blogger Betty B. said...

No sé si habla de la vida, del amor o sólo de lo que nombra, la verdad es que yo nunca sé si entiendo sus textos, seguramente poco y mal, pero bueno, me parecen preciosos y me hacen pensar. El arquero es un símbolo hermoso, más que el infante y todo ese lejos del que formamos parte; más que el jinete y el ciervo. Y más que la hiena. Tal vez no todas las criaturas convertidas en presa son buenas y bellas. No existe la igualdad fuera de nuestra buena intención y yo rezo porque exista algo sin contaminar, si es que eso es posible. Los lejanos arqueros pagarán otros precios, supongo, correrán otros riesgos. Imagino que también morirán arqueros en combate.

18 septiembre, 2008  
Blogger José María JURADO said...

sólo sé que es uno de los textos más bellos y limpios que han salido aquí y ya es decir, porque alto estaba el listón, alta la flecha.

Una maravilla, Julio, para la próxima reedición de Europa en prosa poética.

18 septiembre, 2008  
Blogger Juan Manuel Macías said...

Es un texto hermosísimo y verdadero. Y qué oportuna la referecia a Apolo y a su epíteto. Aterra siempre encontrar en Homero a ese Apolo siempre desapasionado y sonriente que dispara sus suaves flechas, donde hasta la cólera parece un mero juguete en manos de un aristócrata aburrido que se dedicara a contar los blancos. El arquero siempre apunta de lejos, pero quien es herido por la flecha siempre ve al arquero como algo lejano, como un símbolo o un dios, y cae sin saber qué extraña elección a decretado su muerte.

20 septiembre, 2008  
Anonymous julio said...

¿Qué puedo decir? Gracias.

22 septiembre, 2008  

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