¿Dónde naciste? ¿Qué edad tenías cuando los medos avasallaron nuestras ciudades? ¿Qué te ha traído al fin del mundo y de las horas, al pobre vino y al fuego escaso?
Diógenes Laercio cita su longevidad usando los propios versos del autor.
"Ya son sesenta y siete los años en que mi pensamiento difundo por [la tierra de Grecia. Desde mi nacimiento habían transcurrido veinticinco antes de [éstos, si es que sobre este tema sé yo [expresarme con precisión."
Diógenes a su vez cita a Demetrio de Falero para narrar cómo Jenófanes enterró a sus hijos con sus propias manos.
Sigo emocionado por tu Safo... Y ahora Jenófanes... ¿Será que algún día nos regalarás el entero placer de un volumen de poetas (y filósofos!) griegos, en versiones poéticas sentidas y memorables?
Ojalá... Tú andas a paso lento, pero yo sé esperar...
Curioso que a Hesíodo, de humanos dioses y justicia por éstos recompensada (de ahí su precariedad), le suceda aquí Jenófanes, su crítico, para quien existe un solo Dios que “todo él ve, todo él piensa y todo el oye”. Aunque el poema se refiera a otros asuntos y no hable de justicia, sino de interrogantes humanos, plenamente humanos. Esos cinco últimos versos lo son intensamente y hacen crecer el fragmento autobiográfico de Jenófanes. Un abrazo
Sin duda, tuvo Jenófanes una vida particular.
ResponderEliminarDiógenes Laercio cita su longevidad usando los propios versos del autor.
"Ya son sesenta y siete los años
en que mi pensamiento difundo por [la tierra de Grecia.
Desde mi nacimiento habían transcurrido veinticinco antes de [éstos,
si es que sobre este tema sé yo [expresarme con precisión."
Diógenes a su vez cita a Demetrio de Falero para narrar cómo Jenófanes enterró a sus hijos con sus propias manos.
Magnífico poema.
Un saludo,
Hernán
Gracias, Hernán.
ResponderEliminarSigo emocionado por tu Safo... Y ahora Jenófanes... ¿Será que algún día nos regalarás el entero placer de un volumen de poetas (y filósofos!) griegos, en versiones poéticas sentidas y memorables?
ResponderEliminarOjalá... Tú andas a paso lento, pero yo sé esperar...
Curioso que a Hesíodo, de humanos dioses y justicia por éstos recompensada (de ahí su precariedad), le suceda aquí Jenófanes, su crítico, para quien existe un solo Dios que “todo él ve, todo él piensa y todo el oye”. Aunque el poema se refiera a otros asuntos y no hable de justicia, sino de interrogantes humanos, plenamente humanos. Esos cinco últimos versos lo son intensamente y hacen crecer el fragmento autobiográfico de Jenófanes.
ResponderEliminarUn abrazo
Gracias, Alfredo. No sé. Si eso llega a suceder, será casual, no premeditado.
ResponderEliminarEn el fondo, Antonio, también esos cinco están en Jenófanes. Y es cierto... ¡Qué contraste con Hesíodo!
ResponderEliminarFascinada con los textos: quiero más!
ResponderEliminar!Que belleza!
Saludos desde Perú
Luz María Sarria
Gracias, Luz María.
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