22 junio 2008

te solo aspetto

“In questa spera / sarai ancor meco, se ‘l desir non erra: / i’ so’ colei che ti diè tanta guerra / e compie’ mia giornata inanzi sera. // Mio ben non cape in intelletto umano: / te solo aspetto, e quel che tanto amasti / e là giuso e rimaso, il mio bel velo.” (Rerum vulgarium fragmenta, CCCII). Verano de 1351. Regreso a Valchiusa. Cuenta Ernest Hatch Wilkins, en su Life of Petrarch, que, nada más llegar allí, el poeta se encuentra con un perro abandonado que le ladra amenazante. Él le habla con dulzura. Al final, el perro se rinde y, moviendo la cola, va hacia Petrarca, alegre y confiado. Petrarca y ese perro “más negro que la pez, más veloz que el viento, más fiel que ningún otro perro” (Familiares, XIII, 11, 1), se hicieron grandes amigos. En Valchiusa le esperan los manuscritos dejados a medias. Le esperan sus paseos solitarios y sus cabalgadas con Raymond Monet, el granjero que cuidaba de sus tierras y de sus libros. Raymond no sabía leer, pero amaba esos libros y había aprendido a reconocerlos por sus títulos. A veces, estrechaba uno de ellos contra el pecho y se ponía a hablar en voz baja con su autor. Durante ese verano, Petrarca escribió mucho y sintió también, de manera más punzante aún, la ausencia definitiva de Laura. Un día, su pensamiento le lleva hasta el lugar donde ahora está aquella que busca y ya no encuentra en la tierra; hasta el tercer cielo le lleva, y allí la ve, más bella y menos orgullosa (¿por qué siempre el orgullo enredando con el amor?). Laura le coge de la mano y le dice que en esa esfera, si el deseo no se equivoca, volverán a encontrarse algún día (Dante ya pasó por allí cerca, pero ni se las prometía ni se las prometieron tan felices); le dice que es aquella que le dio tanta guerra y que murió antes del anochecer, que le hizo sufrir y murió antes de tiempo (y tendría que decirle que le seguirá dando guerra, porque, si no, si hay un término para el sufrimiento, ¿qué es el amor?); le dice que el intelecto no puede entender el bien que ahora goza, y le dice que le espera, que le espera sólo a él (¿puede un alma beata, un alma salvada, decir que espera a uno sólo?). Le dice que allá abajo, en el mundo, ha quedado lo que tanto amó Petrarca, su hermoso velo, la hermosura mortal (¿amó eso más que ninguna otra cosa? ¿amó sólo eso?).

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5 Comments:

Blogger samsa777 said...

En la constante espera seguro que no sólo amó eso, sino mucho más, hasta amarlo todo.

Un texto maravilloso.

Besos

22 junio, 2008  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Estoy de acuerdo con Francesco, digo con Francisco, vamos, con los dos. No en vano acaba aquél el soneto lamentando que le soltase la mano pues gustoso él se habría quedado allá “in cielo”. Laura existió aquí abajo, sin duda; puede que fuera circunstancialmente Laura de Noves. Pero la Laura de Petrarca es “descubrimiento” de Petrarca. Tanto da la relación que llegasen a tener en vida de ella, que tampoco fue tanta, lo fundamental fue la convicción veneradora de él. O si se prefiere la decisión de amar. Y cuando es la voluntad la que interviene en el amor, cuando no es el mero deseo (la “química”, como se dice hoy), entonces el “velo” tiene una importancia relativa. Que la tiene sin duda, pero, insisto, de modo circunstancial. Además, una pasión pendiente que ya no dispone de ninguna posibilidad nunca se extingue, sino todo lo contrario: se perpetúa. Es más, acaba por crear un mundo propio que poco o nada tiene ya que ver con las “envolturas” del que lo originaron.
Estoy seguro de que, después de la espera, ambos están gozando de ese bien que “non cape in intelletto umano”.
Y, efectivamente, el texto es precioso.

22 junio, 2008  
Blogger Antonio Serrano Cueto said...

¡Qué distinto el Valchiusa que tú evocas del actual Vaucluse, convertido en reclamo de cientos de turistas! Lo visité el verano pasado, y, con ser un paraje hermosísimo, apenas pude imaginar a Petrarca en aquel lugar. A pesar de ello, tu entrada me ha recordado que los turistas son efímeros y el "Canzionere" es inmortal.

22 junio, 2008  
Blogger Rocío Arana said...

Siempre el orgullo... tienes razón. Genial entrada.

23 junio, 2008  
Blogger Jesús Beades said...

Qué preguntas más difíciles.

24 junio, 2008  

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