25 junio 2008

exactas en la memoria

¿Verba volant? Muchas sí, todas no. Las palabras con que ofendimos y con que nos ofendieron resisten; las palabras del desamor, las de la humillación, todas ésas resisten, seamos o no rencorosos. Las del perdón, ésas sí vuelan. Incluso el perdón más sinceramente pedido y más sinceramente otorgado se expresa a través de fórmulas y de gestos convencionales, de palabras previsibles, menos poderosas, menos duraderas que las palabras de la ofensa. Nos quedamos con esas fórmulas y esos gestos; pasado el tiempo, sólo con el recuerdo de que hubo perdón, pero no con las palabras que le acompañaban. Mientras, las otras, las anteriores, las palabras del dolor, las palabras con que ofendimos y con que nos ofendieron, permanecen invariables, exactas en la memoria, aunque hayamos olvidado, aunque nos hayan perdonado de corazón.

6 Comments:

Anonymous Boscán said...

Es muy cierto, Julio: del amor queda la acción; del odio, la acción y la palabra, o sólo la palabra. Por eso, el hombre que pretenda cierto dominio de sí mismo ha de evitar el insulto o la satisfacción inmediata de su enfado diciendo cosas de las que seguramente se arrepentirá y que podrán abrir heridas incurables. Las amistades y los matrimonios se rompen más por las palabras mal dichas que por los actos no perdonados. Las palabras pocas veces convencen y muchas veces perjudican. Remitirse a los hechos, evitar las palabras. Perdona el atrevimiento de mi pregunta, pero ¿cómo llega a estas deducciones un maestro de la palabra como tú?

25 junio, 2008  
Anonymous julio said...

No sé, Boscán. Creo que, en el terreno afectivo, las palabras hirientes que se dicen de viva voz conmueven más que las escritas. En el fondo, en la escritura hay algo que impide que nos creeamos del todo lo que allí vemos escrito o que favorece nuestra incredulidad si lo que queremos es no creer.

26 junio, 2008  
Blogger planseldon said...

Es bonito lo que dices, Julio. A mí me atormentan las palabras cuando son mías y han hecho daño. Perdonar a los demás nunca me ha resultado difícil. Perdonarme a mí mismo, sí.

26 junio, 2008  
Anonymous julio said...

Así tendría que ser siempre, Carlos. De alguna manera, nuestro propio arrepentimiento nos impide perdonarnos a nosotros mismos.

26 junio, 2008  
Anonymous Anónimo said...

"Si alguien se cree religioso pero no le pone freno a su lengua, se engaña a sí mismo, y su religión no sirve para nada... Fijaos también en los barcos. A pesar de ser tan grandes y de ser impulsados por fuertes vientos, se gobiernan por un pequeño timón a voluntad del piloto. Así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. ¡Imaginaos qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa! También la lengua es un fuego... Con la lengua bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a las personas, creadas a imagen de Dios. De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Puede acaso brotar de una misma fuente agua dulce y agua salada? Hermanos míos, ¿acaso puede dar aceitunas una higuera o higos una vid? Pues tampoco una fuente de agua salada puede dar agua dulce"
(de la Carta de Santiago)
Lo que dice no es sólo que haya que controlar la lengua, sino que lo que sale de la boca declara lo que hay en el corazón: Si en el corazón tenemos una higuera, produciremos higos. Si el agua que sale de la boca es dulce, es señal de que el manantial del corazón es dulce. Del mismo modo, el agua salada es una muestra de la verdadera condición del corazón: Seguramente eso, más que el sabor de la sal, sea lo que resulta difícil olvidar.
Quizá más que las palabras, sea el corazón lo que tenemos que cuidar, entonces las palabras serán las adecuadas.

26 junio, 2008  
Anonymous julio said...

Eso, Anónimo, nos evitaría muchas ocasiones de herir con nuestras palabras, pero no cancelaría toda posibilidad de hacerlo. Es un juego de dos y, a veces, hasta el alma menos cruel puede ofender, herir, causar dolor a otra. La bondad y el dominio de sí mismo cuentan, pero siempre quedarán en nosotros (y en los otros) bastantes puntos vulnerables.

27 junio, 2008  

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