16 junio 2008

¿de qué está hecha?

¿De qué está hecha la poesía que se puede leer? De obsesiones, sin duda. Y de pasión. Si no se cree con obstinada pasión en algo muy concreto o si no duele no creer en nada, no hay poesía. Si sólo se cree en vaguedades, como la belleza ideal, la Humanidad (con mayúscula y sin rostro) o la bondad de la naturaleza, no hay poesía. Menos aún, si se manejan con maniqueísmo esas abstracciones. ¿De qué está hecha? De inconsecuencia, sin duda. De fe y de pasión traicionadas. De conciencia de la propia traición. No vale estar satisfechos. Creer y estar satisfechos de creer: eso no sirve, porque ahí no hay obstinación ni pasión, sino un estado amorfo del alma, sin historia, sin sangre, sin sacrificio. Y lo que menos sirve es que la Poesía (así, abstracta y también con mayúscula) obsesione más que cualquier otra cosa. La obstinada pasión por la Poesía está detrás de toda la poesía que no se puede leer.

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7 Comments:

Blogger Antonio Serrano Cueto said...

También de naufragios e islas. Hermosa entrada.

16 junio, 2008  
Anonymous Antonio Azuaga said...

¿Cómo era aquello, Julio?... Lo de Santillana, ya sabes… ¿Algo así como decir cosas interesantes, “cubiertas o veladas con muy fermosa cobertura”?… Pues eso es lo que pasa aquí. No, no lo digo en este caso por la “poesía”, lo digo por la entrada, en lo que dice tan llena de verdad como cubierta de hermosura en cómo lo hace. Aunque ya estamos acostumbrados.
No tengo nada que aportar, sino que aplaudir todo. O sumarme al naufragio y las islas de mi ilustre tocayo. O recordar que no sólo “duele no creer en nada”, que a veces “creer”, no en “vaguedades”, sino en inconcebibles consistencias, duele en igual medida. Por el desamparo, por la incomprensión, por la soledad. En cualquier caso, siempre será pasión, como tú escribes, en todos sus posibles sentidos.
Un abrazo.

16 junio, 2008  
Blogger Rocío Arana said...

¡¡¡Pero qué bueno!!!

17 junio, 2008  
Blogger Ombusía said...

Magnífico: se me ocurre que la Obsesión por la Poesía nada tiene que ver con la obsesión misma que es la poesía, su onda expansiva desde un punto minúsculo, su vitalidad cierta.

Aunque quizás esto sean también vaguedades.

Saludos.

17 junio, 2008  
Blogger Juan Antonio, el.profe said...

Suscribo humildemente tus palabras, Julio. Si me tuviera que decantar por algo, por tu última reflexión: de la obstinada pasión por la poesía surge poesía que no se puede leer. No deberíamos olvidarnos nunca de esto cuando escribimos poesía.

17 junio, 2008  
Blogger Eduardo del Pino González said...

Yo no sé qué diría. Largas noches de fiebre, de dolor sin vuelta de hoja, el ardor en la frente, alucinaciones viscosas; la soledad, el angor spiritus; la mentira calculada de quien fue un amigo, o un maestro, o una compañera. La rabia por la venganza, el vergüenza de sí mismo, el odio hasta la destrucción.

Sin duda hay que morir para que renazca el canto. Pero morir morimos todos. Algunos saben de natural cantarlo: cuestión natural.

17 junio, 2008  
Anonymous alfredo rodríguez said...

A veces lo malo no es estar obsesionado con la Poesía (así, con mayúsculas), a veces lo malo es obsesionarse con querer "entender" a toda costa los versos de un poeta. A veces para disfrutar de la poesía, para sentirse deslumbrado por su belleza, no es preciso entender por completo su significado. Y es que lo que el poeta ha pretendido decir en el momento de escribir unos versos determinados forma parte de una emoción vinculada a su propia memoria. El lector ha de ser capaz de encontrar en esos versos una emoción distinta, vinculada también a su propia memoria. Sólo más tarde -y a veces después de sucesivas relecturas- llegará la reflexión, su propia reflexión, su particular versión de los hechos, que quizá coincida o no con la del poeta.

21 junio, 2008  

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