05 mayo 2008

el amor

El amante ama la inseguridad. Y la vida se lo pone fácil, porque a la amada le gusta transmitir inseguridad. O la transmite sin darse cuenta. En cualquier caso, es amada para siempre por eso mismo, por transmitir inseguridad. Si alguna vez deja de ser amada es que, en el fondo, nunca lo había sido; es decir, que la inseguridad que ofrecía no era tal y, por lo tanto, no había amante, sino un don juan a quien le encanta vencer las aparentes inseguridades. La inseguridad, para serlo, tiene que tener la misma duración que la vida. La inseguridad es la duración misma del amor. Y si esa duración no es absoluta, el amor es orden o pillaje, pero no amor. La vida insufrible viene de la inseguridad, pero también viene de ella la única vida verdadera del alma, la que permanece alerta. Sin la inseguridad, no hay amantes, sólo filisteos y donjuanes, almas complacidas y complacientes, pero sin amor.

Etiquetas:

19 Comments:

Blogger Dal said...

Quizás esa inseguridad venga de la incompatibilidad del anhelo de eternidad de todo amor verdadero con nuestra conciencia de finitud terrena.

05 mayo, 2008  
Blogger samsa777 said...

Una vigilia constante, sin duda.

05 mayo, 2008  
Blogger Juan Manuel said...

Estoy completamente de acuerdo. Supongo que ese premio de la inseguridad viene por aceptar "la otredad" del otro, más allá de la mísera certeza cartesiana del yo. Lo contrario sería posesión o idolatría, que tal vez sean la misma cosa.

05 mayo, 2008  
Blogger Antonio Serrano Cueto said...

Hermosa reflexión. En realidad, la amada (o el amado) no hace sino proyectar la inseguridad del amante (o la amante) en su relación, siempre frágil, con el mundo. El amor es en ese sentido un potenciador de los miedos propios. Ahí está la fuerza de los amantes, y ahí muchas veces su perdición.

05 mayo, 2008  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Dices bien, Julio, muy bien. El amor es la más plena afirmación de la vida y la vida, desde sus niveles más elementales, se define por la zozobra, por la incertidumbre. Por eso es lucha y combate. Las piedras sólo se dejan traer y llevar, erosionar todo lo más, sin sufrimiento, sin tampoco entusiasmo. ¿Qué otra cosa podría ser el amor entonces sino inseguridad querida? O como dice Machado (Manuel, claro):

“Mi pena es muy mala
porque es una pena que yo no quisiera
que se me quitara.”

Y no es masoquismo, sino la esencia misma del amor porque antes lo es de la vida.

Un abrazo.

05 mayo, 2008  
Anonymous Anónimo said...

yo cambiare la plabra amor por passion en este contexto.

06 mayo, 2008  
Anonymous Betty B. said...

Bonitas teorías, pero es de verdad insufrible amar sin alguna pequeña certeza, algo que te mantenga de pie aguantando los constantes golpes de las dudas, algo a lo que agarrarte para que el siguiente no te tumbe y que las ganas resistan la cruda luz del día, fuera del ring oscuro y la expectación, cuando estás sólo mirándote las marcas y pensando como disimularlas, pensando ¿para qué?, y por qué, por qué yo. Algo para el dolor, un poco de certeza. Que la única verdad del amor no sea el daño que te haces, ni el único final posible la sensatez del abandono o la mentira hermosa y delirante de la poesía. Algo que te nombre y te sostenga sobre tus piernas entonces, o el golpe que te lleve hasta el sincero beso del suelo, el que te espera y el que darás seguro porque al menos es una forma de acabar, el golpe en la cabeza contra el suelo y el dolor que ahogue de verdad los deseos. No es un complaciente olvido de fariseo que vuelve a sus negocios sino una mutilación. Nada, nada que ver con los poemas que yo conozco. Sólo es agradable cuando no es cierto, cuando se sufre a medias, lo justo para elevarse de las miserias cotidianas y realmente no amas a otro, sino que buscas sentirte así, sentirte tú, siempre tú, no él o ella.

06 mayo, 2008  
Blogger Ombusía said...

No quiero hacer un fácil juego de palabras o incurrir en una boutade, pero creo que la mayor certeza de los amantes es saber esa inseguridad, saberla y saborearla en la eternidad que es cada instante de dolor o placer. No recuerdo quién o quiénes lo han dicho, pero creo que la eternidad es el instante. Y, como dice J.C.: "todo se rompe menos la eternidad". Muy certera esa "definición" del amor como vigilia: es un amor que desborda los sujetos.

06 mayo, 2008  
Anonymous Anónimo said...

Un amor que ha pasado por todas las pruebas, un amor que ha permanecido y permanecerá porque el tiempo y las adversidades no pueden nada contra él. Un amor hecho de esa dulce convicción que nos hace decir: “en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe” (…. y también después). ¿De que inseguridad me están hablando? Esa seguridad ciega, absoluta en el amor y fidelidad de la amada –amor, desde luego, siempre inmerecido-, ¿es pillaje? ¿es donjuanismo? ¿es de fariseos? Al contrario que Machado (don Manuel, claro) y el señor Azuaga creo que el amor es alegría , no pena., es lo que nos da fuerzas. ¡Confianza! ¡qué hermosa palabra! Tal vez, todo es posible, estoy diciendo esto porque soy un alma complacida y complaciente que no sabe lo que es el amor.
(El amigo de Kierkegaard)

06 mayo, 2008  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Con tu permiso, Julio, y por algunas alusiones:

Siento la insistencia, aunque debiera decir la “delimitación”. Yo no quiero tener seguridad, sino fe en ella, lo que no es un “resguardo” de garantía para reclamar la indebida eficacia del producto. La fe, “sacramental” incluso, en la entrega y confianza “hasta que la muerte nos separe” no es una anulación del otro, sino que se grita desde la consubstancial libertad humana de cada uno. Y la certidumbre (esta sí, esta es un axioma, para mí por lo menos) de tal libertad es lo que mete la cuña en la afirmación. Cuña que, por otra parte, no es sino un reconocimiento de que, si se mantiene el pacto, es porque en cada momento se está reafirmando lo que se podría negar. Se vuelve a decir que sí, aunque pudiera decirse lo contrario. Eso es una seguridad en vilo, porque necesita una constante (somos temporales, conviene no olvidarlo) confirmación. Es decir, es una “inseguridad” que mantiene vivo el amor. Hasta la vida misma se ve obligada a afirmaciones semejantes. Si yo tuviera la cifra rigurosa de los meses, días, horas o minutos que me quedan por vivir; si poseyera la certidumbre exacta y garantizada de quienes me aman y la cuantía en que lo hacen; si no hubiera ninguna concesión al salto arbitrario de la sorpresa, perdería las ganas de velar, de esforzarme, de vigilar y vigilarme. Perdería las ganas de vivir. Habría alcanzado el perfecto y acomodado estado de la estúpida piedra, del mineral acostumbrado a su indolencia. Seguro y descansado al fin, sin inquietud, sin sentir, sin… Bueno, mejor otra vez Machado (Manuel, naturalmente):

– Hijo, para descansar
es necesario dormir,
no pensar,
no sentir,
no soñar…
– Madre, para descansar,
Morir.

07 mayo, 2008  
Anonymous Anónimo said...

Pregunto:¿Suena mejor "seguridad asombrada". Sigamos con Machado (Manuel, por supuesto):

Camino que no es camino
de más está que se emprenda,
porque más nos descarría
cuanto más lejos nos lleva.

(El amigo de Kierkegaard)

07 mayo, 2008  
Blogger Ombusía said...

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? R.C.

07 mayo, 2008  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Con tu permiso, de nuevo, Julio:

Pudiera servir lo de “seguridad asombrada”, que es una seguridad “sorprendida” de creérselo por estar cubierta de “sombras”. Pero a mí me parece un eufemismo: si se la saca al sol, se descubre “inseguridad”. Sigo pensando que el amor es una asíntota que desea una aproximación indefinida a la cónica correspondiente, a la hipérbola de su empeño. Pero no quiere cortarla, “asegurarla” en el punto exacto del cruce de ambas líneas. Si lo hiciera, ella dejaría de ser asíntota y la cónica de ser hipérbola. También la geometría elige la “inseguridad”, como Machado (Manuel, desde luego) que tan bien cuadra aquí con tu entrada, Julio:

“Sepulturas de amores
son las ojeras,
que van diciendo a voces
dichas completas.

Y amor no quiere,
para ser duradero,
satisfacerse.”

07 mayo, 2008  
Anonymous Anónimo said...

Leo de nuevo la entrada de don Julio y los comentarios del señor Azuaga y, decididamente, no estoy de acuerdo. Coincido con Betty cuando dice que es insufrible amar sin, al menos, una pequeña certeza. Evidentemente, todos sabemos que la poesía lleva siglos "viviendo de" las zozobras, indeterminaciones, dudas y demás infortunios del amor, pero, lo que sí es algo inédito es la geometría sirviendo de explicación de las vicisitudes del amor. Y lo que me atrevo a asegurar es que no se sienten como piedras que se dejan traer y llevar, sin sufrimiento ni entusiasmo todos los que tienen en la amadª/º su anclaje.
(El amigo de Kierkegaard)

08 mayo, 2008  
Blogger Ombusía said...

Para mi, el concepto de amor no es algo inconmovible, también ahí entra la inseguridad... El escepticismo es el principio de las verdades, y entre ellas están las beldades de la zozobra, el éxtasis del dolor o del placer...

Dogma, para mi, es un precioso movimiento cinematográfico...

08 mayo, 2008  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Yo también estoy de acuerdo con eso de las “pequeñas” certezas, de hecho, más arriba me he referido a cierta “seguridad en vilo”; pero, tanto la entrada de Julio como la acertada puntualización de Ombusía, creo que marcan la distancia con respecto a la “absoluta certidumbre”.
En cuanto a la geometría, a pesar de su material referencia, es una ciencia, en mi opinión, bastante espiritual. Es más me atrevería a afirmar que es al alma como el esqueleto al cuerpo. No sé si a Spinoza le ocurría otro tanto y de ello proceda el título completo de su “Ética”; o a Platón, que hizo de la misma antesala de las “ideas”. En cualquier caso, lo dicho no es más que una metáfora por aquello de la “infinita aproximación” (que por ser aproximación va cargada de “pequeñas certezas” y por ser “infinita”, de inevitable incertidumbre) de las asíntotas a sus curvas. Dos rectas que se cruzan, sin embargo, tienen la incontestable seguridad de ese punto en que se interrumpen. Luego, se apartan. ¡Indefinidamente!. Y no es poesía, sino un ejemplo comparativo.
Para el ser humano, por lo menos, un problema resuelto, es un problema muerto, un problema que pierde todo interés y apaga cualquier inquietud de volver a tratar con él. Quienes quieran ser fieles a la fidelidad jurada tienen por delante una hermosa tarea de la voluntad: trabajar cada segundo de su vida para que el objeto de su fidelidad se revista de zonas no sabidas, inquietantes, que le provoquen alguna zozobra y el deseo de resolverlas. Nunca dar por sabido, tenido o seguro todo. Eso sería una reificación del otro y un síntoma de pereza en el amor.
Perdona, Julio, la extensión, la frecuencia y la invasión de tu espacio. Ya me callo. De verdad.
Un abrazo

08 mayo, 2008  
Anonymous Anónimo said...

Por mi parte, también yo finalizo y pido excusas. El señor Azuaga hace la siguiente descripción de las tareas del amor: “trabajar cada segundo de su vida para que el objeto de su fidelidad se revista de zonas no sabidas, inquietantes, que le provoquen alguna zozobra y el deseo de resolverlas..” Dicho con el mayor respeto, parece el argumento de una de esas películas de los años 30, de Marlene Dietrich.
Algunos aspiramos a que nuestras convicciones en materia amorosa sean parecidas a las de Nicolás Gómez Dávila en religión, cuando dice: •Mis convicciones son las mismas que las de la anciana que reza en el rincón de una iglesia”.
(El amigo de Kierkegaard)

08 mayo, 2008  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Es evidente que Rorschach tiene todavía bastante futuro.

09 mayo, 2008  
Anonymous julio said...

Gracias por vuestros comentarios y por ese animado diálogo. La verdad es que todo lo que decís enriquece mis perspectivas. Además, esta entrada me ha animado, al fin, a poner etiquetas a los textos. Como era un tema que ya había tratado desde diversos puntos de vista, me ha parecido conveniente remitir al lector a otras entradas. De paso, he ido agrupando las demás bajo epígrafes temáticos o por referencias onomásticas. Este texto forma parte de un ensayito titulado, precisamente, "El amor". Más adelante, si Dios quiere, verán la luz nuevos capítulos: "El amor 2", "El amor 3", etc.

09 mayo, 2008  

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home