24 abril 2008

religión y crédito

Viaje en ferrocarril a lo largo de Estados Unidos (1904). En el mismo compartimento, Max Weber y un representante de inscripciones en metal para tumbas. Sale a relucir el sentimiento religioso del pueblo norteamericano. El viajante de comercio dice: “Señor, yo pienso que cada cual puede creer o no creer lo que le dé la gana. No obstante, si me encuentro con un granjero o un comerciante que no pertenece a ninguna iglesia, no le fío ni cincuenta centavos. ¿Por qué iba a pagarme si no cree en nada? (Why pay me, if he doesn't believe in anything?)”. No se trataba de una postura personal, sino de algo sólidamente instituido. Por ejemplo, a la caza de posibles desórdenes morales, los baptistas examinaban minuciosamente la biografía de todo candidato a entrar en su iglesia (frecuentación de cabarets, danza, teatro, juegos de azar, retraso en la devolución de préstamos, libertinaje...). Max Weber señala que la admisión en la comunidad garantizaba de manera absoluta las cualidades éticas del candidato y le permitía a éste un fácil acceso a cualquier tipo de crédito. La respuesta del viajante puede tener su aquél y su justificación. El resto nos habla de una religión industrial y estandarizada. Es decir, la fe y la virtud, como movimientos mecánicos. Una religión a la vista de todos. ¿Habría cabarets invisibles en el alma de esta gente, rincones íntimos en los que su conciencia les descubriera pensando en lo que no debían pensar? Creo que no. Bien trabajada, bien mecanizada, como los movimientos del gimnasta, esa exterioridad, esa exhibición virtuosa, anula la vida del alma y, con ella, todo sentimiento de conflicto, toda reflexión sobre el conflicto. Es la religión de los irreprochables, que convierte en Ley el alma y en una leyenda más o menos dramática la Cruz.

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8 Comments:

Blogger Dal said...

Me recuerda al reproche que le hicieron a Chesterton cuando abrazó el catolicismo, diciendo que en las iglesias las señoras tenían que llevarse el bolso al ir a comulgar, porque si no se lo robaban del banco. "Esa es la Iglesia a la que me apunto, dijo Gilberto, a la de los pecadores como yo", o algo así. El puritanismo y el fariseísmo no tienen entrañas de misericordia. De ahí su dureza, su falta de humor, su pesimismo. Nosotros nos sabemos pecadores, pero también redimidos, y con los sacramentos para ayudarnos.

24 abril, 2008  
Anonymous Anónimo said...

Para seguir con Chesterton:
"This is the essential Puritan idea, that God can only be praised by direct contemplation of Him. You must prais God only with your brain; it is wicked to praise Him with your passions or your physiucal habits or your gesture or instinct of beauty. Therefore it is wicked to worship by singing or dancing or drinking sacramental wines or building beautiful churches or saying prayers when you are half asleep. [...] we can only worship by thinking. Our heads can praise God, but never our hands and feet. That is the true and original impulse of the Puritans". En la biografía que escribe de uno de ellos, George Bernard Shaw, Collected Works, 11, 379.

24 abril, 2008  
Blogger Jesús Beades said...

Exacto.

24 abril, 2008  
Anonymous paula valenti said...

el otro día hablaba de algo parecido con uno de mis alumnos: nos hace eso más "valientes" o más "auténticos" a los católocos de hoy día que al católico-masa del franquismo??
ya sabéis que me refiero a los que cumplían porque era lo que tocaba en la época y que quizás tenían verdaderos cabarets en sus almas.
yo creo que sí, porque sencillamente hoy no tenemos nada que ganar de cara a la galería, antes al contrario.

25 abril, 2008  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Leyendo tu entrada, me ha venido a la memoria el Hijo pródigo, su regreso, la fiesta, la alegría del Padre… Sin exigencia de avales, sin advertencia de vigilancias futuras, sin amenazas… Sólo el gozo porque el hijo vuelve… Eso es Religión a lo grande, Religión que merece la pena, Religión que da ejemplo de amor y confianza, no que invierte en sospecha y rentabilidad.
Muy buena entrada, como siempre, amigo mío.

25 abril, 2008  
Blogger Eduardo del Pino González said...

Aquí un admirador del escritor. Y una sugerencia, si se me permite. Creo que este blog ganaría más si el autor pusiera etiquetas a las entradas, de forma que se pudieran hacer búsquedas en el archivo por temas. Sería bueno también, por ejemplo, una relación de temas o etiquetas.

27 abril, 2008  
Anonymous Anónimo said...

Cuenta Indro Montanelli en su maravilloso “PERSONAJES”(Plaza Janés,1977) bajo el título “Los presbiterianos” su visita con cena incluída a una familia de puritanos de Boston.
Creo, Julio, que encaja en su magnífica “Religión y Crédito”.
Todo viene del éxito de una divertida anécdota napolitana que IM venía repitiendo en sus reuniones de Nueva Kork (añade que en NY se puede tener una hora de popularidad hasta con una historieta). Ante la insistencia de un amigo que “cogió la manía” de que debía ir a Boston a repetir aquel sketch ante los suyos y ya tenía proyectado ir a Boston, aceptó.
“No creo que tuvieran nada contra mí, personalmente; la suya era una desconfianza genérica de pastores presbiterianos contra las categorías a las cuales yo pertenecía: extranjero, católico y el colmo de los colmos, italiano. Un bípedo que reuniese tres cualificativos sospechosos como aquéllos no debía haber traspuesto jamás el umbral de su casa, y dudo que el caso pueda repetirse en el futuro.” Así comienza el episodio de “Los presbiterianos”. Más adelante dice:
“.cuando vi las caras de los que habían de divertirse con mis palabras, toda fe en la potencia recreativa de mi anecdotario me abandonó de golpe. Desde detrás de cinco pares de gafas con montura de oro me miraban diez ojos gélidamente azules, que parecían no haber conocido nunca ni el velo de una lágrima ni el resplandor de una sonrisa Y yo empecé a contar (…) Evité mirarles para no perder el poco coraje que me quedaba; y, sin asomo de esperanza de ver despegarse con una sonrisa aquellas bocas acerbas, desarrollé el pequeño enredo de la historieta.”
El resultado fue inesperado. Rieron y rieron hasta el paroxismo. Y termina Montanelli diciendo:
“Yo miraba a aquella gente con más angustia que diversión, preguntándome desde cuántas decadas no se reían para poder hacerlo ahora de tal modo por una estupidez como la que conté”
(El amigo de Kierkegaard)

28 abril, 2008  
Anonymous julio said...

Gracias a todos. Creo que vuestros comentarios ilustran mejor que mi texto la idea que quería transmitir. Para mí ha sido un placer leerlos. En cuanto a las etiquetas, Eduardo, he pensado alguna vez en ello, e incluso me puse manos a la obra, pero me salían casi tantas como entradas. Los poemas son los únicos que pueden agruparse en una etiqueta lo suficientemente numerosa. Una solución sería poner las entradas bajo varias etiquetas. Veré, en cualquier caso, cómo puedo facilitar la lectura del blog. Te agradezco que me hayas señalado ese detalle.

29 abril, 2008  

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