01 febrero 2008

mio cid

De los sos ojos tan fuertemientre llorando,
tornava la cabeça e estávalos catando.
Vio puertas abiertas e uços sin cañados,
alcándaras vazías, sin pielles e sin mantos,
e sin falcones e sin adtores mudados.
Sospiró mio Cid, ca mucho avié grandes cuidados,
fabló mio Cid bien e tan mesurado:
--¡Grado a ti, Señor, Padre que estás en alto!
¡Esto me an buelto mios enemigos malos!—
Allí piensan de aguijar, allí sueltan las riendas.
A la exida de Bivar ovieron la corneja diestra
e entrando a Burgos oviéronla siniestra.
Meció mio Cid los ombros e engrameó la tiesta:
--¡Albricia, Álbar Fáñez, ca echados somos de tierra!—


No hay mirada que sepa deternerse así en las cosas. Ni que, de improviso, nos ofrezca la totalidad del espacio y el movimiento que lo cruza, ese vacío y esos hombres de cuyo contraste nace la pura desolación. No hay mirada que sepa situarnos así en la vida, en el tiempo en marcha. Se buscaría inútilmente en el cine o en la novela moderna. ¿Qué nos piden estos versos? Fidelidad. Fidelidad a las palabras, porque las palabras, digan lo que digan quienes hablan de su fracaso, saben cumplir con su deber y llevarnos a las cosas. Fidelidad, por tanto, a la poesía y fidelidad a la lengua que daba sus primeros pasos emocionándonos, enamorándonos de esta manera.

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13 Comments:

Anonymous Antonio Azuaga said...

Escoges hoy uno de mis fragmentos favoritos, y encima lo adornas con verdades hermosas. Me encanta la referencia al cine, porque es una escena que siempre leí cinematográficamente: esos ojos “tan fuertemientre llorando” que siempre he imaginado bajo una visera alzada hecha al dolor y dureza del combate… Ternura bajo fuerza, dolor sobre dulzura… Es verdad, no ha habido, ni habrá, imagen capaz de competir con esas palabras... recién nacidas.

01 febrero, 2008  
Blogger samsa777 said...

"[...] que a Mio Çid Ruy Díaz que nadi nol' diessen posada
e aquel que ge la diesse sopiesse vera palabra
que perderié los averes e más los oios de la cara
e aun demás los cuerpos e las almas. [...]"

La gradación en la condena es maravillosa... Y volviendo a la línea de tu entrada:

"¡Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señor!"

no hay verso que mejor resuma, creo, lo que expones.

Un beso.

02 febrero, 2008  
Anonymous ana said...

Apriesa cantan los gallos. que quieren quebrar albores

es posiblemente la mejor elipsis que yo conozco

02 febrero, 2008  
Blogger Juan Antonio, el.profe said...

Emocionantes palabras las del Poema y emocionada reflexión que nos hace revivir al clásico. Gracias, Julio.

02 febrero, 2008  
Blogger Juan Manuel Macías said...

Esos versos son un tesoro, Julio. Los leí por primera vez (supongo que como tantos) en la niñez, y comprendí que eran el hogar, aunque no entendí apenas lo que decían. Vuelvo a ellos siempre que puedo, sobre todo cuando me siento tentado de perder la fe en la poesía. Ay, esas asonancias...

02 febrero, 2008  
Anonymous Emilio Quintana said...

Albricia y siempre albricia, que patria ingrata no merece cuidado.

02 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Palabras recién nacidas, Antonio, y emotivas por sí mismas. Lo abras por donde lo abras...

04 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Fuera del ámbito académico, ¿se seguirá leyendo el Cantar, Francisco?

04 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

No te falta razón, Ana.

04 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Gracias, Juan Antonio.

04 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Son el hogar. Lo dices muy bien, Juan Manuel.

04 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Sí que lo merece, pero ¡albricia, Emilio!

04 febrero, 2008  
Blogger samsa777 said...

Debería. Y creo que es así, que se sigue leyendo, porque algunos alumnos de los talleres literarios (no filólogos) sí lo conocen con cierta profundidad. Ten en cuenta que lo épico-medieval, aunque muchas veces sea por caminos poco fieles a su espíritu inicial, es un motivo que fascina al público de nuestro siglo.

Un beso.

04 febrero, 2008  

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