07 febrero 2008

libros

Dice el Gozo a la Razón: “Guardo muchos libros excelentes.” La Razón responde: “Tienes muchos prisioneros. Si pudiesen liberarse y hablar, te llevarían a juicio por haber construido una cárcel privada. Pero, así, callados, lloran por muchas cosas, y especialmente por el hecho de que un avariento indolente posea en tanta abundancia aquello de lo que carecen muchos esforzados estudiosos.” (Petrarca, De remediis utriusque fortune. Trad. de José María Micó).

A Petrarca se le conoce un gesto de generosidad que subraya la sinceridad de estas líneas. En 1333, el agustino Dionigi da Borgo San Sepolcro le regaló en Aviñón una copia de las Confesiones de San Agustín. Ernest Hatch Wilkins, en su admirable Life of Petrarch (1961), señala de manera expresiva que ese libro, difícil de leer por sus caracteres minúsculos, llegó a convertirse en “una parte de su mano”. Siempre lo llevaba consigo y, al descender del Mont Ventoux, lo abrió al azar, justo por donde San Agustín dice que los hombres se dedican a admirar las cimas de los montes y las enormes olas del mar, las grandes corrientes de los ríos, la inmensidad del océano y la rotación de los astros, mientras se olvidan de sí mismos. Cuarenta años después, Petrarca se lo regalará a Luigi Marsili, otro agustino, que se lo había pedido prestado. Esas Confesiones habían sido determinantes en su vida y, ahora, se separaba voluntariamente de ellas. Hermosa manera de pagar una deuda y de dejar que los libros, incluso los más queridos, no cumplan cadena perpetua.

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18 Comments:

Blogger samsa777 said...

Muy hermoso.

07 febrero, 2008  
Blogger Enrique Baltanás said...

O sea, que ya Petrarca hacía book crossing. Nihil novum...

07 febrero, 2008  
Blogger Counter-Revolutionary said...

Pues a mí me parece que en ese extracto Petrarca es un poco mezquino. Si no fuese Petrarca casi me lo imaginaría como un viejo doctorcillo achacoso que regaña a los que obtienen gozo de las obras de los hombres.

07 febrero, 2008  
Blogger Juan Antonio, el.profe said...

Iba a decir que los tiempos han cambiado, que ahora tener un libro no es como en época de Petrarca poseer un manuscrito, que la imprenta ha dado la posibilidad a muchos de atesorar libros... pero me acuerdo de que poseo la Métrica española de Navarro Tomás o el Curso superior de ignorancia de D'Ors (por citar sólo dos ejempolos) gracias a sendos amigos que los liberaron, ya que son libros agotados y no reeditados. Hagámosle, pues, caso, a la Razón de Petrarca...

07 febrero, 2008  
Blogger planseldon said...

No sé quien nos contó (creo que fue Antonio Bravo), que Petrarca fue uno de los primeros en conseguir un Homero en Occidente, y que como no sabía nada de griego, se dedicaba a acariciarla como a un gatito. ¿Te suena la anécdota?

07 febrero, 2008  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Yo creo que la clave está, como bien señalas, en la generosidad. Me parece portentoso el relato de ese “gesto”, sobre todo por el tiempo en que ocurre, cuando un ejemplar era mucho más “ejemplar”, porque era mucho más “único”. Confieso que probablemente yo no lo haría; tal vez porque, a pesar de alardear tanto de platonismo, mi dependencia del soporte material de las ideas es enorme. Por eso la primera reacción que uno tiene, coincide con Counter-Revolutionary. Pero... después remuerde un poco la conciencia; admira uno a Petrarca y cae en la cuenta de que, curiosamente, el “gesto” tiene como testigo a San Agustín, otro platónico que, poco antes del fragmento azarosamente hallado, había también escrito sobre la memoria: “Allí me encuentro yo a mí mismo y me acuerdo de mí”. Y no es sólo uno quien allí reside, también está el vestigio de Dios… ¿Cómo llevando uno dentro tanto, podría desear poseer algo más?
Creo que esa pregunta se la hizo Petrarca gracias a las “Confesiones”… Y obró en consecuencia.

07 febrero, 2008  
Blogger samsa777 said...

No puedo estar en mayor desacuerdo con Counter-r... Mal epíteto ese "mezquino" para Petrarca, creo, con toda humildad...

07 febrero, 2008  
Anonymous ana said...

al revés,counter-revolutionary ese gesto prima el ser del libro frente a su continente.Es una reivindicación de la experiencia estética frente al objeto.Y una invitación a compartirla.

08 febrero, 2008  
Blogger Rocío Arana said...

Vuelvo a tu blog después de mi pàréntesis pre-defensa... como siempre, ¡gracias!

08 febrero, 2008  
Blogger Counter-Revolutionary said...

¿Pero la experiencia estética no la proporciona la busqueda del gozo? Después de leeros, entiendo la frivolidad en que puede caer el gozo, olvidándose de que es más bien el reflejo, la representación de algo superior, pero otro lado de mí mismo me dice ¿el gozo necesita justificarse, no es suficiente el gozo por el gozo? Lo de mezquino no iba por Petrarca, sino por su fragmento, y matizo ahora que de modo entrecomillado.

08 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Francisco, hay muchas historias hermosas que tienen que ver con tu tocayo y los libros

11 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Pero ese “book crossing” tenía más mérito entonces, Enrique.

11 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Creo, José Luis, que aquí Petrarca apela más bien a la generosidad.

11 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Espléndidos esos amigos, Juan Antonio. Su comportamiento no es nada común.

11 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Lo de las caricias, no sé, Carlos, pero lo cierto es que tenía ese Homero y no sabía griego.

11 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

¿Sabías, Antonio, que el primer libro que compró Petrarca fue la “Civitas Dei” de San Agustín? Hay mucho San Agustín en Petrarca. Su “Secretum” supone un reconocimiento explícito de esa deuda.

11 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Lo dices muy bien, Ana, pero esa misma condición de objeto querido que tiene el libro dificulta las cosas. Recomendamos un libro, pero rara vez lo prestamos. Preferimos regalar incluso otro ejemplar.

11 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Bienvenida, Rocío, y enhorabuena de nuevo, doctora.

11 febrero, 2008  

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