12 febrero 2008

felicidad o no

Parafraseando a San Agustín, Hannah Arendt dice que “la felicidad se alcanza cuando lo amado se torna elemento del propio ser” (El concepto de amor en san Agustín). ¿Sólo la felicidad? La fuente de la desdicha, gozosa o no, puede ser la misma.

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17 Comments:

Blogger AnaCó said...

Completamente de acuerdo, Julio. Arendt tendría que matizar en qué consiste esa posesión. Se puede tener, como dice el mismo San Agustín (no es literal) cierta imagen de quien se ama como sellada en el alma, y de ahí que se diga que se le lleva en el corazón. Pero una cosa es llevarla en el corazón y también de la mano, y otra llevarla en el corazón como un peso, porque recuerda la imposibilidad de una posesión completa. Habría que ver en qué contexto dice eso el santo, porque eso de perder la alteridad me suena a un concepto de amor un poco extraño...
Ufff..perdona el soliloquio.

12 febrero, 2008  
Blogger E. G-Máiquez said...

Venía, Julio, a felicitarte por la entrada. De paso felicito a AnaCó por la glosa (no soliloquio).

12 febrero, 2008  
Anonymous de nuevo, dudas said...

Mi duda es: ¿a qué amor se refiere? Según la premisa, así la respuesta.

13 febrero, 2008  
Anonymous sailormoon said...

felicidad o sí.

13 febrero, 2008  
Blogger Juan Antonio, el.profe said...

La felicidad y la desdicha tienen, con frecuencia, el mismo origen, y lo que cambia es la perspectiva de su contemplación. El tiempo, en suma. Me permito la osadía de transcribir una seguidilla propia acerca de esto:
El carmín de tus labios
en mi pañuelo
ahora es sólo una mancha,
antes fue beso.
Pues, con el tiempo,
la alegría se vuelve
triste recuerdo.

13 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Lo explicas muy bien, Anacó. No he podido encontrar el contexto de San Agustín; el de la frase de Arendt es éste: “El movimiento del amor como deseo llega a su término con la posesión del amado o con la conservación (‘tenere’) de su objeto. Sólo en la posesión acaba, en verdad, el aislamiento, y este final es una misma cosa que la felicidad. Pues ‘nadie que no esté disfrutando de lo que ama, es feliz. Incluso los que aman lo que no debieran se piensan felices no porque lo amen sino porque disfrutan’ de lo que desean. La felicidad, que es lo opuesto del aislamiento, requiere en suma más que la mera posesión. La felicidad se alcanza cuando lo amado se torna elemento del propio ser, inherente a él de manera permanente. San Agustín señala esta clausura del amor con el amado recurriendo al vocablo ‘inhaerere’, que se traduce normalmente por ‘aferrarse a’, y que aparece principalmente en la forma ‘inhaerere Deo’, ‘aferrarse a Dios’, como expresión de un estado de existencia en la Tierra que ya no se encuentra dejado de Dios.”

(De todas formas, hay un salto que se me escapa: si “en la posesión acaba el aislamiento, y este final es una misma cosa que la felicidad”, ¿por qué luego se dice que esa felicidad “requiere más que la mera posesión”? No digo que esto no tenga que ser así, pero en la interpretación de Arendt no queda suficientemente explicado.)

13 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Gracias, Enrique. ¡Y ojalá Anacó vuelva a ofrecernos pronto sus estupendos textos de “Ráfaga de letras”!

13 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Dudas, mi duda es si se refiere sólo al amor a Dios. Si se refiere también al amor humano, se abren todas las posibilidades.

13 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Depende, Sailormoon. Felicidad y desdicha pueden alimentarse recíprocamente

13 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Juan Antonio, tu comentario ha llegado mientras escribía estas respuestas. Lo que le digo a Sailormoon lo dices mejor ¡y en verso!

13 febrero, 2008  
Blogger Juan Antonio, el.profe said...

Gracias, julio

13 febrero, 2008  
Anonymous Boscán said...

No he leído a Arendt, pero creo que San Agustín no nos sirve para hablar del amor a los demás. El gozo en la posesión de lo amado a que se refiere no puede entenderse fuera de la búsqueda de Dios. El mismo Agustín advierte de que cualquier otra búsqueda es "concupiscencia", de que hay dos amores (el del siglo y el de Dios) y que lo que diferencia al cristiano del filósofo es que sólo el primero alcanza la verdadera felicidad, la de la posesión, no la mera posesión, sino la posesión tocada por la gracia (creo que ése es el salto lógico que preguntabas, Julio). Para buscar una lectura menos religiosa del amor, que sospecho que es la que atraviesa los comentarios que me preceden y que incita nuestro incitador, habría que deshacer el camino que Agustín emprendió y volver a Platón, habría que rehumanizar el platonismo agustiniano...

13 febrero, 2008  
Anonymous Antonio Azuaga said...

A mí también se me escapa, Julio, sobre todo por la enorme capacidad de amar que supone. Que se torne elemento del propio ser no es, para mí por lo menos, lo mismo que “ser una posesión”. Sólo metafóricamente hablamos de nosotros como algo que se posee a sí mismo. En realidad, yo interpreto, mal probablemente, que el amor que quiere ir más allá, no pretende atesorar un ser, sino que ese ser “sea” su ser; y, si es más alto, viceversa. Entiendo, en conclusión, dos razones distintas: la del deseo, poseer; la del amor, “ser”. Por eso, me supera la extraordinaria decisión de un amor de tanta altura.

13 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Creo, Boscán, que San Agustín conocía muy bien el mecanismo y los efectos del amor humano. Aunque en negativo, se puede encontrar en él esa lectura que sugieres. Y es cierto: en mi pregunta hay (también) una incitación (aunque no sólo eso); una invitación a reflexionar sobre la situación (o la extensión) de lo amado en quien ama. En el amor humano hay un “después” de la posesión, un después que nos posee (si de verdad es amor).

14 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Puede que quien ama así, Antonio, no pretenda que ese ser sea su ser. Hay una paradoja, sólo aparente, en el amor: la ‘voluntad’ de que permanezca lo ‘inevitable’. En la distinción que haces entre deseo y amor, entre poseer y ser, el amor humano (si de verdad es amor) puede encajar perfectamente en la segunda categoría.

14 febrero, 2008  
Blogger AnaCó said...

Julio, perdona que responda con tanto retraso. Pienso que quizá el término posesión a secas es problemático. Si se entiende la unión como forma de posesión, que es además un término más dinámico -y respetuoso- con "el otro", ya sea en el amor humano o el Amor Divino. Al fin y al cabo, el primero es una participación del segundo.

21 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Así es, Anacó. En el término "posesión", lo amado queda inevitablemente en un segundo plano. El problema está en que pensamos siempre el amor humano desde nuestra perspectiva: el otro en nosotros.

25 febrero, 2008  

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